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Ante el interés por superar las limitaciones de la filosofía kantiana surge el idealismo, que parte de una realidad sin límites ni condiciones. Esta realidad suprema no puede ser el sujeto, sino algo superior e inmaterial que actúa como origen de todo. El principal idealista es Hegel, que sostiene que la realidad sólo puede entenderse como una totalidad global, ya que cualquier intento de dividirla en partes resulta insuficiente.
La realidad última no está formada por objetos, sino por una entidad inmaterial y absoluta, el Espíritu, que engloba todo lo que existe. Su filosofía se asemeja a la de Platón en su carácter idealista y en la idea de que el mundo sensible procede de una realidad superior, pero se diferencia en que Hegel concibe el Espíritu como dinámico y en constante desarrollo, no como algo eterno e inmóvil.
Hegel desarrolló una filosofía de la historia, según la cual todos los acontecimientos responden a una lógica que cobra sentido como manifestación del Espíritu. Todo lo ocurrido sigue un plan mediante el cual el Espíritu se despliega a lo largo del tiempo, expresando su racionalidad. Este proceso no es lineal, sino de avances y retrocesos impulsados por contradicciones internas.
A este proceso lo llama dialéctica, una lucha constante entre opuestos: partimos de una tesis, que genera su antítesis, entrando en conflicto hasta dar lugar a una síntesis, que supera y reúne ambas posiciones. Esta síntesis se convierte a su vez en una nueva tesis, reiniciando el proceso.
Los seguidores de Hegel se dividieron en:
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Mantienen el sistema de Hegel y consideran el Estado como culminación del desarrollo histórico del Espíritu.
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Conservan el método dialéctico y sus posibilidades críticas. Destaca Feuerbach, que critica a Hegel y a la religión, afirmando que Dios es una proyección humana de sus propias limitaciones.
Constituye la filosofía que reacciona contra Hegel, aunque forma parte de la izquierda hegeliana. Defiende que el problema del ser humano es la cultura y la alienación. Destacan:
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Es el más notable y radical, distinguiendo el sistema hegeliano del método dialéctico.
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Vinculado a la Revolución Industrial, se opone al Racionalismo hegeliano y propone un saber positivo para fundamentar una nueva organización social. El positivismo lógico o Empirismo lógico del Siglo XX constituye la corriente analítica, cuyo objeto no es la realidad, sino el análisis del lenguaje sobre ella.
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Busca un sentido para la vida, defendiendo que el problema es la creencia en una existencia de sentido universal, siendo este individual e intransferible.
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Busca romper con toda la tradición intelectual que se ha opuesto a los valores vitales.
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El descrédito de la especulación filosófica genera actitudes escépticas y relativistas.
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Investiga la vida y la historia.
La filosofía contemporánea destaca por la disparidad de enfoques debido a la crisis de los sistemas políticos y al avance científico.
Para Marx, la alienación es la ruptura del ser humano con la naturaleza y con su propia especie. Parte de un concepto de hombre definido por sus relaciones con la naturaleza y con otros, pero el sistema capitalista transforma estas relaciones: se rompe con la naturaleza al producir más de lo necesario y con la especie al generar desigualdades sociales.
La ideología es una forma de conciencia deformada, producto de la mente humana:
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el ser humano crea instrumentos de producción bajo el dominio de la naturaleza, estableciendo con ella una relación casi religiosa.
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las ideologías distorsionan la realidad.
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se basan en la división del trabajo y la propiedad privada.
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desaparecerían en una sociedad sin clases.
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rechaza el idealismo; no es la idea la que crea la realidad, sino la materia la que genera las ideas.
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critica que proponga repartir la propiedad en lugar de eliminarla.
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rechaza su mecanicismo, pasividad y cosificación.
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critica que justifique nuevas formas de opresión.
Marx explica que la diferencia entre el valor real del producto (trabajo necesario) y su valor de mercado se rige por la oferta y la demanda. El capitalista compra la fuerza de trabajo del obrero y obtiene plusvalía, entendida como el salario no pagado.
Analiza las relaciones humanas con la naturaleza y entre sí, que originan ideologías y el Estado. La infraestructura (producción y consumo) determina la superestructura (leyes y Estado). La historia se explica desde el orden social, basado en la producción.
Factores de la producción:
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transformación de objetos en productos útiles.
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trabajo y medios de producción.
Para llegar a una sociedad sin clases se requiere un proceso revolucionario:
dictadura del proletariado.
desarrollo productivo y eliminación de clases.
desaparición de la propiedad privada, las clases sociales y el Estado.
Cultiva el vitalismo, exaltando lo vital y afectivo frente al Racionalismo hegeliano. Para Nietzsche, la vida es biológica y biográfica, abarcando impulso y vivencia. Su filosofía es la “filosofía del martillo”, ya que somete a crítica toda la cultura.
Interpreta la filosofía griega mediante dos principios:
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Orden y racionalidad.
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Impulso, exceso y vitalidad.
Critica a Platón por sobrevalorar los conceptos, creando un mundo falso que niega lo vital. Los conceptos surgen al transformar sensaciones en imágenes (metáforas) y luego fijarlas como ideas, por lo que el lenguaje tiene un valor metafórico y relativo.
Platón y Aristóteles reprimieron lo dionisíaco en favor de lo apolíneo. Nietzsche defiende recuperar lo dionisíaco mediante el lenguaje como expresión de la voluntad de poder, negando la Idea de Bien platónica y el Dios cristiano para que cada individuo exprese su verdad.
Considera que la filosofía clásica erra al defender la inmutabilidad del ser (Parménides) y la Idea de Bien (Platón), oponiéndose a la vida.
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Critica la metafísica (mundo perfecto e inmutable), la lógica (oposición rígida verdad/error) y el mecanicismo/positivismo.
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Surge del miedo humano y fomenta la alienación y valores de sumisión.
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Con el Nihilismo (“Dios ha muerto”), los valores tradicionales pierden sentido. La moral es esclava, creada por los débiles; propone crear nuevos valores que conduzcan al superhombre.
Critica su carácter antinatural y el altruismo como signo de decadencia.
Responsabiliza a Sócrates de imponer la primacía de la razón (apolíneo) sobre la vida. Critica a Platón por negar la realidad vital y al cristianismo como “moral del verdugo”. Rechaza a Parménides (ser inmóvil) y se acerca a Heráclito (devenir) y a Hegel en la idea de cambio constante.
Sostiene que, al agotarse todas las combinaciones posibles, el tiempo continúa indefinidamente y todo vuelve a repetirse eternamente. Quien sea capaz de transformar el mundo y a sí mismo mediante nuevos valores será el superhombre.
Se opone a la ética kantiana y cristiana, considerando la compasión como un mal. Distingue:
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Propia de individuos fuertes, afirma los impulsos vitales.
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Propia de los débiles, basada en la compasión y la humildad.
La cultura europea está en decadencia y debe liberarse de valores falsos mediante el Nihilismo (pérdida de fe en el mundo verdadero):
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Decadencia y pérdida de voluntad de poder;
Vida entendida como irreal.
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Destruye los valores tradicionales y crea otros nuevos propios del superhombre.
El punto de partida es la muerte de Dios, crítica a religión, moral y metafísica. Surge del antropocentrismo, el Racionalismo y el positivismo. Zaratustra simboliza esta nueva etapa.
El hombre debe superarse o caer en la animalidad. Tres ideales:
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Equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco.
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Conocimiento que afirma la vida.
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Crea nuevos valores y es independiente de la masa.
Proceso de superación:
Soporta la moral tradicional.
Se rebela contra ella.
Crea nuevos valores con inocencia.
Es la fuerza vital que impulsa a dominar, crear y superarse. No busca la felicidad, sino el poder, del cual la felicidad es consecuencia. Es el motor del cambio y la interpretación de la realidad.
“Amor al destino”: actitud del superhombre que acepta y ama su vida tal como es, dispuesto a repetirla eternamente, en línea con la visión estoica.
La dialéctica es un método filosófico que explica el cambio mediante la contradicción, pero su interpretación es diferente en Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Karl Marx.
Para Hegel, la dialéctica es idealista, ya que la realidad última es el Espíritu. El proceso dialéctico ocurre en el ámbito de las ideas y consiste en el desarrollo del Espíritu a través de tres fases: tesis, antítesis y síntesis. Este proceso es racional y responde a un plan en el que el Espíritu se despliega a lo largo de la historia.
En cambio, Marx adopta la dialéctica pero la transforma en materialista. Para él, no son las ideas las que mueven la historia, sino las condiciones materiales de vida. La dialéctica se manifiesta en los conflictos sociales, especialmente en la lucha de clases. Así, el motor de la historia no es el Espíritu, sino la economía y las relaciones de producción.
En conclusión, mientras Hegel sitúa la dialéctica en el plano de las ideas (idealismo), Marx la traslada al plano material (materialismo), convirtiéndola en una herramienta para analizar la realidad social y económica.
La filosofía de Friedrich Nietzsche supone una ruptura radical con la tradición iniciada por Platón y Sócrates.
La filosofía tradicional defiende la existencia de una verdad universal, racional y objetiva. Platón, por ejemplo, afirma la existencia de un mundo de Ideas perfecto e inmutable, superior al mundo sensible. Sócrates, por su parte, prioriza la razón como guía de la vida moral.
Nietzsche critica esta visión porque considera que niega la vida. Afirma que la tradición filosófica ha impuesto valores contrarios a los instintos vitales, dando prioridad a la razón sobre la vida. Para él, no existen verdades absolutas, sino interpretaciones.
Además, Nietzsche rechaza la metafísica, la religión y la moral tradicionales, a las que acusa de fomentar una moral de esclavos basada en la sumisión. Frente a esto, propone una afirmación de la vida, la voluntad de poder y la creación de nuevos valores representados en el superhombre.
En conclusión, mientras la filosofía tradicional busca la verdad universal y racional, Nietzsche defiende una visión vitalista, crítica y basada en la interpretación y la afirmación de la vida.
Tanto Karl Marx como Friedrich Nietzsche realizan una crítica profunda a la sociedad, aunque desde perspectivas distintas.
Marx centra su crítica en el sistema económico capitalista. Denuncia la explotación del trabajador mediante la plusvalía y la alienación. Considera que la sociedad está dividida en clases sociales enfrentadas, y propone una transformación revolucionaria hacia una sociedad sin clases.
Nietzsche, en cambio, critica la sociedad desde un punto de vista moral y cultural. Rechaza los valores tradicionales (religión, moral cristiana) por considerarlos propios de una moral de esclavos que reprime la vida. Su objetivo no es la igualdad social, sino la superación del hombre mediante la creación de nuevos valores.
En resumen:
Marx → crítica económica y social (lucha de clases)
Nietzsche → crítica moral y cultural (valores tradicionales)
Tras la muerte de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, sus seguidores se dividieron en dos corrientes: la derecha hegeliana y la izquierda hegeliana, que interpretaron su filosofía de manera diferente.
La derecha hegeliana mantiene el sistema filosófico de Hegel en su totalidad. Defiende una interpretación conservadora, según la cual la realidad existente, especialmente el Estado, representa la culminación del desarrollo del Espíritu. Por tanto, justifican el orden establecido y consideran que la historia ha alcanzado su plenitud en las instituciones existentes.
En cambio, la izquierda hegeliana conserva el método dialéctico, pero adopta una postura crítica. Considera que la realidad no está plenamente realizada y que la dialéctica debe utilizarse como herramienta de cambio. Por ello, cuestionan las instituciones existentes, especialmente la religión y el Estado.
Dentro de la izquierda hegeliana destaca Ludwig Feuerbach, quien critica la religión afirmando que Dios es una proyección de las cualidades humanas.
En conclusión, mientras la derecha hegeliana es conservadora y justifica el orden existente, la izquierda hegeliana es crítica y transformadora, utilizando la dialéctica como instrumento de cambio.
La filosofía de Nietzsche surge como un rechazo al idealismo de Hegel, al que considera un Racionalismo excesivo que ignora la realidad humana.
Para Hegel, la realidad es racional y se despliega como Espíritu. En cambio, para Nietzsche, la realidad radical es la vida, entendida en un sentido biológico (instinto e impulso) y biográfico (la existencia vivida).
Mientras Hegel busca la sistematización de las ideas, Nietzsche se presenta como un «negador que afirma», destruyendo la cultura occidental racionalista para recuperar el valor de lo vital.
En resumen:
• Hegel → Racionalismo e idealismo (el Espíritu es la realidad).
• Nietzsche → Vitalismo (la vida y el instinto son la realidad radical).
Nietzsche explica la cultura y la tragedia griega a través de la tensión entre dos fuerzas o impulsos fundamentales: lo apolíneo y lo dionisíaco.
Apolo representa la serenidad, la claridad, la medida y el Racionalismo. Es el principio de individuación y la imagen clásica de Grecia. Por el contrario, Dionisos representa el impulso, el caos, la multiplicidad, la pasión y el erotismo. Dionisos es la afirmación de la vida incluso en medio del dolor.
Nietzsche critica que la filosofía posterior (desde Sócrates) reprimíó lo dionisíaco en favor de lo apolíneo.
• Apolo → Orden, razón y medida.
• Dionisos → Caos, instinto y pasión vital.
Nietzsche realiza una crítica a la ética tradicional dividíéndola en dos tipos de moral opuestas.
La moral de señores es propia de individualidades poderosas y vigorosas que afirman sus impulsos vitales. Es una ética de la fuerza y la exigencia. La moral de esclavos, en cambio, es propia de los débiles y está basada en el resentimiento contra la vida. Esta moral valora la humildad, la compasión y el igualitarismo, que Nietzsche considera formas de decadencia.
En resumen:
• Señores → Afirmación vital, fuerza y poder.
• Esclavos → Resentimiento, humildad y debilidad (decadencia).
Ante el colapso de los valores occidentales («Dios ha muerto»), el ser humano se enfrenta al abismo del Nihilismo, que puede tomar dos caminos.
El Nihilismo pasivo es una expresión de debilidad y decadencia; ante la falta de respuestas al «para qué», el hombre huye de la realidad y pierde su voluntad de poder. Por otro lado, el Nihilismo activo es un poder creciente de la vida. Es una fuerza destructora necesaria que aniquila los valores falsos e irreales para despejar el camino a una nueva creación de valores.
• Nihilismo Pasivo → Debilidad, pérdida de voluntad y huida de la realidad.
• Nihilismo Activo → Fuerza destructora para crear nuevos valores vitales.
