Portada » Lengua y literatura » Movimientos literarios españoles (siglos XIX–XX): realismo, naturalismo, modernismo y novecentismo
El realismo y el naturalismo surgen en la segunda mitad del siglo XIX, en un contexto de cambios económicos y sociales provocados por la Segunda Revolución Industrial y la consolidación del capitalismo. Frente al idealismo romántico, estos movimientos adoptan una visión objetiva de la realidad, influida por el progreso científico y la observación empírica, con una clara intención crítica. En España se desarrollan durante la Restauración, una etapa de estabilidad política aparente que ocultaba profundas tensiones sociales.
El realismo, consolidado hacia 1870, se centra en la representación crítica de la vida cotidiana, tanto en el mundo rural como urbano, prestando especial atención a la burguesía y a las clases populares. Busca la objetividad mediante la descripción de ambientes y costumbres (realismo social) y el análisis psicológico de los personajes. El género fundamental es la novela, con narrador omnisciente y estructura lineal.
En Europa destacan autores como Honoré de Balzac, Gustave Flaubert y Stendhal, Charles Dickens y las hermanas Brontë, y los rusos Tolstói y Dostoievski.
En España, el realismo viene precedido por el prerrealismo, que combina restos del romanticismo con el costumbrismo. Obras como La Gaviota (Cecilia Böhl de Faber) o El sombrero de tres picos (Pedro Antonio de Alarcón) reflejan la vida tradicional y critican la corrupción moral. Destacan también la novela regionalista de José María de Pereda y la novela psicológica de Juan Valera, centrada en los conflictos individuales.
La figura central del realismo español es Benito Pérez Galdós, cuya obra se organiza en Episodios Nacionales, novelas de tesis, novelas contemporáneas de ambiente madrileño y novelas espirituales y simbólicas, en las que introduce técnicas innovadoras y defiende la bondad humana como motor del cambio social.
Junto a él destaca Leopoldo Alas «Clarín», autor de La Regenta, una novela de intensa crítica social y profundo análisis psicológico que narra la frustración vital de Ana Ozores en un entorno dominado por la hipocresía.
El naturalismo se inicia en España con Emilia Pardo Bazán y su ensayo La cuestión palpitante (1883). Inspirado en Émile Zola, aplica el método científico a la novela y muestra los aspectos más duros de la realidad. Aunque no se impone plenamente, deja obras clave como Los pazos de Ulloa y La tribuna. También destaca Vicente Blasco Ibáñez, con novelas centradas en las clases populares.
En poesía perviven voces románticas como Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, mientras que en el teatro dominan la alta comedia, el drama neorromántico y el drama social, con autores como José Echegaray, Dicenta y el propio Galdós.
El novecentismo y la Generación del 14 emergen al inicio del siglo XX en España, en un momento marcado por el desastre del 98, la pérdida de las colonias y una profunda crisis política y económica. Durante el reinado de Alfonso XIII (1902–1931), en el contexto de la dictadura de Primo de Rivera y de la convulsión europea tras la Primera Guerra Mundial, surge un grupo de intelectuales que pretende modernizar el país desde una actitud racional y reformista. La Segunda República y la Guerra Civil condicionarán posteriormente la evolución literaria.
La Generación del 14, o novecentismo, está formada por autores nacidos en torno a 1880 que se distancian del 98 y del modernismo. Influenciados por Ortega y Gasset, defienden un reformismo burgués, liberal y europeísta. Son intelectuales con sólida formación universitaria que buscan analizar los problemas de España de manera objetiva. Su literatura es culta y minoritaria, caracterizada por el equilibrio, el elitismo y la búsqueda de un arte puro, con un lenguaje preciso y poco sentimental.
El ensayo es el género más representativo. Destaca José Ortega y Gasset, que en Meditaciones del Quijote formula la razón vital; en La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela defiende un arte intelectual y alejado de la emoción; y en La rebelión de las masas y España invertebrada critica la falta de cohesión y liderazgo social. En Estudios sobre el amor analiza este sentimiento desde una perspectiva cultural y psicológica. Junto a él destacan Manuel Azaña, Salvador de Madariaga, Gregorio Marañón y Eugenio d’Ors.
La novela novecentista presenta un enfoque intelectual, introspectivo y simbólico. Gabriel Miró escribió Las cerezas del cementerio, Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso. Ramón Pérez de Ayala es autor de Tigre Juan, sobre el conflicto entre individuo y sociedad, y Belarmino y Apolonio, que contrapone dos actitudes vitales.
Juan Ramón Jiménez es el principal renovador de la poesía moderna. Su obra se divide en tres etapas:
La literatura de fin de siglo surge en un contexto de profunda crisis europea. El progreso científico y técnico había impuesto una visión positivista y materialista del mundo que olvidaba la dimensión espiritual del ser humano, mientras la industrialización enriquecía a la burguesía y empobrecía al proletariado. Pensadores como Nietzsche y Bergson reaccionaron defendiendo la voluntad individual, la intuición y la creatividad. En España, esta crisis se agravó con la pérdida de las últimas colonias en 1898 (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), lo que provocó un fuerte impacto social y un debate sobre el futuro del país, y desembocó en una creciente tensión política hasta la Guerra Civil.
El modernismo se desarrolla entre 1885 y 1915 como una reacción rebelde frente a la sociedad burguesa. Se inspira en el parnasianismo, que busca la belleza formal mediante un lenguaje culto y musical, y en el simbolismo, que concibe la realidad como algo misterioso que el poeta debe revelar. Sus temas reflejan el hastío, la melancolía y la búsqueda de evasión a través del exotismo, el cosmopolitismo o el retorno a las raíces. Su máximo representante es Rubén Darío, autor de Azul…, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza. En España destacan Manuel Machado y un primer Juan Ramón Jiménez, con obras como Soledades o Platero y yo.
La Generación del 98 surge tras el desastre colonial y defiende una regeneración moral y cultural de España basada en el compromiso cívico. Trata temas políticos (el problema de España, Castilla) y existenciales (el sentido de la vida, el tiempo, Dios), con un estilo sencillo y preciso. Predominan el ensayo y la novela abierta.
Destacan Miguel de Unamuno, con ensayos como Del sentimiento trágico de la vida y novelas como Niebla o San Manuel Bueno, mártir; Pío Baroja, autor de El árbol de la ciencia; Azorín, con La voluntad; Ramiro de Maeztu, con Hacia otra España; y Antonio Machado, que evoluciona desde el intimismo de Soledades al compromiso de Campos de Castilla.
El teatro anterior a 1936 se divide en teatro comercial y teatro innovador. El primero incluye la comedia burguesa de Jacinto Benavente, el teatro poético de autores como Marquina y el teatro cómico de Carlos Arniches o Pedro Muñoz Seca, creador del astracán (La venganza de don Mendo). El teatro innovador reúne a autores del 98 y de las vanguardias, destacando Ramón María del Valle-Inclán, creador del esperpento, que deforma la realidad para mostrar su carácter grotesco en Luces de bohemia.
Finalmente, el teatro de la generación del 27 combina lirismo, vanguardia y compromiso social. Destacan Pablo Neruda, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Salinas, Miguel Hernández, Alejandro Casona y Max Aub, que buscan acercar el teatro al pueblo y reflejar los conflictos del individuo y de la sociedad.
La Tribuna, publicada en 1883, es una novela fundamental de Emilia Pardo Bazán y está considerada la primera novela naturalista española. Se sitúa en el contexto de la Restauración borbónica, tras el inestable Sexenio Democrático, en un momento de fuertes cambios políticos y sociales en España.
La obra se encuadra dentro del naturalismo, corriente introducida en España por la propia autora con La cuestión palpitante. La historia narra la vida de Amparo, obrera de una fábrica de tabaco en la ciudad ficticia de Marineda, que se convierte en líder de las cigarreras. Mantiene una relación con Baltasar, joven burgués que la abandona tras dejarla embarazada, hecho que coincide simbólicamente con la proclamación de la Primera República.
A través de descripciones detalladas del mundo obrero y, especialmente, del trabajo femenino, Pardo Bazán realiza una crítica social centrada en la explotación laboral, la hipocresía de las clases altas y la desigualdad de género, reivindicando la independencia económica de la mujer.
La narración corre a cargo de un narrador omnisciente en tercera persona, con una visión crítica. Destaca el uso de un lenguaje preciso y variado, adaptado al nivel social de los personajes, y el empleo frecuente de recursos estilísticos. En conjunto, la novela es una denuncia realista de la sociedad de la Restauración y una obra clave por su enfoque social y feminista.
Presentamos a continuación definiciones y tipos básicos de relaciones semánticas entre palabras, con ejemplos y aclaraciones.
Sinonimia: relación que establecen dos palabras con significantes diferentes y significados iguales o parecidos. Tipos y notas:
Antonimia: relación de oposición de significados entre dos palabras. Tipos principales:
Polisemia: pluralidad de significados asociados a un mismo significante. Al significado original de un término se le van incorporando nuevas acepciones a partir de mecanismos y factores de cambio semántico. Ej.: ratón — animal; y ratón — periférico de PC, por semejanza física, mantiene el significado previo como base.
Monosemia: relación en la que a un significante le corresponde un solo significado. Ej.: lapicero. Las formas más puras son los tecnicismos, que se usan para evitar ambigüedades.
Homonimia: coincidencia de significantes de palabras diferentes. No se trata de significados distintos de una misma palabra, sino de palabras distintas que, por evolución etimológica, han convergido en el mismo significante. Ej.: haya (del verbo haber) y haya (árbol).
Se distinguen dos casos:
Hiperonimia e hiponimia: son las relaciones jerárquicas que se establecen entre palabras. Un hiperónimo abarca en su significado a un conjunto de términos; los términos incluidos en él se denominan hipónimos. Ej.: «deporte» es hiperónimo de «judo», «tenis», «natación»…
