Portada » Filosofía » Historia del Pensamiento Europeo: De la Edad Media a la Modernidad
La filosofía medieval se desarrolla entre el siglo V y el siglo XV, marcando un periodo donde la fe y la razón coexistieron y, a menudo, se confrontaron. Este periodo está caracterizado por la influencia del cristianismo, así como del pensamiento islámico y judío. Los padres de la Iglesia, como Agustín de Hipona (354-430), integraron el pensamiento platónico con la doctrina cristiana, enfatizando la relación entre la fe y la razón. Tomás de Aquino (1225-1274) sintetizó la filosofía aristotélica con la teología cristiana, proponiendo que la razón puede llevar al conocimiento de Dios. La filosofía medieval también se vio marcada por el surgimiento de las universidades, donde el estudio de la lógica, la ética y la metafísica se sistematizó, fomentando el debate entre diferentes corrientes de pensamiento. A medida que avanzaba este periodo, la tensión entre la filosofía y la teología llevó a nuevos enfoques, anticipando el Renacimiento y el cuestionamiento de la autoridad establecida.
La filosofía moderna surge entre los siglos XVII y XVIII, marcando una ruptura con la tradición medieval y dando prioridad a la razón y la experiencia como fuentes del conocimiento. El racionalismo, encabezado por René Descartes (1596-1650), defendió que el conocimiento verdadero se basa en la razón y principios innatos, proponiendo el famoso «pienso, luego existo» como fundamento del pensamiento filosófico. En contraste, el empirismo, representado por David Hume (1711-1776), sostuvo que el conocimiento proviene exclusivamente de la experiencia y la percepción sensorial, cuestionando la causalidad y la existencia de verdades necesarias. Immanuel Kant (1724-1804) intentó superar esta dicotomía con su criticismo, argumentando que el conocimiento surge de la interacción entre la sensibilidad y el entendimiento, distinguiendo entre el fenómeno y el noúmeno. Su pensamiento abrió el camino a la filosofía contemporánea.
René Descartes es uno de los filósofos más importantes de la filosofía moderna y es considerado el padre del racionalismo. Vivió en una época en la que los conocimientos tradicionales, basados en la autoridad y la religión, estaban siendo cuestionados. Por eso, Descartes busca un nuevo fundamento seguro para el conocimiento. Defiende que la razón humana, bien utilizada, puede alcanzar verdades firmes y universales. Para lograrlo, propone empezar dudando de todo aquello que no sea completamente seguro, con el fin de encontrar una primera verdad indudable.
Para Descartes, la razón es la capacidad que tienen todos los seres humanos para pensar y conocer la verdad, y está repartida por igual entre todas las personas. El problema no es la falta de razón, sino el mal uso que hacemos de ella. Por eso insiste en la necesidad de un método que guíe correctamente el pensamiento. Si la razón sigue unas reglas claras, puede llegar a conocimientos seguros, igual que ocurre en las matemáticas.
El Discurso del método es la obra en la que Descartes explica cómo debe utilizarse la razón para alcanzar la verdad. En ella propone un método válido para todas las ciencias, no solo para la filosofía. Defiende que el conocimiento verdadero se obtiene siguiendo un camino ordenado: empezar por lo más simple y evidente, y avanzar poco a poco hacia lo más complejo. El objetivo del método es evitar el error y alcanzar certezas claras.
El método cartesiano se basa en cuatro reglas fundamentales:
Según Descartes, las ideas son los contenidos del pensamiento, es decir, todo lo que aparece en nuestra mente cuando pensamos. Estas ideas pueden ser de tres tipos:
Para encontrar una verdad absolutamente segura, Descartes aplica la duda metódica. Decide dudar de todo lo que pueda ser falso, incluso de aquello que parece evidente. Duda de los sentidos porque a veces engañan, del mundo exterior porque podría ser un sueño, y de las matemáticas porque imagina la posibilidad de un genio maligno que le engañe. Esta duda no pretende negar la realidad, sino eliminar todo lo dudoso para quedarse solo con lo que sea totalmente cierto.
A través de la duda, Descartes descubre que hay algo de lo que no puede dudar: el hecho de que está dudando y pensando. Dudar es una forma de pensar, y pensar implica existir. De este modo llega a la primera verdad indudable: «pienso, luego existo» (cogito, ergo sum). Esta verdad es clara y distinta, y se convierte en el criterio para reconocer otras verdades. Todo lo que se presente con la misma claridad y distinción podrá ser considerado verdadero.
Descartes explica la realidad a través de la idea de sustancia, que es aquello que existe por sí mismo. Distingue tres sustancias:
Dios garantiza que nuestras ideas claras y distintas sean verdaderas y que el conocimiento humano sea posible.
Immanuel Kant (1724-1804) es el gran filósofo de la Ilustración y busca resolver el conflicto entre racionalismo y empirismo. Resume la tarea de la filosofía en cuatro preguntas fundamentales:
Sus respuestas aparecen en sus tres Críticas: Crítica de la razón pura (1781), Crítica de la razón práctica (1788) y Crítica del juicio (1790). Su objetivo es determinar las posibilidades y límites de la razón.
Kant pretende explicar por qué la ciencia progresa con seguridad mientras la metafísica no. Para ello somete la razón a examen crítico, investigando sus capacidades y límites. Distingue entre uso teórico de la razón (conocer) y uso práctico (actuar). La Crítica de la razón pura analiza si la metafísica puede ser ciencia o si la razón humana tiene límites que lo impiden.
La ciencia es un sistema de juicios, y Kant distingue entre analíticos y sintéticos, y entre a priori y a posteriori. Los juicios científicos deben ampliar el conocimiento y ser universales y necesarios. Por eso introduce los juicios sintéticos a priori, que no proceden de la experiencia pero sí amplían el conocimiento. Estos hacen posible la matemática y la física.
Kant investiga las condiciones a priori que hacen posible el conocimiento. En lugar de preguntar cómo se adaptan nuestras ideas al objeto, analiza cómo el objeto se ajusta a las condiciones del sujeto que conoce. A esto lo llama giro copernicano. Lo trascendental es el estudio de las condiciones universales del conocer.
Estudia la sensibilidad, facultad que recibe los datos de la experiencia. Todo fenómeno tiene materia (sensación) y forma a priori aportada por el sujeto. Estas formas son el espacio y el tiempo, intuiciones puras que organizan la experiencia. Gracias a ellas son posibles los juicios sintéticos a priori de las matemáticas.
El entendimiento es la facultad que conoce mediante conceptos y juicios. Organiza la experiencia usando conceptos puros o categorías, que son a priori. Estas permiten unificar los fenómenos y hacer posible el conocimiento científico de la naturaleza. Las categorías solo valen para la experiencia: «la intuición sin concepto es ciega y el concepto sin intuición es vacío».
Aquí Kant analiza la razón cuando intenta ir más allá de la experiencia. Distingue entre fenómeno (lo que podemos conocer) y noúmeno (la cosa en sí, incognoscible). La razón busca lo incondicionado y produce ideas trascendentales: alma, mundo y Dios. La metafísica no puede ser ciencia porque estos objetos no son accesibles a la experiencia.
La razón genera naturalmente las ideas de alma, mundo y Dios para unificar el conocimiento, pero al intentar conocerlas produce errores: paralogismos sobre el alma, antinomias sobre el mundo y falsas pruebas sobre Dios. Estas ideas no tienen uso constitutivo (no dan conocimiento), pero sí regulativo, pues orientan el pensamiento y la reflexión.
Kant afirma que la moralidad es un hecho: los seres humanos actúan según normas y se consideran libres. Distingue entre voluntad empírica (inclinaciones) y voluntad pura (razón). La libertad es la condición de la moralidad. La razón práctica establece leyes universales para la acción.
Las éticas tradicionales son empíricas, dependen de fines como la felicidad y dan normas condicionadas. Sus imperativos son hipotéticos y heterónomos, porque dependen de factores externos o de la experiencia. Por eso no pueden ser universales ni necesarios. Para Kant, la moral debe fundarse en la razón pura.
La moral kantiana es formal y a priori: no depende de fines, sino de la forma universal de la ley. Una acción es moral si se realiza por deber. La ley moral se expresa en el imperativo categórico: actuar según máximas que puedan valer como ley universal y tratar a toda persona como fin en sí misma.
Aunque no pueden conocerse teóricamente, ciertas ideas deben pensarse para la moral. Kant establece tres postulados: libertad, inmortalidad del alma y existencia de Dios. La libertad hace posible la responsabilidad moral. La inmortalidad permite el progreso moral infinito. Dios garantiza la armonía entre virtud y felicidad.
David Hume (1711-1776) es uno de los principales representantes del empirismo. Su filosofía parte de que todo conocimiento procede de la experiencia. Su proyecto consiste en analizar cómo funciona realmente la mente humana y fijar los límites del conocimiento. Quiere aplicar el método experimental al estudio del ser humano.
Hume distingue entre impresiones e ideas. Las impresiones son los datos inmediatos de la experiencia, más vivos e intensos; las ideas son copias debilitadas de esas impresiones que quedan en la memoria. La imaginación combina las ideas mediante principios de asociación como semejanza, contigüidad espacio-temporal y causa-efecto. Todo pensamiento deriva en última instancia de la experiencia.
Hume distingue dos formas de conocimiento: relaciones entre ideas, cuya verdad depende solo del entendimiento (como las matemáticas), y conocimiento de hechos, cuya verdad depende de la experiencia. Para saber si una idea es válida, aplica el principio de la copia: toda idea debe proceder de una impresión. Si no puede señalarse su origen empírico, carece de significado.
Hume analiza la relación causa-efecto y afirma que solo percibimos la sucesión de fenómenos, no una conexión necesaria entre ellos. La idea de causalidad surge del hábito o costumbre de ver que ciertos hechos se repiten juntos. No podemos demostrar racionalmente que el futuro será igual que el pasado. La causalidad es una creencia útil basada en la experiencia, no una verdad necesaria.
Hume critica las tres sustancias del racionalismo. Niega que pueda demostrarse la existencia de Dios porque se basa en una causalidad que no procede de la experiencia. Tampoco puede afirmarse una sustancia material permanente, ya que nunca tenemos impresión de ese sustrato. El yo o alma tampoco es una sustancia estable, sino un conjunto cambiante de percepciones unidas por la memoria.
Hume sostiene que la moral no se funda en la razón, sino en el sentimiento. Los juicios de hecho («es») y los juicios de valor («debe») pertenecen a ámbitos distintos, y confundirlos produce la falacia naturalista. Consideramos virtuoso lo que provoca aprobación o agrado en quien observa la acción, y vicioso lo contrario. La moral se basa en la sensibilidad humana, no en principios racionales.
