Portada » Filosofía » Fundamentos de la Metafísica: Historia y Evolución del Pensamiento Filosófico
La metafísica es la rama de la filosofía que estudia la realidad en su sentido más profundo. Una de las primeras cuestiones metafísicas fue determinar si la realidad es única o múltiple.
Los filósofos monistas defendían que todo procede de un único principio fundamental, llamado arjé. Entre ellos destacan los presocráticos:
En contraste, los pluralistas defendían que la realidad está compuesta por múltiples principios:
Otra cuestión fundamental es si la realidad última es material o espiritual.
Una de las discusiones más influyentes en la metafísica es la que enfrenta una realidad estática con una realidad dinámica.
En la Edad Moderna, Hegel propuso que la realidad evoluciona dialécticamente mediante la contradicción entre tesis y antítesis, que se superan en una síntesis. Marx aplicó esta dialéctica al ámbito material, afirmando que la historia avanza por conflictos entre clases sociales.
La reflexión metafísica también abordó la cuestión de Dios. Desde una perspectiva filosófica, se desarrollaron posturas como:
Además, surgieron intentos racionales de demostrar la existencia de Dios: argumentos a priori, basados en la idea de ser perfecto, como los de Anselmo y Descartes; y argumentos a posteriori, basados en la observación del mundo, como los cosmológicos y teleológicos.
Otro tema esencial es la libertad humana. Algunos filósofos defendieron el determinismo, afirmando que todas nuestras acciones están causadas por factores previos. Spinoza consideraba que la libertad es una ilusión y Skinner defendía que el comportamiento humano puede ser moldeado por recompensas y castigos. Ante esto surge la duda de si la libertad podría ser fruto del azar, pero si nuestras decisiones fueran aleatorias tampoco serían libres.
El existencialismo, especialmente a través de Sartre, defendió que el ser humano es radicalmente libre, ya que no posee una esencia previa: la existencia precede a la esencia, y cada persona se define por sus elecciones.
En la tradición metafísica occidental, Aristóteles centró su reflexión en el ser, afirmando que la filosofía se diferencia de otras ciencias porque estudia la realidad en general. El ser puede decirse de muchas maneras, lo que dio lugar a la ontología, estudio de aquello que existe.
En relación con esto surge la cuestión de la esencia, entendida como aquello que define a un ser. Para los esencialistas, como Platón, la esencia es independiente de la existencia; para los existencialistas, como Sartre, la existencia viene primero y la esencia se construye.
Las concepciones metafísicas de Platón y Aristóteles marcaron profundamente la historia de la filosofía. Platón defendía la existencia de un mundo inteligible compuesto por Ideas perfectas e independientes, mientras que el mundo sensible es solo una copia imperfecta. El conocimiento verdadero consiste en recordar esas Ideas.
Aristóteles, en cambio, desarrolló una metafísica realista: las esencias no están fuera de las cosas, sino en ellas. Distinguió entre sustancia, que existe por sí misma, y accidentes, propiedades que dependen de la sustancia. Explicó la realidad mediante sus cuatro causas (material, formal, eficiente y final) y concibió la naturaleza de forma teleológica, afirmando que todo tiende a un fin.
En la Edad Moderna, Descartes inició un giro decisivo mediante la duda metódica. Tras ponerlo todo en duda, encontró una primera verdad indudable: “pienso, luego existo”. Distinguió tres sustancias: la sustancia pensante, la sustancia extensa (la materia) y Dios. Otros racionalistas ofrecieron visiones distintas: Leibniz, con sus mónadas infinitas, y Spinoza, que defendió que solo existe una sustancia infinita, identificada con Dios o la naturaleza.
Finalmente, en la modernidad y la filosofía contemporánea, la crisis de la metafísica se hizo evidente:
