Portada » Lengua y literatura » La Estética del Esperpento: Evolución y Claves de Ramón María del Valle-Inclán
Ramón María del Valle-Inclán es uno de los autores más controvertidos, rigurosos y extravagantes que ha dado nuestra literatura. Valle inicia los estudios de Derecho, pero no los termina. Es famoso por su vida bohemia y por su apariencia estrafalaria. Ideológicamente, evolucionó desde una postura tradicionalista (carlismo) a posturas mucho más críticas y comprometidas con su tiempo, tal como se aprecia en su primer esperpento.
Su obra recorre con acierto poesía, novela y, sobre todo, teatro, género en el que alcanza sus mayores logros. Es en sus piezas teatrales donde hallamos a un escritor vanguardista que se caracteriza por su afán de renovar la dramaturgia española, tanto en su concepción de lo escénico como en la incorporación de elementos narrativos.
La trayectoria literaria de Valle-Inclán se divide en cuatro grandes etapas:
Valle inició su trayectoria literaria en el Modernismo. De hecho, sus cuatro Sonatas (1902-1905), en las que se recogen las memorias del marqués de Bradomín, están consideradas como la mejor manifestación de la prosa modernista. Estructuradas como una composición musical en cuatro tiempos, en ellas conviven la elegancia más exquisita y la provocación más amoral. A esta etapa también pertenecen sus primeras producciones teatrales: Tragedia de ensueño y El yermo de las almas.
Esta segunda etapa comienza con las Comedias bárbaras, obras míticas donde aparecen extraños personajes tiránicos, violentos o tarados. Se trata de un «canto» a un mundo en descomposición. Esta trilogía, formada por Águila de blasón, Romance de Lobos y Cara de plata, es difícilmente representable debido a su gran longitud, a los rapidísimos cambios de escenario y a las extensas acotaciones escénicas.
Durante su tercera etapa, Valle escribe obras teatrales, en su mayor parte en verso. Sin embargo, son totalmente diferentes del teatro poético modernista de la época. Se trata de experimentos dramáticos donde el autor crea un mundo artificioso, muy literario y estilizado. La marquesa Rosalinda o La cabeza del dragón son algunas de las piezas que compuso durante estos años.
En esta etapa sobresalen Luces de bohemia (1920) y la trilogía Martes de carnaval, integrada por Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927).
Valle acuña el término esperpento para referirse a unas obras creadas con una estética personal y renovadora. Mediante esta técnica, el autor muestra con óptica deformante la realidad para censurar y parodiar la decadente situación nacional. Su intención es llegar a una “superación del dolor y de la risa” y mostrar lo absurdo, el “sentido trágico” y su disconformidad con la vida española de su tiempo.
La base del esperpento se fundamenta en la distorsión de la realidad y en la parodia de los modelos clásicos, así como en la creación de un lenguaje donde lo sublime y lo vulgar conviven en partes iguales. Max Estrella, ciego como Homero, emprende una particular odisea que no se desarrolla en los míticos escenarios clásicos, sino en los espacios más sórdidos de una nación sumida en la miseria física y moral. Y es que, como afirma el propio Max, «España es una deformación grotesca de la civilización europea». La presencia insistente de la muerte, el empleo de animalizaciones, cosificaciones o los frecuentes contrastes y reducciones al absurdo serían igualmente otros rasgos que aproximarían esta obra capital al mundo del teatro esperpéntico.
Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) inicia su carrera literaria tras el denominado Desastre del 98, fecha de la pérdida de las últimas colonias españolas (Cuba, Filipinas y Puerto Rico). España era en aquel tiempo un país rural, con una industrialización creciente en focos alejados del poder político, salarios terriblemente bajos, altos niveles de analfabetismo y una gran conflictividad social a los que el régimen político de la Restauración ya no sabía dar respuesta.
Luces de bohemia retrata el estado de degradación de este sistema político nacido en 1875 con la Restauración, un sistema que duró más de 50 años y que se caracterizaba por la alternancia pacífica en el poder de los dos partidos mayoritarios: el Liberal y el Conservador. Se trataba de un régimen que acabó produciendo un sistema corrupto y caciquil donde el incipiente movimiento obrero no iba a tener fácil la entrada y donde el fraude electoral era lo más recurrente. Ante un Estado incapaz de actuar, la Monarquía promueve el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Sin embargo, el cambio no sirve para regenerar el panorama político y social, y el fin de la dictadura arrastra a la Monarquía, proclamándose en 1931 la II República.
Luces de bohemia apareció publicada por entregas en la revista España en 1920, aunque la obra no se completará hasta el año 1924. Será entonces cuando Valle la edite en un volumen especial en el que se realizaron numerosos cambios, supresiones y adiciones que dotaron a esta pieza teatral de mayor intensidad, sobre todo en los aspectos de denuncia social y política.
En esta obra, Valle-Inclán nos aproxima a la vida bohemia, tema de muchas producciones literarias. La bohemia había sido para muchos artistas un simple modo de vivir: fue una forma de entender el arte y la vida; fue una época heroica, donde con orgullo aristocrático se confinaba el Arte al mundo de la Belleza. Ese es el mundo de Max, pero este universo en 1920 ya no tiene sentido. Luces de bohemia es una particular elegía de este universo ya consumado.
Desde el punto de vista literario, Valle es una mezcla de Modernismo, de Vanguardismo y de preocupación noventayochista. En este sentido, Luces de bohemia es una obra excepcional de un ser excepcional que escapa a toda clasificación. El esperpento de Valle convive con otras muchas fórmulas de hacer teatro:
Luces de bohemia, publicada en 1920 en la revista España, es la primera obra que el propio autor califica como esperpento, un género creado por Valle que consiste en distorsionar sistemáticamente nuestro entorno para poder expresar lo trágico, lo grotesco y lo absurdo de la vida española. Se trata de una técnica que no es exclusiva del teatro valleinclanesco, ya que existe una importante tradición artística que degrada la realidad. Así se aprecia en los cuadros de Goya o El Bosco, o en algunos poemas de Quevedo.
Para conseguir el objetivo de deformar el mundo circundante, Valle emplea múltiples procedimientos:
Si la naturaleza del esperpento es crear una antitragédia, Luces de bohemia es un ejemplo paradigmático. Los personajes se enfrentan a un destino trágico, pero el distanciamiento del autor nos lo muestra como algo grotesco. En este esperpento asistimos a un enorme drama a nivel colectivo (la situación social española) y a nivel individual (la muerte de Max y el suicidio de su mujer y su hija), pero estos hechos aparecen como ridículos debido a los personajes que les dan vida. Es más: la muerte de Max es grotesca. No hay nada solemne en su fallecimiento, y mucho menos en su velatorio. Max agoniza en la calle, sus últimos momentos son una parodia y su velatorio, una burla risible y cruel. Además, no es su muerte la que cierra la obra, como en la tragedia clásica, sino que esta concluye con las palabras de un borracho.
La estética del esperpento también se alcanza por medio de la degradación de los personajes, que son presentados como seres caricaturescos o como «enanos que juegan una tragedia». Esta degradación se manifiesta a través de tres recursos estilísticos:
Otro de los recursos más significativos del esperpento es la variedad de registros empleados en los diálogos; una variedad que no solo sirve para caracterizar a los personajes, sino también para parodiarlos o criticarlos. Está, por un lado, el uso de un lenguaje pedante y cursi propio de los modernistas, y por otro, la jerga vulgar de las clases sociales bajas, quienes emplean términos como «cuáles» o «previlegiado».
El esperpento se caracteriza por fusionar novela y teatro. Esta indefinición de géneros se hace patente en la función de las acotaciones, que son muy extensas, tienen un excepcional valor literario y están escritas imitando las intervenciones de un narrador omnisciente. Con ellas se describen, con rapidez e intensidad, personajes y ambientes diversos.
Finalmente, en Luces de bohemia se acumulan de manera intencionada hechos y referencias históricas en un confuso anacronismo, lo cual nos impide situar la acción de esta pieza teatral en un tiempo histórico concreto. De esta forma, la alusión a las últimas colonias españolas (1898), la mención a la Semana Trágica de Barcelona (1909), los comentarios sobre la Revolución rusa (1917), la coexistencia de modernistas y ultraístas o el hecho de que Rubén Darío fallece en 1920 serían sucesos temporalmente anacrónicos que servirían a Valle para producir el efecto deformador que pretende. Esta confusión cronológica no es casual, sino que constituye un caso más de distanciamiento y permite explicar todo un periodo, desvelar la esencia de una sociedad.
En conclusión, mediante la técnica del esperpento, Valle muestra con óptica deformante la realidad para censurar y parodiar la decadente situación nacional.
