Portada » Historia » La Dictadura de Primo de Rivera: Del Directorio Militar a la Caída de la Monarquía
El golpe de Estado triunfó en septiembre de 1923 sin encontrar resistencia en Barcelona. El rey Alfonso XIII respaldó la sublevación y encargó a Primo de Rivera formar gobierno, lo que supuso el fin definitivo del sistema político de la Restauración.
El Directorio Militar concentró todo el poder en manos del ejército, suspendió la Constitución, disolvió las Cortes, prohibió partidos y sindicatos, liquidó la Mancomunidad de Cataluña e impulsó el proteccionismo y las grandes obras públicas. Creó la Unión Patriótica como partido único de ideario monárquico, católico y autoritario. Su gran éxito fue el desembarco de Alhucemas (1925), que puso fin a la guerra de Marruecos y consolidó la dictadura.
En 1925, el Directorio Militar dio paso al Directorio Civil, con el que Primo de Rivera intentó institucionalizar la dictadura creando una Asamblea Nacional Consultiva de carácter corporativo y autoritario. Esta entidad debía elaborar un anteproyecto de Constitución que no reconocía la soberanía nacional ni la separación de poderes, iniciativa que finalmente fracasó.
En el ámbito económico, la dictadura se benefició de la coyuntura favorable de los años veinte y desarrolló una política intervencionista y nacionalista, impulsando grandes obras públicas y estableciendo monopolios como CAMPSA en el sector del petróleo, lo que generó un creciente déficit y endeudamiento estatal. En lo social, puso en marcha la Organización Corporativa Nacional, un sistema de regulación laboral que buscaba eliminar los conflictos mediante la intervención estatal, integrando a la UGT mientras prohibía a la CNT.
A partir de 1928, el régimen de Primo de Rivera entró en decadencia ante el avance de una oposición cada vez más unida y movilizada:
La creciente división entre los partidarios del dictador y el deterioro de sus relaciones con Alfonso XIII precipitaron la caída del régimen en 1930.
En enero de 1930, Primo de Rivera dimitió y se exilió a París, desautorizado por los altos mandos militares y por el rey Alfonso XIII. Este encargó a Dámaso Berenguer formar un gobierno con el objetivo de retornar a la normalidad constitucional, pero la lentitud en la recuperación de las libertades hizo que la prensa calificara la situación como “dictablanda”.
La credibilidad del monarca, que había respaldado la dictadura, quedó muy dañada. La crisis económica internacional comenzó a afectar a España, aumentando el paro y la conflictividad social. Los intelectuales arreciaron sus críticas; destacó el artículo “El error Berenguer” de Ortega y Gasset, que concluía con la sentencia: “La monarquía debe ser destruida”.
