Portada » Filosofía » Historia de la Filosofía: De Platón a Nietzsche
En su obra La República VII, Platón explica la teoría de las Ideas. El mito de la caverna es utilizado como forma didáctica para ilustrar la diferencia entre conocimiento verdadero y conocimiento sensible. La filosofía platónica responde a los problemas planteados por Heráclito y Parménides sobre la naturaleza de la realidad y el cambio.
Platón distingue entre el conocimiento universal, verdadero y necesario (episteme), que permite conocer las ideas, y el conocimiento sensible (doxa), incompleto y dependiente de los sentidos. Las cosas terrestres son meras imitaciones de las ideas, que actúan como modelos. La teoría de las ideas establece principios ideales (el Bien y la Justicia) que deben guiar tanto al alma individual como a la estructura de la sociedad.
Platón rechaza las oligarquías y propone el gobierno de un rey filósofo, aplicando el intelectualismo moral: el gobierno de los mejores por saber y virtud. El Estado es semejante a un individuo grande, dividido en tres partes:
La teoría de la reminiscencia refuerza esta visión al proponer que el conocimiento de las ideas ya existe en el alma por su contacto previo con el mundo inteligible.
Aristóteles critica la teoría de las ideas de Platón por considerarla una duplicación innecesaria de este mundo. Mientras Platón pensaba que la episteme era la ciencia de las ideas, Aristóteles distingue entre:
Aristóteles fundamenta la ética como una disciplina independiente de la metafísica, centrada en el bien realizable del hombre. El bien último es la felicidad, lograda mediante el desarrollo de las potencialidades del alma. Las virtudes dianoéticas incluyen la ciencia (conocimiento objetivo) y la prudencia (razón práctica). La virtud ética consiste en el término medio entre dos vicios opuestos.
Platón posee un enfoque idealista donde lo ético se basa en la idea del Bien supremo, inmutable y perfecto. Aristóteles es más práctico y cercano a la experiencia humana; en su Ética a Nicómaco, define la felicidad como el fin de la vida, alcanzable mediante el ejercicio de la virtud como punto intermedio.
El objetivo de Tomás de Aquino es reinterpretar a Aristóteles para hacerla compatible con el cristianismo. En la Suma Teológica, establece la existencia de Dios mediante la demostratio quia (a posteriori), partiendo de fenómenos naturales para llegar a la causa primera. Sus cinco vías recorren razonamientos causales, de movimiento y de grados de perfección para demostrar la existencia de un ser necesario.
Representan visiones opuestas:
Descartes busca un saber universal basado en un método seguro, distanciándose de la escolástica. Su método se basa en la duda metódica y cuatro reglas: evidencia, análisis, síntesis y recapitulación. Su primera certeza es el cogito, ergo sum (“pienso, luego existo”). Clasifica las ideas en innatas, adventicias y facticias, y distingue tres sustancias: Dios (infinita), alma (pensante) y cuerpo (extensa).
David Hume sostiene que todo conocimiento proviene de la experiencia. Distingue entre impresiones e ideas, estableciendo el principio de copia. Critica el principio de causalidad, argumentando que no hay conexión necesaria, sino una asociación mental basada en la costumbre. En ética, rechaza que la razón sea la base de la moral, defendiendo que esta deriva de los sentimientos y la simpatía.
En El origen de la tragedia, Nietzsche armoniza lo apolíneo y lo dionisíaco. Critica la metafísica occidental iniciada por Platón por dividir la realidad en un mundo sensible y uno suprasensible, lo cual considera un síntoma de decadencia. Para él, la vida es cambio constante (devenir) y la razón intenta fijar la realidad en conceptos estáticos, distorsionando la vida. Propone la “voluntad de poder” como el impulso creativo fundamental y aboga por una moral de señores basada en la autoafirmación.
Mientras Descartes es el máximo exponente del racionalismo (origen en la razón e ideas innatas, modelo matemático), Hume representa el empirismo (origen en la experiencia, modelo de ciencias naturales). Descartes confía en la deducción y la existencia de sustancias, mientras que Hume, desde un escepticismo metódico, considera que las sustancias son construcciones mentales sin impresión directa que las respalde.
