Portada » Filosofía » Fundamentos del Pensamiento Cartesiano: Metafísica y Epistemología
En la filosofía de René Descartes, la búsqueda de la verdad se articula a través de la duda y la certeza, pilares de su sistema.
Se distingue de la duda escéptica en el sentido de que no busca quedarse en la mera duda, sino que persigue una certeza de la cual sea imposible dudar y que sirva para fundamentar todo un sistema de filosofía. Descartes duda de todo aquello en lo que cabe la mínima posibilidad de error, con la confianza previa de que hallará alguna verdad evidente, clara y distinta. La duda cartesiana es cuasi-universal y positiva, ya que, exceptuando algunas pocas cosas, busca razones para dudar. Es voluntaria y ficticia en su intención, pero real en sus efectos, hasta el punto de que no solo hiere el contenido de nuestros conocimientos, sino la misma facultad cognoscitiva. De ahí que recurra al testimonio de la veracidad divina para garantizar su sistema filosófico.
Característica de aquello que se impone inmediatamente al espíritu y conlleva su asentimiento.
Ideal cartesiano de la ciencia. Una idea es clara cuando se presenta y manifiesta claramente a la inteligencia que la intuye. Una idea es distinta cuando puede separarse de otras ideas.
Toda realidad que se perciba con claridad y distinción. Descartes no admite como verdadera ninguna cosa que no sea evidente por sí misma. De este modo, quiere evitar la precipitación, no admitiendo en el juicio más que lo que se presenta clara y distintamente, al modo como se presenta el ***»Cogito, ergo sum»*** («Pienso, luego existo»).
Junto a la intuición, es necesaria también la deducción racional: operación discursiva que supone un camino, una demostración o un encadenamiento lógico de sucesión. La deducción representa un movimiento ordenado que va de proposición en proposición, un lazo establecido entre verdades intuitivas.
Descartes establece una distinción fundamental entre el alma y el cuerpo, concibiéndolos como sustancias radicalmente diferentes.
Parte espiritual del ser humano, cuya esencia es el pensamiento. Al negar el concepto de forma sustancial (propio de Aristóteles), Descartes no puede concebir el alma como «forma del cuerpo».
Su esencia es la extensión; se rige por las leyes de la mecánica. Cuerpo y alma son sustancias cuyos atributos son irreductibles y opuestos, lo que dificulta extraordinariamente la posibilidad de ofrecer una explicación adecuada de su mutua interacción.
Idea clara y distinta (sustancia) de la extensión, con sus tres dimensiones. La extensión es el atributo esencial de la sustancia corpórea. Dicha extensión permanece siempre inalterable, y de ella dependen todas las demás propiedades, los modos de la realidad fundamental de la extensión, que es una y homogénea en todos los cuerpos. La figura y el movimiento son sus modos esenciales.
Idea clara y distinta (por lo tanto, sustancia) de algo creado que piensa, pero que no es perfecto (ha nacido de la duda), ni independiente, ni infinito. La existencia del yo pensante es la primera certeza, conocida más fácilmente que el propio cuerpo y que el mundo exterior. El atributo esencial del alma sustancial es el pensamiento, que abarca toda actividad de conciencia. Todas las acciones del alma son modos de ese atributo esencial. Así pues, el pensamiento es la esencia del alma, y el alma piensa siempre; de lo contrario, dejaría de ser.
Sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente y omnipotente, por la cual todo existe y es ***»causa sui»***. Sustancia que piensa y que tiene en sí todas las perfecciones; es la primera Idea, la suprema realidad, en la que el ***»cogito»*** y el ***»sum»*** se identifican plenamente. Su idea se presenta a sí misma con total claridad y distinción. De Dios dependen todas las cosas (***voluntarismo teológico***) y es la garantía de la veracidad, que se añade y refuerza el criterio de evidencia y sirve para garantizar los procesos deductivos del pensamiento.
La figura y el movimiento.
Sujeto inmediato de cualquier atributo del que tengamos una idea real. Hay tantas sustancias como ideas claras y distintas puede concebir nuestra mente. Así, se dan tres sustancias: el ***Alma***, ***Dios*** y el ***Mundo***.
Descartes profundiza en la naturaleza del pensamiento y las ideas, clasificándolas según su origen y función.
Aquello por lo cual una sustancia se distingue de otra y es concebida por sí misma. Los atributos dependen de la sustancia y son inmutables. El atributo esencial constituye la naturaleza de una sustancia. Cada sustancia tiene un atributo esencial: ***pensamiento*** (***res cogitans***), ***perfección*** (***Dios***), ***extensión*** (***res extensa***). Los atributos esenciales se identifican con la sustancia.
***»Cogito, ergo sum»*** («Pienso, luego existo»). Verdad indudable que constituye el primer principio de la filosofía cartesiana. Representa la conciencia de sí del sujeto pensante; es la primera verdad y el criterio de evidencia de toda verdad.
Al negar las formas sustanciales del aristotelismo y reducir la sustancia material a extensión, Descartes no puede admitir los accidentes reales, ya que identifica la sustancia con la cantidad. Así, únicamente las ***cualidades primarias*** (***extensión***, ***dureza***, ***figura***, ***movimiento***, ***reposo***, ***gravedad***, ***atracción***, etc.) son objetivas y se hallan realmente en los cuerpos. Las ***cualidades secundarias*** (***colores***, ***olores***, etc.) son subjetivas y se producen por la acción mecánica del movimiento de los cuerpos.
Aquella que proviene de la experiencia externa.
Aquella que proviene de nuestra imaginación y voluntad.
Aquella que el entendimiento posee por naturaleza.
Dado que la causa principal de nuestros errores proviene de los sentidos y de la imaginación, Descartes excluye todo lo que proceda de la experiencia sensible. Así, en oposición a la concepción del conocimiento como ***»tabula rasa»***, Descartes afirmará que las ideas provendrán del propio fondo del alma, siendo garantizadas por Dios mismo, que es quien las ha puesto allí, ya que el hombre no puede ser creador de las mismas. Incluso la misma idea de Dios es ***innata***. Las ideas proceden de Dios, no en cuanto que las infunda directamente en el entendimiento, sino en cuanto que, al ser el autor de nuestra naturaleza, las ideas brotan de una manera natural, inmediata y espontánea de la facultad de pensar.
Es una visión o mirada precisa e indubitable, una concepción de un espíritu atento y puro, un conocimiento directo o inmediato, que permite tomar una cosa como verdadera al captar su idea clara y distintamente.
El ***entendimiento***, la ***memoria***, la ***imaginación***, entre otros.