Portada » Filosofía » Diferencias entre Platón y Aristóteles: Metafísica, Ética y Política
En su obra La República VII, Platón explica la teoría de las Ideas. El mito de la caverna es utilizado como forma didáctica de explicar esta teoría, ilustrando la diferencia entre conocimiento verdadero y conocimiento sensible. La filosofía de Platón se basa en responder a los problemas planteados por Heráclito y Parménides, quienes cuestionan la naturaleza de la realidad y el cambio.
Platón distingue entre:
Los griegos concluyen que los sentidos no nos permiten captar la auténtica realidad. También distingue entre dos tipos de conocimientos: el conocimiento universal, verdadero y necesario (episteme), que nos permite alcanzar a conocer las ideas; y el conocimiento sensible (doxa), incompleto y no verdadero porque depende de los sentidos. Frente al cambiante mundo terrestre, que es caótico, sitúa el mundo de las ideas en el cielo; las cosas terrestres son meras imitaciones de las ideas. Admite grados de realidad: las ideas son modelo de las cosas, que aun siendo parecidas, tienen características opuestas: el mundo inteligible es perfecto e inamovible, mientras que el mundo sensible es imperfecto y cambiante.
La teoría de la Reminiscencia refuerza la teoría de las ideas al proponer que el conocimiento de las ideas ya existe en el alma por su contacto previo con el mundo inteligible.
El idealismo platónico identifica las ideas como «lo ideal». El punto de partida empirista de Aristóteles está presente en su crítica a la teoría de las ideas, vista como una duplicación innecesaria de este mundo. Su oposición a la doctrina de la Idea del Bien platónica y al intelectualismo moral socrático está en el punto de partida de su Ética. Mientras que Platón pensaba que la episteme era la ciencia de las ideas, Aristóteles distingue entre saberes teóricos (Matemática, Metafísica y Física) y saberes prácticos (Ética y Política).
Aristóteles rechaza identificar saber y virtud, lo que le conduce a fundamentar la ética como una disciplina independiente de la metafísica. De ahí que la ética no pueda caer en el terreno de lo abstracto; su objeto es definir el bien del hombre, pero un bien realizable. La fórmula intelectualista «sé sabio y serás bueno» no tiene cabida aquí, pues implica hablar de un ser más cercano a los dioses que a los hombres comunes. El ser del hombre, por su propia naturaleza, es de este mundo y, a falta de trascendencia, necesita reglas, criterios y prudencia.
Aristóteles sostiene que el bien último del hombre es la felicidad. En términos metafísicos, este orden se logra porque todos los seres naturales tienden a realizar las potencialidades de su propia naturaleza. Desde la perspectiva antropológica, el orden se manifiesta en la conciencia que tienen los hombres de sus actos. La felicidad va asociada a aquellos fines que son más adecuados a la naturaleza humana.
Aristóteles clasifica las virtudes dianoéticas (propias de la parte pensante del alma):
En general, la virtud consiste en adquirir el término medio, que depende de la persona y la experiencia. La virtud ética es útil para templar las pasiones; es el justo medio entre dos vicios opuestos (exceso o defecto) y tiene relación con la parte sensitiva del alma.
Platón tiene un enfoque más idealista; para él, lo ético está basado en la idea del bien supremo, que es inmutable y perfecto. Este bien se consigue a través de la educación filosófica. El alma se divide en tres partes (irascible, apetitiva y racional) y solo se alcanza la virtud cuando cada una lleva a cabo su función.
Aristóteles es más práctico y cercano a la experiencia humana. En su Ética a Nicómaco, define que el fin de la vida es alcanzar la felicidad mediante el ejercicio de la virtud, entendida como el punto intermedio entre dos extremos.
Mientras Platón diseña un modelo ideal de política en La República, donde los filósofos gobiernan, Aristóteles rechaza los ideales ficticios y se centra en lo alcanzable. Considera que la polis es un entorno natural para que los humanos consigan la felicidad y propone formas de gobierno basadas en las circunstancias, como una mezcla de oligarquía y democracia, viendo la política como un medio para llevar a cabo una vida llena de virtudes.
