Portada » Filosofía » Recorrido por las Corrientes Filosóficas Fundamentales
Dios es entendido como una idea que engloba a las demás, actuando como el pilar de la cultura occidental. Representa lo bueno, lo verdadero y lo justo. Es el producto máximo de la abstracción y la condensación de todo el resentimiento del ser humano.
Con la frase “Dios ha muerto”, Nietzsche describe metafóricamente la desaparición del apoyo fundamental de la cultura occidental. Ante la ausencia de normas y criterios de verdad, surgen dos consecuencias:
Nietzsche propone tres fases en la evolución del espíritu:
El Superhombre es aquel que acepta el eterno retorno de lo mismo, viviendo con alegría y asumiendo la responsabilidad de sus propias decisiones.
Marx defiende el materialismo histórico, donde la economía determina la estructura social:
La historia avanza mediante la lucha de clases. Marx critica el capitalismo por la plusvalía y la alienación del trabajador. Propone el comunismo como solución para eliminar la propiedad privada y las estructuras opresivas.
Nietzsche distingue entre lo apolíneo (orden/razón) y lo dionisíaco (caos/sufrimiento). Critica la metafísica occidental (Platón) por negar el devenir. Para él, la verdad no es absoluta, sino un conjunto de metáforas útiles para la supervivencia.
Aristóteles rechaza el dualismo platónico mediante el hilemorfismo (materia y forma) y la distinción entre potencia y acto. Su visión es teleológica: todo tiende a un fin (causa final). El conocimiento comienza en la experiencia sensible y culmina en la abstracción de lo universal.
La ética busca la eudaimonía (felicidad) a través de la virtud, definida como el término medio entre extremos. Como zoon politikon, el ser humano solo se realiza en la polis. Aristóteles propone la politeia como la forma de gobierno ideal para garantizar el bien común.
El conocimiento requiere de la iluminación divina. Dios es el fundamento de todo y el mal es solo una privación del bien. El ser humano, compuesto de cuerpo y alma, refleja la Trinidad a través de la memoria, el entendimiento y la voluntad.
Aunque existe el libre albedrío, este está debilitado por el pecado original. La política se divide entre la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrenal, siendo el Estado una herramienta necesaria para mantener el orden tras la caída humana.
