Portada » Historia » España en el Siglo XX: De la Monarquía de Alfonso XIII a la Guerra Civil
España, aunque el siglo se inició con aspiraciones regeneracionistas tras el desastre de 1898, las diferentes maneras de entender este proceso dividieron constantemente al país hasta conducirlo a la Guerra Civil. En este periodo se pueden distinguir varias fases:
El reinado de Alfonso XIII heredó el régimen político de la Restauración, que seguía basándose en dos partidos, el Liberal y el Conservador, que se turnaban el gobierno a través de elecciones manipuladas por los caciques. El turno de partidos se fue agotando en un país en el que crecían las ciudades y se creaban regiones industriales. Durante los primeros años del reinado, los gobiernos tuvieron que hacer frente a diversos problemas:
Una de las principales crisis fue la Semana Trágica de Barcelona en julio de 1909. La Guerra de Marruecos hizo que el gobierno enviara tropas reservistas que tenían que embarcar en el puerto de Barcelona. En esta ciudad se inició una huelga general de protesta que se convirtió en una insurrección. La rebelión, sofocada por el ejército, provocó numerosos muertos, una protesta internacional y la caída del gobierno de Maura. España se mantuvo neutral en la Primera Guerra Mundial, lo que reportó importantes beneficios económicos. Al finalizar el conflicto, terminó esa posición ventajosa. En 1917 se produjo una crisis que mostró la fragilidad del sistema de la Restauración y cuyas principales manifestaciones fueron:
La Guerra de Marruecos terminó siendo decisiva para la caída del sistema político:
Los conflictos sociales, el descontento político y el desgaste militar en Marruecos llevaron al general Primo de Rivera a dar un golpe de Estado e implantar una dictadura militar.
Alfonso XIII autorizó al general Primo de Rivera a formar gobierno y se disolvieron las Cortes; así, España adoptaba las formas de gobierno dictatoriales. La dictadura apenas provocó oposición, puesto que Primo de Rivera fue visto como el «cirujano de hierro» que sacaría al país de la crisis política y social y pondría fin a la Guerra de Marruecos.
La oposición a la dictadura aumentó cuando el general creó un partido político para perpetuarse, lo que finalmente precipitó la caída de Primo de Rivera.
España evolucionó desde el liberalismo a un modelo intervencionista caracterizado por:
Un ejemplo del intervencionismo económico fue la actuación de Primo de Rivera, que creó grandes empresas monopolísticas estatales como CAMPSA y la Compañía Telefónica Nacional de España. Gracias a ello, la economía española experimentó un cierto desarrollo a pesar de los problemas que arrastraba.
La población española pasó de unos 18 millones de habitantes en 1900 a 25 millones en 1936. Más de la mitad de la población habitaba en el medio rural. En el sur de la península destacaba el alto porcentaje de jornaleros que apenas podían subsistir. Por encima de este grupo social persistía una oligarquía de grandes propietarios agrarios. En las ciudades prosperó una clase media de profesionales liberales y funcionarios. El desarrollo industrial incrementó paralelamente el número de obreros. La sociedad española mostraba grandes diferencias entre una minoría que disfrutaba de un gran bienestar y una gran mayoría de asalariados con escaso nivel económico. La Gran Depresión acentuó esta desigualdad.
En 1930 se intentó restablecer el sistema constitucional de la Restauración, pero la monarquía estaba muy desprestigiada y los grupos republicanos empezaron a unirse para derrocar al rey. Los grupos políticos partidarios de la república firmaron en 1930 el Pacto de San Sebastián, en el que se comprometían a implantar la república en España. En abril de 1931 se celebraron unas elecciones municipales en toda España en las que triunfó la coalición republicano-socialista en las grandes ciudades. El rey Alfonso XIII abandonó el país y el día 14 de abril se proclamó la Segunda República. Este hecho supuso la posibilidad de establecer un auténtico sistema de gobierno democrático en España. Algunas circunstancias que acompañaron la implantación del nuevo régimen fueron las siguientes:
Tras la proclamación de la Segunda República se formó un gobierno provisional cuyo objetivo era la modernización de España y la instauración de la democracia. Para proporcionar a la República una Constitución, se convocaron elecciones a Cortes; en ellas triunfaron los republicanos y los socialistas. En 1931 se promulgó una Constitución que definía a España como una «república de trabajadores de todas las clases». Al frente de la República se encontraba un Presidente elegido por seis años. Las Cortes estarían formadas por una sola cámara (Congreso) elegida por sufragio universal. Se establecía la separación entre la Iglesia y el Estado. El primer presidente de la República fue Niceto Alcalá-Zamora y se formó un gobierno de izquierdas presidido por Manuel Azaña. Las principales reformas fueron:
En 1933, tras la victoria de los partidos de derechas (donde destacaba la CEDA), se formó un gobierno de coalición que dio a la República un giro conservador. Se frenaron las reformas anteriores, como la agraria. En los partidos y sindicatos de izquierda caló el sentimiento de que la República había sido traicionada, lo que dio lugar a la crisis de 1934:
El ejército restauró la autoridad del gobierno conservador. Como consecuencia, las cárceles se llenaron de presos políticos. Finalmente, la coalición de derechas se rompió debido a casos de corrupción y a la creciente tensión política.
Los partidos de izquierdas se unieron en la coalición del Frente Popular y ganaron las elecciones en febrero de 1936. Se formó un nuevo gobierno presidido por Manuel Azaña que decretó la liberación de los presos de 1934. El gobierno intentó continuar las reformas, pero la conflictividad social y los enfrentamientos violentos hacían visible un posible estallido revolucionario o un pronunciamiento militar. La derecha, encabezada por José Calvo Sotelo, se oponía al gobierno. El asesinato de Calvo Sotelo precipitó los acontecimientos y un sector del ejército preparó un golpe de Estado.
El 17 de julio de 1936, un sector del ejército se sublevó en Marruecos contra el gobierno del Frente Popular. El 18 de julio, esta sublevación militar, apoyada por carlistas, monárquicos y falangistas, y dirigida por el general Emilio Mola, triunfó en varias capitales andaluzas, Galicia, Castilla y León, Álava, Navarra, parte de Aragón, norte de Extremadura, Canarias y Baleares. El gobierno republicano conservó su autoridad en el resto del país, provocando el estallido de la Guerra Civil (1936-1939).
Las potencias internacionales acordaron en agosto de 1936 la formación de un Comité de No Intervención. Sin embargo, Franco recibió ayuda de Italia y Alemania (tropas, aviones y armamento). El gobierno de la República contó con la ayuda de la Unión Soviética (a cambio del oro del Banco de España) y de las Brigadas Internacionales (voluntarios extranjeros).
Durante tres años se libraron durísimas batallas. El ejército rebelde se impuso en el Estrecho, en torno a Madrid, en el norte y después en la zona del Ebro. La represión en ambos bandos fue brutal. La superioridad armamentística de los sublevados y las discrepancias internas en el bando republicano dieron el triunfo a los rebeldes. El 1 de abril de 1939, Franco proclamó su victoria tras la rendición del ejército republicano. Había muerto medio millón de personas y miles de españoles huyeron a otros países. El general Franco se convirtió en el nuevo jefe del Estado como Caudillo de España, estableciendo un sistema dictatorial y totalitario que acabó con los deseos regeneracionistas anteriores.
