Portada » Historia » Transformación y Conflicto: La Segunda República y la Guerra Civil Española
Tras las elecciones de 1931 se inició el Bienio Reformista (1931-1933), periodo en el que se aplicó un ambicioso programa para resolver los problemas estructurales del país. Durante esta etapa, se intentó reducir el poder de la Iglesia, considerada responsable del atraso nacional: se suprimió la Compañía de Jesús, se aprobó la Ley de Congregaciones Religiosas (que supuso el fin de su labor en la enseñanza y actividades económicas), se eliminó la financiación estatal y se establecieron el matrimonio civil, el divorcio y la secularización de los cementerios. Estas medidas, junto al anticlericalismo (manifestado en la quema de conventos), provocaron una fuerte oposición social.
En el campo, la situación era crítica debido al latifundismo y la abundante mano de obra. Largo Caballero impulsó medidas como la Ley de Términos Municipales, el Decreto de Laboreo Forzoso, los jurados mixtos, la jornada de 8 horas y el salario mínimo. La Reforma Agraria (IRA) proponía expropiar sin indemnización los latifundios y, con indemnización, las tierras mal cultivadas. Sin embargo, su lentitud y los errores cometidos (que afectaron a pequeños propietarios) aumentaron el malestar campesino.
La oposición y la violencia crecieron, destacando el golpe fallido de Sanjurjo (1932) y los sucesos de Casas Viejas. Tras las elecciones de 1933 (donde se ejerció por primera vez el voto femenino), ganó la derecha: la CEDA obtuvo el 43%, el centro de Lerroux el 36% y la izquierda menos del 20%. Se inició así el Bienio Conservador (1933-1936), bajo el mando de Lerroux, en el que se frenaron las reformas previas y aumentó la conflictividad social.
En 1934, la entrada de la CEDA en el gobierno provocó una huelga general convocada por la UGT. Aunque fracasó en términos generales, destacó la Revolución de Asturias, donde los mineros se sublevaron y fueron duramente reprimidos por las tropas africanistas de Franco, y el conflicto en Cataluña, donde se llegó a proclamar la independencia. Finalmente, el gobierno cayó por el escándalo del estraperlo (ruletas trucadas), lo que forzó la convocatoria de nuevas elecciones.
En 1936 venció el Frente Popular (con un 34,3% de los votos frente al 33,2% de la derecha), una coalición de republicanos, socialistas y comunistas. Se formó un gobierno débil con Manuel Azaña como presidente de la República y Casares Quiroga como jefe de gobierno, quienes reanudaron las reformas. No obstante, la polarización y la violencia aumentaron significativamente. Los militares comenzaron a conspirar, un proceso que se aceleró tras los asesinatos del Castillo y Calvo Sotelo. El golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 fracasó parcialmente, dando inicio a la Guerra Civil Española (1936-1939).
Tras el golpe de Estado, España quedó dividida en dos zonas con características políticas y sociales opuestas.
Este bando apoyaba al gobierno legítimo surgido de las elecciones de febrero de 1936, pero sufría una profunda división interna. Al inicio, bajo el gobierno de José Giral, comunistas y anarquistas impulsaron una revolución mediante la descentralización del poder y la colectivización de tierras, superando la autoridad del Gobierno. Posteriormente, Largo Caballero restauró el poder central y movilizó recursos para intentar ganar la guerra. Finalmente, con Negrín, se produjo la rendición ante los sublevados.
La zona republicana contaba con importantes recursos: las reservas del Banco de España, zonas industriales clave como Cataluña, la aviación y la mayor parte de la flota. Sin embargo, carecía de un ejército profesional, el cual fue sustituido por milicias de voluntarios. Además, recibió escasa ayuda internacional debido al Comité de No Intervención (1936), limitándose el apoyo principalmente a la URSS y a las Brigadas Internacionales. Cabe destacar el papel de las milicianas (más de 3.000), quienes participaron en el frente, especialmente en unidades comunistas y anarquistas, suponiendo una ruptura con el papel tradicional de la mujer.
La zona sublevada consolidó un nuevo régimen bajo el liderazgo de Francisco Franco, quien concentró todos los poderes: jefe del Estado, del Gobierno y del ejército. Se creó un partido único, FET de las JONS, y se suprimieron derechos fundamentales como los de reunión y asociación. Se estableció un Estado totalitario basado en el Nacionalcatolicismo, considerando la contienda como una “cruzada”.
Durante este periodo se aprobaron leyes fundamentales:
Esta zona contaba con recursos agrarios estratégicos para el suministro de alimentos, el apoyo del ejército profesional y una decisiva ayuda internacional proveniente de Alemania, Italia y Portugal, además de las tropas marroquíes.
