Portada » Lengua y literatura » Luis Cernuda: tradición, amor y la tensión entre realidad y deseo
La tradición es fundamental en la obra de Luis Cernuda. Por ejemplo, se aprecia la influencia de Garcilaso de la Vega tanto en la métrica como en los temas (el amor, la presencia de la mitología). También se percibe la herencia de Bécquer y de los poetas que introducen el simbolismo, quienes conciben al poeta como un ser casi sobrenatural, superior a los demás.
Porque su condición de homosexual choca frontalmente con los usos y normas de la sociedad burguesa a la que pertenece y en la que vive. Como consecuencia del sentimiento de diferencia, su actitud se define por la rebeldía y por la frustración, ya que él ve el hecho de amar de forma diferente.
La antítesis entre realidad y deseo es central por la soledad, el aislamiento y la marginación del poeta, quien se siente totalmente separado de su entorno. Además, aparece el anhelo de encontrar un mundo donde no se ataque al individuo por lo que siente y el deseo de hallar la belleza perfecta.
En un principio, Cernuda está marcado por la soledad y por una intensa vida interior. Esto le hace inspirarse y sentirse influenciado por Bécquer, poeta de raíz romántica; en esa época escribe Perfil del aire. Posteriormente, Cernuda pasa por Francia y en la obra de esa etapa se aprecia una liberación frente a la realidad: por ejemplo, El caso del pájaro asesinado, con el que se adentra en el surrealismo. En los años veinte se vio influenciado por numerosos poetas importantes de la época. El desamor personal le impulsa a escribir Donde habite el olvido. Su poesía surrealista mezcla realidad y deseo, apariencia y verdad. Le preocupan la ética y lo existencial: la poesía no es para él un mero ejercicio estético sino un acto ético. A diferencia de otros contemporáneos, no ocultó su condición sexual.
El poeta aparece como un ser maldito y marginado por la sociedad; vive en soledad debido, entre otras causas, a su particular visión del amor. Su figura encarna la diferencia, el desarraigo y la resistencia frente a normas sociales opresivas.
El amor es el gran tema cernudiano. Es un amor a menudo no consumado, pero presentido. Se trata de una experiencia marcada por la insatisfacción, el dolor, el fracaso y la incomprensión. También aparece el amor exaltado y fugaz, una forma de experiencia feliz siempre limitada por su brevedad.
El título encierra una doble antítesis: por un lado, en lo personal, el poeta sufre angustiado por sus opciones afectivas en un mundo cerrado a comprenderlas; por otro lado, España se debate entre la voluntad de modernidad y la realidad atrasada e intolerante del país. Esta tensión aparece en muchos poemas de la colección; la oposición entre lo que es (realidad) y lo que se ansía (deseo) articula gran parte del universo temático cernudiano.
En la etapa surrealista predominan la irregularidad métrica, el uso ocasional de mayúsculas para destacar sustantivos y la utilización de metáforas que yuxtaponen dos realidades sin relación aparente, creando imágenes sorprendentes y liberadoras.
En los poemas, el amor aparece como un sentimiento desmesurado, total y orgánico, siempre amenazado por la tragedia. La adhesión de Cernuda al surrealismo se produce entre 1929 y 1931; los poetas del 27 le ayudan a afrontar la obra desde la perspectiva del surrealismo. Los poemas surrealistas, como los de Un río, un amor…, evidencian la ausencia de rima y la irregularidad métrica.
El año 1926 es emblemático para situar al grupo de escritores conocido como Generación del 27 y también es un año importante en la trayectoria de Cernuda: en abril, la revista Litoral de Málaga publica su libro Perfil del aire como cuarto suplemento. Su participación en las inquietudes técnicas y temáticas del grupo, así como la evolución experimental de su lenguaje, le sitúan dentro de ese movimiento.
En La realidad y el deseo, la idea de España evoluciona desde una visión crítica y amarga hasta una nostalgia dolorosa marcada por el exilio. Este tema es más frecuente y profundo en su etapa de madurez y en el exilio, especialmente en secciones como «Las nubes», donde la patria aparece a veces como una «madre madrastra» que ignora a sus hijos o como un paraíso perdido e irrecuperable.
En La realidad y el deseo, Cernuda percibe la infancia y la juventud como un paraíso perdido de inocencia y plenitud, frente a la degradación de la madurez. En su poesía de posguerra —por ejemplo en poemas como «La familia» o «El grupo»— retrata la niñez como un espacio de aislamiento y, al mismo tiempo, de libertad instintiva; la pérdida de esa condición genera un destierro espiritual y nostalgia por una belleza pura.
Los temas centrales de La realidad y el deseo giran en torno al conflicto entre el anhelo de belleza y de un amor absoluto frente a las limitaciones de un mundo hostil y mediocre. En ese marco, la memoria actúa como refugio: permite recuperar el «paraíso perdido» de la infancia y los momentos de plenitud, fijar la identidad del poeta y dar sentido a su existencia frente al paso del tiempo.
Los temas centrales son la soledad, el amor prohibido y la insatisfacción ante una sociedad opresora. El exilio radicalizó su obra y transformó la rebeldía juvenil en una meditación elegíaca: España deja de ser sólo un entorno hostil para convertirse en un recuerdo doloroso que acentúa su desarraigo y su condición de proscrito.
La realidad y el deseo constituye el conjunto de buena parte de la obra poética de Luis Cernuda (1902–1963).
Este poema se sitúa en la etapa de plenitud o madurez de Cernuda (que incluye libros como Invocaciones o Las nubes), marcada por un estilo meditativo y el uso del versículo. Entre las figuras retóricas destacan la antítesis, que articula el choque entre realidad y deseo, y la metáfora, que transforma elementos naturales en símbolos de la soledad o del paso del tiempo.
