Portada » Historia » Historia de la Península Ibérica: Desde los Pueblos Prerromanos hasta la Reconquista (1492)
En el I milenio a. C., la península estaba habitada por los pueblos prerromanos, conocidos por restos arqueológicos y por autores como Estrabón y Plinio, que distinguieron dos áreas culturales:
Formada por pueblos indoeuropeos llegados hacia el 1200 a. C. Astures, cántabros y galaicos eran ganaderos, mientras que vacceos, lusitanos y arévacos practicaban agricultura y ganadería trashumante. Sus restos más característicos son los castros y los verracos, como los Toros de Guisando en Ávila.
Contaba con lengua y escritura propias, ritos religiosos y necrópolis que muestran una sociedad jerarquizada dominada por castas guerreras. Destacan esculturas como la Dama de Elche y la Dama de Baza. En el valle del Guadalquivir sobresalió Tartessos, rico en recursos mineros, con restos en Carambolo y Carmona. Íberos y tartesios mantuvieron un activo comercio con los pueblos mediterráneos, lo que favoreció su desarrollo cultural.
Los pueblos mediterráneos establecieron colonias en la costa para el comercio:
Los romanos conquistaron la península ibérica entre el 218 y el 19 a. C., tras vencer a Cartago en las Guerras Púnicas, lo que les permitió controlar el este peninsular en el siglo III a. C. Desde allí se expandieron hacia el centro y norte, implantando sus estructuras políticas, sociales y culturales. La romanización fue más intensa en el Sur y Este (áreas íberas) que en el norte (área celta), y dio lugar a la sociedad hispanorromana.
En el 409 d. C., suevos, vándalos y alanos entraron en Hispania. Roma hizo un pacto con los visigodos para pacificar Hispania. Con la caída del Imperio Romano, los visigodos fundaron un reino con capital en Toulouse y fueron derrotados por los francos. Expulsados de Francia, los visigodos fundaron en Hispania el Reino Visigodo de Toledo en 507.
Los reyes buscaron la unidad peninsular:
La organización política se basaba en el derecho germánico y la monarquía era electiva, dependiendo de la nobleza y la Iglesia, reforzadas a través del Aula Regia y los Concilios de Toledo. Las luchas internas, como la de Rodrigo contra los partidarios de Vitiza, facilitaron la invasión musulmana de 711.
Los musulmanes invadieron la península en el 711, dirigidos por Musa y Táriq, quienes derrotaron a don Rodrigo en Guadalete y pusieron fin al reino visigodo de Toledo. En tres años ocuparon casi todo el territorio, al que llamaron Al-Ándalus, y establecieron un emirato dependiente del califato de Damasco.
Al-Ándalus, surgido tras la conquista musulmana de la península en 711, destacó por su riqueza económica, diversidad social y desarrollo cultural.
Se basaba en una agricultura innovadora con nuevos cultivos y técnicas de regadío, una artesanía urbana de lujo y un comercio muy activo gracias a su posición de puente entre las rutas de África y el Próximo Oriente con Europa y el Mediterráneo.
La sociedad estaba jerarquizada. El grupo dominante lo formaban los musulmanes (árabes y bereberes), y el grupo dominado lo formaban los judíos y cristianos (**mozárabes**), que vivían sometidos aunque con libertad religiosa. Algunos se convirtieron al islam (**muladíes**), junto con la presencia de esclavos.
La cultura andalusí estaba basada en la religión musulmana, la lengua árabe y los conocimientos grecorromanos y orientales. Los musulmanes difundieron los saberes filosóficos, astronómicos y científicos de la Antigüedad, con figuras como Averroes o Ibn Hazm. El mayor esplendor cultural se extendió desde el califato de Córdoba hasta el reino nazarí de Granada.
Paralelamente, los judíos sefardíes destacaron en finanzas, medicina, traducción y filosofía, y gozaron de un periodo de tolerancia conocido como la Convivencia, cuyo legado perdura en sinagogas como la de Santa María la Blanca en Toledo o la de Córdoba, y en juderías como las de Toledo, Segovia y Gerona.
En el 711, los musulmanes invaden la Península Ibérica, excepto el Norte, donde surgen los primeros reinos cristianos formados por población local y visigodos huidos. En la Cordillera Cantábrica nace el reino astur con Pelayo, que luego pasó a llamarse leonés al trasladar Alfonso III la capital a León. Al este nació Castilla con Fernán González, en los Pirineos el reino de Navarra y en el centro los condados de Aragón. Carlomagno creó la Marca Hispánica, de la que nació Cataluña en el siglo X con el conde Borrell.
La Reconquista avanzó a partir de 1031 tras la desintegración del califato en reinos de taifas. En 1085 Alfonso VI conquistó Toledo; en el siglo XII Portugal se independizó de León y descendió hasta el Tajo. Castilla y León ocuparon Extremadura y Castilla-La Mancha, mientras Aragón tomó Zaragoza bajo Alfonso I el Batallador y se unió a los condados catalanes. La victoria cristiana en las Navas de Tolosa (1212) permitió a Fernando III el Santo conquistar el Guadalquivir y Murcia, y a Jaime I ocupar Levante y Baleares. Desde el siglo XIII solo quedó el reino nazarí de Granada, conquistado en 1492 por los Reyes Católicos.
La organización política era feudal: el rey en la cima, la nobleza y el clero con señoríos, y el pueblo llano sin privilegios. La sociedad se dividía en:
El vasallaje regulaba la relación entre rey y nobles, y las Cortes eran la principal asamblea consultiva.
Paralelamente a la conquista de Al-Ándalus, entre el siglo VIII y el XV, los reinos cristianos repoblaron los territorios ocupados trasladando población cristiana. Hubo varios modelos:
En ciudades musulmanas muy pobladas, los cristianos procedían al repartimiento de casas y propiedades. Durante la Edad Media se formaron reinos cristianos al Norte de Al-Ándalus que ampliaron sus territorios no solo enfrentándose a los musulmanes del sur, sino también a los reinos vecinos.
La estructura política y social era feudal, presidida por el rey como máximo señor de los vasallos, aunque su autoridad estaba limitada por los señoríos de la nobleza y el clero. La sociedad estaba dividida en estamentos: los privilegiados (nobleza y clero), que podían imponer leyes y cobrar impuestos, y los no privilegiados, formados por campesinos sometidos a derechos señoriales. La alianza entre rey y nobles se regulaba por el vasallaje, y las Cortes eran la principal asamblea consultiva. La sociedad era principalmente rural, aunque a partir del siglo XII crecieron las ciudades con presencia de burguesía. También convivieron judíos y mudéjares con los cristianos hasta el siglo XIII.
