Portada » Historia » Del Imperialismo a la Guerra Civil Española: Evolución Histórica y Consecuencias
Es fundamental distinguir entre dos conceptos clave en la expansión europea:
Podemos distinguir varios tipos de posesiones coloniales:
La metrópoli se dedicaba a la explotación económica, y los europeos ejercían una política de empleo (gobernador, militares y funcionarios mantenían el orden). Los colonizadores se apropiaban de las tierras para crear plantaciones o explotar yacimientos, utilizando mano de obra indígena con salarios bajos.
Colonias que recibían población blanca que emigraba para establecerse permanentemente. Tenían autonomía de gobierno interior y recibieron el nombre de dominios (ej. Canadá, Francia).
Territorios que mantuvieron su organización estatal, su gobierno indígena y administración propia. La metrópoli les impuso un gobierno paralelo que controlaba y dominaba el gobierno local, reservándose la función de defensa y política exterior.
El malestar entre las grandes potencias originó una carrera armamentística. Se invirtió gran cantidad de dinero en la fabricación de armas, construcción de barcos y entrenamiento de la tropa. Las potencias se aliaron para prepararse para un posible enfrentamiento:
El tratado más importante fue el de la paz con Alemania, firmado en Versalles, donde los vencedores le impusieron condiciones duras:
Alemania consideró que el Tratado de Versalles había sido una imposición y una paz humillante, lo que reavivó su futuro nacionalismo y deseo de venganza.
Se produjo una revuelta popular en Barcelona con motivo del reclutamiento de soldados para la guerra de Marruecos. La respuesta del gobierno fue desproporcionada, lo que provocó la repulsa de la opinión pública y la dimisión del presidente del gobierno. La Restauración comenzaba a resquebrajarse.
El reformismo de los gobiernos liberales supuso el inicio de la descentralización del Estado. En 1914 se creó la Mancomunidad (institución de gobierno para Cataluña) que agrupaba a las cuatro Diputaciones Catalanas y fue presidida por Prat de la Riba. Fue el primer organismo de poder, encaminado hacia la creación de nuevas infraestructuras y servicios públicos (carreteras y comunicaciones), e impulsando un nuevo proyecto cultural y educativo (instituciones culturales y nuevas escuelas).
Se formó un gobierno provisional, integrado por republicanos, socialistas y catalanistas de izquierda, que llevó a cabo varias reformas:
Los primeros meses, el nuevo gobierno tuvo que hacer frente a algunos conflictos, sobre todo la quema de conventos como respuesta a las declaraciones a favor de la monarquía por parte de la jerarquía eclesiástica. Además, algunas ciudades españolas estallaron huelgas obreras importantes convocadas por la CNT, que aspiraba a la revolución social.
Una vez programada la Segunda República, la coalición republicana llevó a cabo una serie de propuestas para reformar el país en un sentido democrático y descentralizado:
La oposición a las reformas supuso dos caminos: la oposición por parte del conservadurismo y por parte del obrerismo.
El conservadurismo incluía a republicanos moderados, grandes propietarios agrarios, la jerarquía de la Iglesia católica, una parte del ejército y amplios sectores de las clases medias.
Desde el obrerismo, la lentitud de algunas reformas, especialmente la agraria, exacerbó los ánimos de algunos jornaleros y obreros, que querían cambios más rápidos.
El desgaste gubernamental y los escándalos de corrupción llevaron a la convocatoria de nuevas elecciones en febrero de ese año. Las fuerzas de izquierdas se presentaron agrupadas en el Frente Popular (en Cataluña, Frente de Esquerres). Los partidos derechistas se agruparon bajo el Frente Catalán de Orden.
La Generalitat continuó y amplió la política iniciada por la Mancomunidad de Cataluña:
El 17 de julio de 1936 en Melilla, Tetuán y Ceuta, y el día siguiente en la Península, un sector importante del ejército se unió a tradicionalistas y falangistas y protagonizó un golpe de Estado. Los sublevados se apoderaron de los órganos de gobierno de algunas ciudades y constituyeron una junta de altos cargos militares. El 19 de julio, ante el clamor popular contra los rebeldes, José Giral, nuevo jefe de gobierno, decidió dar armas a las milicias de los sindicatos y los partidos del Frente Popular para detener el golpe y defender la legalidad republicana.
El fracaso del golpe de Estado en Cataluña hizo que el general Goded dirigiera la insurrección, que tuvo un escaso apoyo de la población civil. Una parte del ejército y la Guardia Civil y de Asalto permanecieron leales a la República, mientras los partidos y sindicatos de izquierda movilizaron a sus militantes para detener el golpe.
La situación política europea en 1936 era muy tensa, desde la aparición del fascismo italiano y el nazismo alemán. La guerra en España se vio como una confrontación entre fuerzas democráticas y los regímenes fascistas. Para no agravar la tensión europea, Francia y Gran Bretaña impulsaron una política de neutralidad y de no injerencia en la guerra española, a la que se añadieron otros países europeos. Sin embargo, los gobiernos italiano, alemán y portugués no retiraron su respaldo a los franquistas.
Dada esta situación, la URSS se constituyó en el único apoyo militar, tanto con armas como con asesores. La posición de los gobiernos no impidió una ola de solidaridad internacional con el bando republicano. Miles de voluntarios de varios países llegaron a España para combatir en defensa de la República: las Brigadas Internacionales. Estuvieron en todos los frentes bélicos y su intervención fue muy importante en la defensa de Madrid.
Francisco Franco era el jefe del Estado y ostentaba el título de Caudillo de España, concentrando todos los poderes. Todos los partidos y sindicatos fueron declarados ilegales y sus militantes fueron perseguidos y encarcelados. Solo se permitió un partido: la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FET y de las JONS). Las cortes democráticas y las elecciones fueron suprimidas. Franco legislaba por decreto ley, su poder era vitalicio y se otorgó a sí mismo la potestad de nombrar su sucesor.
El nuevo régimen quería restablecer la unidad española, rota, a su juicio, por la República. En 1938 se abolió el Estatuto de Cataluña, y el año anterior se había puesto fin al régimen foral de Vizcaya y de Guipúzcoa.
Los nuevos gobiernos, a partir de 1957, abandonaron la autarquía y comenzaron el proceso de liberalización económica y de apertura a la economía europea. Por ello, se puso en marcha el Plan de Estabilización de 1959, que tenía como objetivo pasar de una economía cerrada con un fuerte control estatal a una economía vinculada a los circuitos internacionales. Además, el gobierno puso en marcha los llamados Planes de Desarrollo (1964 – 1975) que pretendían fomentar el desarrollo industrial y disminuir los desequilibrios entre las diferentes regiones españolas.
