Portada » Filosofía » Conceptos Clave de la Filosofía: De Aristóteles a la Escolástica Medieval
Aristóteles, discípulo de Platón y preceptor de Alejandro Magno, criticó el dualismo platónico, defendiendo que solo existen realidades sensibles, *verdades objetivas* que son propias de este mundo.
Su obra más característica es la Metafísica, la cual define como: «una ciencia que estudia lo que es en tanto que algo es y las cualidades que de por sí mismo le pertenecen».
Etimológicamente, la metafísica significa ‘más allá de la física’ y designa la parte de la filosofía que se ocupa del ser, es decir, de las propiedades de todo lo que existe.
Sus estudios en el campo de la ética son fundamentales. La ética aristotélica es teleológica, es decir, persigue el fin de la felicidad (*telos* = fin; felicidad = *eudaimonía*).
Para Aristóteles, la felicidad se alcanza practicando las virtudes:
La pauta ética más adecuada es buscar siempre el término medio, el equilibrio entre el exceso y el defecto. Este concepto, conocido como el justo medio aristotélico, se consigue practicando la virtud de la *prudencia*.
Tras la muerte de Alejandro Magno, se inicia la etapa de la Filosofía Helenística, que dio lugar a nuevas escuelas. Las tres escuelas principales se centraron en la cuestión de cómo alcanzar una existencia más feliz.
La ética estoica se basa en la aceptación del destino (*fatum*) y en la ausencia de deseo. Consideran que la imperturbabilidad del espíritu (*apatheia*) es la virtud de los fuertes. El ideal estoico es el del hombre capaz de permanecer inmutable ante los infortunios.
La ética epicureísta busca la felicidad en el placer de satisfacer las necesidades naturales (comer, beber, dormir) y en la serenidad del espíritu conseguida a través de la filosofía. Para los epicúreos, al no existir destino, la felicidad consiste en la ataraxia (ausencia de dolor y de perturbaciones).
Epicuro recomienda alejarse de todo aquello que perturba el espíritu, como la política, y dedicarse a lo que proporciona felicidad, como la amistad.
Para los escépticos, después de examinar cuidadosamente la realidad, consideran la imposibilidad de alcanzar verdades firmes, ya que nada se puede conocer con exactitud y certeza. Por tanto, la postura más sensata que debe tener el sabio es la abstención del juicio, que en griego se denomina epojé (renuncia total a saber algo con certeza y opinar con seguridad sobre cualquier tema).
En el siglo V finaliza el Imperio Romano y el cristianismo se consolida como religión oficial. Las Sagradas Escrituras son consideradas verdad inapelable, y la filosofía se ocupa de clasificarlas racionalmente. Así comienza la Edad Media.
La Patrística es la primera escuela filosófica cristiana medieval. Su máximo representante es San Agustín, quien aborda la relación fe-razón otorgando preeminencia a la fe sobre la razón.
A partir del siglo XI, la filosofía de Aristóteles regresa a Europa gracias a Averroes y Avicena (filósofos árabes). Nace así la Escolástica, que conjuga el aristotelismo y el cristianismo, siendo su máximo representante Tomás de Aquino.
En su obra Suma de Teología, Tomás de Aquino ofrece una demostración racional de la existencia de Dios a través de las Cinco Vías:
Influenciadas por el pensamiento aristotélico, platónico y árabe, estas vías tienen la siguiente estructura interna:
Para Tomás de Aquino, razón y fe se ayudan mutuamente, con la preeminencia de la razón sobre la fe.
En el siglo XIV surge el Nominalismo, representado por el fraile franciscano Guillermo de Ockham. Ockham critica uno de los principios básicos de la Escolástica: la existencia de los *universales*.
Para Ockham, los universales no tienen entidad real; son meros conceptos o creaciones humanas para ordenar el mundo y referirse a individuos particulares. Por ejemplo, la idea de bien de Platón o la bondad no existen como tales; solo existen acciones buenas y concretas.
