Portada » Filosofía » Pensamiento de Marx, Nietzsche y Arendt: Conceptos Fundamentales
Marx es uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX. Destaca por su interpretación de la realidad y de la historia, denominada materialismo dialéctico.
Desde esta perspectiva, el ser humano está en medio de la realidad, rodeado de una naturaleza transformada. Esta transformación se debe a la esencia del hombre: el trabajo. Al tener que trabajar para satisfacer necesidades, el hombre ha ido creando históricamente diversos sistemas económicos de producción de bienes. En este sentido, el ser humano ha de entenderse como producto del materialismo histórico.
La concepción antropológica es también materialista. La humanidad del individuo es fundamentalmente actividad y deriva del materialismo histórico, por lo que la conciencia del ser humano está determinada por las condiciones materiales. La conciencia es un producto social y el lenguaje surge por la necesidad de los intercambios en las relaciones sociales. De aquí deducimos que el humano sólo puede alcanzar su humanidad mediante el trabajo.
Además, estas condiciones materiales están influenciadas por la dialéctica y por su carácter histórico: la situación actual deriva de los modos de producción anteriores y no debe ser entendida, por tanto, como una verdad eterna, ya que las relaciones laborales cambian frecuentemente.
En la prehistoria, se da un comunismo primitivo en el que todos trabajaban por cooperación. El punto de inflexión es la división del trabajo y la propiedad privada, dando lugar al sistema económico capitalista. Marx concluye que el sistema capitalista aliena la mayor parte de su trabajo al trabajador, dando lugar a la cosificación del humano: el individuo no es más que una herramienta para que el capitalista obtenga beneficios (utilitarismo económico).
El término «alienación» se refiere al fenómeno de la proyección de las cualidades esenciales del humano fuera del individuo, y supone un alejamiento de su humanidad. Existen tres tipos:
En conclusión, la concepción antropológica de Marx ha de entenderse como una teoría de la economía, la sociedad y la historia desde una perspectiva materialista, dinámica y dialéctica. Estas tres dimensiones son el motor en la transformación de la conciencia humana.
A partir de la alienación del trabajo, la sociedad y la religión, pasamos a describir otro concepto clave: la ideología. La ideología es la representación de la realidad, del hombre y la sociedad en una época determinada. El conjunto de ideas de cada época define el modo de vida que sostiene, un conjunto de valores, creencias y, sobre todo, un modo de producción, casi siempre alienado y negativo.
El marxismo puede definirse como un materialismo dialéctico. La producción material y el trabajo sostienen la realidad y la historia es el agente capaz de identificar dichas formas. En la historia diferenciamos la historia de la naturaleza y la historia del humano. Ambos están cercanamente relacionados, ya que interaccionan mutuamente y dan lugar a un materialismo histórico.
La sociedad es una estructura compuesta por una infraestructura y una superestructura:
En cuanto a las relaciones de producción, según el momento histórico, Marx distingue dos formas generales: las relaciones de colaboración (todos son propietarios) y las relaciones de explotación (unos pocos disponen de los medios de producción).
Desde entonces, estas dos clases están en lucha permanente. Esta lucha de clases es el motor histórico, pero todo acabará con la desaparición de las clases sociales y la instalación del comunismo. La solución que plantea Marx es una transformación radical de la estructura económica y social a través de la revolución proletaria, instaurando primero una dictadura del proletariado como fase de transición, y finalmente alcanzando una sociedad comunista sin clases.
El pensamiento de Nietzsche es uno de los más polémicos y sus ideas son consideradas como la crítica más audaz a la cultura occidental desde el marco de la corriente vitalista.
La tesis de la que parte este autor es que el hombre posee diferentes facultades para orientarse e interpretar su existencia: los sentidos, los instintos… Sin embargo, la tradición filosófica ha encumbrado la razón, dejando de lado al resto de capacidades. Esto ha limitado la capacidad creadora en todos los aspectos de su vida.
Para empezar, critica la metafísica (voluntad de verdad) por su visión estática de lo real, influida por Parménides y Platón. Lo inmutable y lo fijo no existen; la realidad es movimiento y multiplicidad. Nietzsche analiza el lenguaje mediante el método genealógico. El lenguaje y los conceptos son invenciones humanas que expresan una imagen metafórica de la verdad. El filósofo compara los conceptos científicos y metafísicos con momias, ya que no contienen nada vivo. No hay, por tanto, una relación natural entre concepto y realidad, sino que muestran intereses y relaciones subjetivas. En este sentido, el autor afirma que la Verdad es la gran mentira.
Nietzsche también realiza una crítica hacia la corriente positivista. Frente a la aparente objetividad, afirma una postura subjetivista, escéptica y relativista. La propuesta de Nietzsche respecto a la realidad y al conocimiento implica la aceptación de la realidad como multiplicidad. El conocimiento no es la captación de la realidad oculta y estática mediante la razón, sino que ha de tomarse como perspectiva, interpretación subjetiva y estimación, basada en los sentidos. En cuanto a la verdad, habrá que considerar lo verdadero como aquello que sea útil en tanto permite estimar y afirmar la vida.
La visión que Nietzsche tiene del ser humano es una crítica directa a cómo la tradición filosófica occidental ha enfocado la existencia. El ser humano contemporáneo es descrito por Nietzsche como un individuo decadente, influenciado por el platonismo y el cristianismo, que han fomentado una visión negativa de la existencia terrenal.
Frente a esta figura, Nietzsche propone un ideal: el superhombre. Es un ser espiritualmente elevado, capaz de afirmar la vida en su totalidad, aceptando tanto sus momentos de gozo como sus inevitables sufrimientos. Es un «espíritu libre» que crea sus propios valores, guiado por su voluntad de poder. El camino hacia este superhombre se describe a través de tres transformaciones del espíritu:
La famosa expresión «muerte de Dios» es uno de los pilares del pensamiento nietzscheano. No se refiere a una negación de la existencia literal de Dios, sino a la pérdida de fe en los valores absolutos y trascendentes. La consecuencia directa es el nihilismo:
La ética de Nietzsche se articula en torno a la distinción de dos tipos morales:
Nietzsche propone un proceso de transvaloración de todos los valores para potenciar la vida. Finalmente, la idea del eterno retorno adquiere un papel crucial: el superhombre debe aprender a afirmar la vida incondicionalmente, amando su destino (amor fati).
Para Hannah Arendt, el ser humano desarrolla dos actividades fundamentales: la actividad teórica o contemplativa (vita contemplativa) y la actividad práctica (vita activa). Esta última se constituye en tres dimensiones:
La reflexión de Arendt sobre la moral surge de su análisis del totalitarismo. Distingue entre:
Arendt se autodenomina pensadora política. Para ella, la dimensión fundamental del ser humano es la acción. Analiza el totalitarismo (estalinismo y nazismo) como una forma política que destruye la pluralidad humana, convierte a las personas en «hombre masa» y elimina la capacidad de pensar. Frente a esto, defiende el Republicanismo, una democracia deliberativa con espacios de actuación política horizontales para preservar la libertad.
