Portada » Historia » Crisis, República y Guerra Civil: La España del Siglo XX
Alfonso XIII subió al trono en 1902 bajo la Constitución de 1876, que definía a España como una monarquía parlamentaria. El sistema bipartidista se mantuvo con figuras como José Canalejas y Antonio Maura, quienes intentaron responder a las exigencias de reforma y regeneración tras la grave crisis de 1898, buscando poner fin al caciquismo y al fraude electoral.
Se redujo la influencia de la Iglesia en la educación y la vida pública, se introdujeron leyes de protección social y se creó la Mancomunidad. Sin embargo, la reforma del servicio militar no terminó de realizarse, lo que provocó numerosos conflictos relacionados con la Guerra de Marruecos.
Entre 1919 y 1923, la conflictividad social entró en una espiral de violencia. Las huelgas obreras y campesinas por la mejora de sus condiciones laborales y salariales proliferaron, mientras que las organizaciones patronales y el gobierno favorecieron la creación de grupos armados contra los dirigentes.
El golpe de Estado militar empezó a fraguarse en 1921, tras el Desastre de Annual, donde murieron más de 10.000 soldados. Ante esta situación, en 1923, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado con el consentimiento real y el apoyo de sectores de la alta burguesía y políticos conservadores. El golpe se presentó como una alternativa provisional al sistema parlamentario.
La crisis económica de 1929 hizo perder la confianza en el dictador, y el rey lo sustituyó por el general Berenguer en 1930. Se convocaron elecciones municipales para el 12 de abril de 1931 como paso al regreso de la normalidad constitucional.
El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales. El triunfo republicano en las ciudades evidenció un deseo de cambio político. Ante la situación, el rey Alfonso XIII abandonó el país y el 14 de abril se proclamó la II República. Niceto Alcalá-Zamora convocó elecciones a Cortes constituyentes, donde los partidos republicanos obtuvieron la victoria, impulsando bajo la presidencia de Manuel Azaña una nueva Constitución.
La Constitución de 1931 tenía un carácter democrático y progresista:
Durante el llamado Bienio Reformista, el gobierno se centró en la modernización del país:
El reformismo enfrentó la oposición de la Iglesia, terratenientes y el ejército (golpe de Sanjurjo en 1932). En 1933, tras la dimisión de Azaña, se convocaron elecciones ganadas por las derechas (CEDA), dando paso al Bienio Conservador. La entrada de ministros de la CEDA en 1934 provocó la insurrección en Asturias y la proclamación del Estado catalán, duramente reprimidos.
En febrero de 1936, el Frente Popular ganó las elecciones, retomando las reformas y reinstaurando la Generalitat. El clima de tensión culminó con el asesinato de José Calvo Sotelo, lo que precipitó el golpe de Estado iniciado por Franco el 17 de julio de 1936.
La contienda se dividió en varias fases clave:
Apoyos internacionales: Alemania e Italia apoyaron a los rebeldes, mientras que la URSS apoyó a la República. Asimismo, las Brigadas Internacionales se sumaron a la causa republicana.
