Portada » Historia » Transformaciones Políticas y Sociales en la España del Siglo XVIII y la Segunda República
El ascenso de Felipe V (Borbón) al trono español desencadenó la Guerra de Sucesión (1701-1715), un conflicto internacional y civil. Mientras Castilla apoyó a Felipe, la Corona de Aragón respaldó al Archiduque Carlos de Austria por temor al centralismo francés. Pese a las derrotas exteriores, las tropas de Felipe V se impusieron en la península a partir de 1710. La guerra concluyó con los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714): Felipe fue reconocido rey a cambio de ceder territorios en Europa a Austria y otorgar privilegios comerciales en América a Gran Bretaña.
Para romper el aislamiento y recuperar influencia, España firmó los Pactos de Familia con Francia:
El cambio dinástico de comienzos del siglo XVIII supuso la implantación en España de un modelo absolutista inspirado en el de Luis XIV de Francia. El reinado de Felipe V (1701-1746) estuvo marcado por importantes reformas administrativas y políticas, dirigidas a fortalecer el poder real y crear un Estado más centralizado. Su sucesor, Fernando VI (1746-1759), mantuvo una política exterior de neutralidad armada y en el interior fomentó el inicio del reformismo ilustrado, que fue continuado y ampliado por Carlos III (1759-1788), máximo exponente del despotismo ilustrado español. Algunas de sus reformas fueron rechazadas, como en el Motín de Esquilache (1766).
Los Decretos de Nueva Planta (1707-1715) suprimieron las instituciones aragonesas y catalanas, e impusieron la uniformidad jurídica y administrativa en casi toda España. Se crearon secretarías (ministros) e intendentes (gobernadores provinciales), se estableció una centralización fiscal (Catastro de Ensenada) y se aplicó un regalismo eclesiástico, destacando la expulsión de los jesuitas.
Las reformas borbónicas tuvieron como objetivo modernizar la administración colonial y aumentar la recaudación fiscal. Se crearon nuevos virreinatos: Nueva Granada (1717) y el Río de la Plata (1776). Asimismo, se implantó el sistema de intendencias para mejorar la administración local y el control de la Corona.
En el aspecto económico, se intentó fomentar la producción colonial, pero el contrabando persistió. Para impulsar el comercio legal, se trasladó la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz y se estableció el libre comercio a finales del siglo XVIII. El aumento de la presión fiscal provocó tensiones sociales, como la revuelta de Túpac Amaru en Perú.
En el siglo XVIII se mantuvo la sociedad estamental, aunque la burguesía ganó peso. En economía, la agricultura intentó modernizarse sin éxito pleno. La industria evolucionó desde el mercantilismo de las Reales Fábricas hacia medidas liberales, como la abolición de gremios.
Culturalmente, España recibió la influencia de la Ilustración, basada en la razón y el progreso. Intelectuales como Jovellanos, Feijoo y Floridablanca propusieron reformas profundas, aunque chocaron con el inmovilismo de los grupos privilegiados.
Durante este periodo, el gobierno republicano-socialista emprendió transformaciones profundas:
En conclusión, el Bienio Reformista fue un intento ambicioso que fracturó el consenso republicano debido a la resistencia de las élites y la insatisfacción de los sectores revolucionarios.
El mapa representa la situación de España tras el golpe de Estado de julio de 1936. Se observa la división entre el bando sublevado y el republicano. El conflicto se inició el 17 de julio en Marruecos y se extendió a la península.
La primera etapa, conocida como la Guerra de Columnas (1936-1937), se caracterizó por movimientos rápidos de tropas hacia Madrid. A pesar del avance de las fuerzas de Francisco Franco, la República mantuvo el control de las principales zonas industriales. La guerra finalizó en 1939 con la victoria sublevada, dando paso a una dictadura de casi cuarenta años.
