Portada » Filosofía » Fundamentos de la Ética Universal: De Kant a Savater y la Conciencia Moral
Se identifican tres momentos o fuentes fundamentales que configuran la ética universal:
Entregados por Dios a Moisés en el Sinaí. De los diez mandamientos, tres tienen un carácter religioso y los siete restantes poseen un carácter ético. Estos últimos establecen principios fundamentales:
Considerado el corazón del Evangelio. Señala que la presencia de Dios es la única capaz de renovar el corazón humano, siendo una condición indispensable para una paz integral que abarca la vida personal, social y espiritual. El Reino de Dios es el fruto de la práctica de las Bienaventuranzas, cumbre de las enseñanzas y la vida de Jesús.
En este marco, la Iglesia no interviene directamente. Muchos propusieron fundamentar la humanidad en Dios, pero esto se evitó debido a que numerosas guerras y conflictos se originaron por creencias religiosas.
El tema central de nuestro tiempo ético es el interés para realizar el bien de los hombres concretos. Esto se articula en dos proposiciones:
La ética se centra en la reflexión sobre la felicidad, basada en el interés y la disposición por el bien de los otros. Lo que verdaderamente importa a la ética es la vida feliz.
(Nota: El contenido original de esta sección era una tabla vacía, se omite su representación visual aquí, pero se mantiene la sección.)
Kant estructuró la filosofía en torno a cuatro preguntas esenciales:
La metafísica es una filosofía más profunda. Conocer no es idéntico a pensar, pero pensar conduce al conocimiento. Kant resolvió el problema metafísico del ser y la nada. Para los religiosos, todo proviene de Dios. Para Kant, el problema central era el noúmeno (las cosas en sí mismas, la esencia), el cual el hombre no puede conocer; solo conocemos el fenómeno, el ser tal como se nos aparece. Kant sostenía que el espacio y el tiempo son categorías racionales que nos permiten nombrar y conocer las cosas tal como se nos presentan. Según Gazo, Kant cree en Dios, pero afirma que no podemos conocerlo.
El hombre debe aplicar la ética para darse una buena vida. La ética es comunitaria; un hombre solo no puede conocerla. El hombre debe pensar, expandir sus pensamientos más allá de sus sueños, dando vida al pensamiento.
¿Cuándo es válida una norma? Cuando es aceptada por quienes se ven afectados por ella, por las mayorías. Esto transforma completamente la ética.
La fe implica saber por qué se cree y saber lo que se espera. La fe no es ética en sí misma, pero una fe que vulnera la ética no es la fe de Cristo. Se trata de la fe, la esperanza, la religión.
Dime qué piensas, cómo eres, qué sueñas, y entonces sabré qué hombre eres.
Los animales están programados naturalmente para ciertas acciones; el hombre no. La libertad está en la naturaleza humana. La mayor parte del sufrimiento humano es responsabilidad del hombre y está ligada a la ética. La libertad consiste en la posibilidad de elegir qué hacer y qué no hacer, siempre con miras al bien común, esto es la ética.
El animal está programado naturalmente; no puede ser éticamente bueno ni malo. Poseen instintos y, a veces, afectos, pero carecen de discernimiento, actuando por instinto. Ante un estímulo determinado, su respuesta es siempre la misma. El hombre, en cambio, posee afecto, instinto, razón y fe; ante un estímulo, puede tener distintas respuestas. Todo esto se resume en la libertad.
En El arte de vivir, el hombre es simultáneamente el artista y el objeto de su arte, el escultor y el mármol, el médico y el paciente. Nuestra inteligencia es libre y sabia, y tenemos un conjunto de proyectos. Se trata de escribir nuestra propia historia al mismo tiempo que la hacemos, realizando buenas acciones por nuestros semejantes.
La máxima «Haz lo que quieras» es una forma de tomarse en serio el problema de la libertad, reconociendo la responsabilidad creadora de escoger el propio camino. Atrévete a darte una buena vida. La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor.
Se distinguen por un criterio formal y uno material:
Solo disponemos de cuatro principios morales:
La libertad es la facultad humana para decidir según la dicotomía (sí o no). Siempre será buena en cuanto es un elemento de la naturaleza humana integral y nos hace ser lo que somos: humanos. Lo bueno o lo malo reside en el contenido de nuestras acciones.
El niño no comprende los límites ni las razones; vive en su dimensión de inconsciencia inocente, lo que le hace ser niño. El niño, por el simple hecho de serlo, ya está realizado.
El adulto comprende razones, y la conciencia es el elemento que determinará sus respuestas ante los estímulos del mundo exterior.
Libertad y responsabilidad están entrelazadas. Libertad sin responsabilidad no sería libertad, sino una distorsión degenerada llamada libertinaje. Este consiste en desplazar la conciencia de su primer lugar, supeditándola a los instintos sensitivos del hombre, que son inconscientes. Esto nos aleja de la razón y, en una vida en sociedad, nos lleva a desconocer los límites de nuestro derecho respecto a los derechos de los demás, pues no se está en el estado psicológico y consciente llamado responsabilidad.
Porque al ser niño se tiene poco conocimiento de la vida y de la realidad, ya que no se sabe la diferencia entre lo bueno y lo malo. También se obedece por miedo y por respeto.
La diferencia radica en que las termitas luchan y mueren porque tienen que hacerlo, sin poderlo remediar. Héctor, en cambio, sale a enfrentarse a Aquiles porque quiere. Las termitas son soldados programados y no pueden desertar. Héctor tenía la libertad de decidir no hacerlo, pero a pesar de poder desistir, se enfrentó a Aquiles. Por eso se levanta un monumento: para admirar su valor.
Hay que aprender a enseñar y a obedecer el camino correcto para llegar a la autonomía.
No puedes tener buena vida si no das buena vida a los demás. La buena vida humana es buena vida entre los seres humanos; de lo contrario, puede que sea vida, pero no será buena ni humana. Para que los demás me hagan humano, debo hacerles humanos a ellos. Si para mí todos son bestias o cosas, yo no seré mejor que una cosa o bestia tampoco. Por eso, darse la buena vida no puede ser algo muy distinto a dar la buena vida.
El imbécil es el que necesita un bastón para caminar. No nos referimos al bastón usado legítimamente para sostenerse, sino al que se apoya en cosas externas, ajenas a la libertad y la reflexión propia, que afecta a los ánimos. El imbécil puede ser ágil físicamente, pero carece de apoyo interno.
Sí, el que quiere lo mejor para sí mismo. ¿Y qué es lo mejor? La buena vida. Para ello, necesitamos conciencia para entender que para vivir bien necesitamos algo que solo otros humanos pueden darnos (amor, afecto, amistad, respeto), y que es imposible robar por la fuerza o el engaño. Solo deberíamos llamar egoísta consecuente a aquel que sabe de verdad lo que le conviene para vivir bien y se esfuerza por conseguirlo.
Fundamentalmente en los siguientes rasgos:
Porque no deja a uno vivir la buena vida que queremos.
Sí, y estas creencias provienen de nuestra cultura o formación. Hoy día el divorcio es aceptado; hace 100 años se consideraba inaceptable.
Las personas deben ser tratadas como tales. El trato humano consiste en ponernos en el lugar del otro, aceptando la evidente semejanza entre nosotros que es la propia humanidad.
Para ello, hay que tener en cuenta sus derechos y comprender sus razones, amar al otro, tomarle tan en serio como a uno mismo. Como decía Shakespeare: «Los hombres están hechos de la sustancia con que se tejen los sueños». Esto no consiste en ocupar el lugar del otro, sino en relativizar el propio interés. Hay un interés común a todos los hombres: el de vivir como humanos. Ponerse en el lugar del otro tiene mucho que ver con la justicia, no la justicia escrita, sino la que brota de la libertad de cada uno: ese pequeño amor por el otro.
Es buscar dentro de ti lo que los semejantes necesitan.
Son la parte intuitiva; a veces no son suficientes para crear juicios morales. Por lo tanto, la solución es acudir a la parte crítica, reflexiva, para sopesar, decidir y crear un juicio moral.
Ambas son finalidades difíciles de encontrar y son dos dones fundamentales sobre los cuales se ha movido la ética. La justicia no produce necesariamente la felicidad personal.
Lo recto, lo correcto, lo que se debe hacer es «ser bueno», ser justo con la ética y no solo con las normas del derecho.
Hay diversas formas de definir la justicia:
Según Santo Tomás: Si a cada uno le corresponde dar lo suyo, es porque supone un acto precedente.
Primero se da el sentimiento de injusticia, necesario para saber qué es justicia. Luego se comenzó con el trueque (la balanza). Savater dice que si justicia es dar a cada uno lo suyo, dicho acto supone otro acto precedente. Así evoluciona la justicia como virtud: justicia = ser justo, bueno, de acuerdo a normas jurídicas y morales.
Es una convicción de misericordia ante el sufrimiento ajeno. La bondad en acción es hacer el bien; «la creación máxima de la inteligencia humana es la bondad». Esto es hacer el bien y evitar el mal. La fe nos dice que la compasión es el amor que se da haciendo el bien. El pensamiento chino es la creencia en la bondad natural del hombre.
La bondad en acción es hacer el bien; «la creación máxima de la inteligencia humana es la bondad».
Es el encuentro con el otro que sufre.
Mencio desarrolla esta idea: «La naturaleza del hombre es naturalmente buena, así como el agua fluye naturalmente hacia abajo» (Chan 52). Esta bondad innata podría desarrollarse mediante la educación, la autorreflexión y la disciplina.
Pero, si el hombre es bueno por naturaleza, ¿por qué no alcanzamos lo que debería resultarnos natural?
La Biblia presenta una visión contrastante: el hombre fue creado a imagen de Dios y era originalmente bueno. Sin embargo, debido a la Caída (Génesis 3), el hombre es pecador y está en rebelión con Dios. Por lo tanto, su tendencia natural es desobedecer los mandamientos de Dios y complacerse a sí mismo.
La experiencia revela el sufrimiento a todos. Tomarse al otro en serio, poniéndose en su lugar, implica reconocer su dignidad y simpatizar con sus dolores (por error propio, accidente o necesidad biológica). Para alcanzar la ciudad feliz (felicidad objetiva o política), la sociedad debe garantizar asistencia comunitaria y ayuda a quienes menos pueden ayudarse a sí mismos, a través de la compasión. Quien desea la vida buena para sí mismo, según el proyecto ético, debe desear también que la comunidad política se base en la libertad, la justicia, la asistencia y el respeto a los derechos humanos.
Todos seremos juzgados por el amor, pero la justicia puede y suele ser el certificado de credibilidad del amor.
El amor romántico es sentimental y sus manifestaciones no expresan mucho. El amor práctico se refiere a una actitud de ser generoso y bondadoso con el otro.
Marcuse, estando enfermo, le dijo a Habermas: «Ya sé dónde se origina la ética: en nuestra compasión. El sentimiento de las injusticias en los demás o en nosotros mismos hace surgir la justicia allí, con esa compasión».
La sexualidad realiza la vida humana y abarca varios niveles antropológicos:
Alude al crecimiento, madurez y ayuda a construir el yo. La relación sexual debe ser un acto de conocimiento del yo y del otro. Ayuda a crecer y ayuda al otro, por lo cual es buena.
Anteriormente, se consideraba que la masturbación y las relaciones prematrimoniales eran motivo para ir al infierno. Igualmente, la Iglesia señalaba que los métodos anticonceptivos iban en contra de uno de los fines últimos del matrimonio.
Se deben establecer normas para el comportamiento sexual. El sexo puede proyectar el bien como individuos y consta de una autonomía.
Solo el placer no puede combatir el gran proyecto ético porque este último es un sostén.
Tener plena conciencia sobre la importancia con la cual se debe abordar la sexualidad, ya que lo sexual puede atentar contra la libertad humana.
