Portada » Lengua y literatura » Panorama Histórico y Literario de España: Claves del Modernismo y la Generación del 98
El Modernismo es un movimiento literario de finales del siglo XIX y comienzos del XX que surge como reacción al Realismo y pretende renovar el lenguaje literario mediante el culto a la belleza y al arte. Suele datarse su inicio en 1888, con Azul de Rubén Darío. Surge en un contexto convulso influido por Bergson y Nietzsche, y en España coincide con la Restauración y la pérdida de las últimas colonias.
El Modernismo mezcla elementos del Parnasianismo (búsqueda de perfección formal y arte puro) y del Simbolismo (subjetividad, musicalidad, gusto por lo sugerente). Aporta, además, el intimismo de Bécquer y Rosalía de Castro. Destaca por:
Introduce innovaciones formales. En los temas aparecen el malestar vital, el desencanto, el cosmopolitismo, el hedonismo, el indigenismo y el panamericanismo.
Nace en América Latina, con precursores como José Martí o Gutiérrez Nájera, y su primera etapa culmina hacia 1896. Con Prosas profanas, Rubén Darío impulsa un modernismo brillante y sensorial, y en Cantos de vida y esperanza añade mayor preocupación social. Otros autores hispanoamericanos relevantes son Lugones y Guillermo Valencia.
En España, el Modernismo se manifiesta en dos tendencias:
Juan Ramón Jiménez evoluciona desde un modernismo inicial hacia una etapa intelectual (Diario de un poeta recién casado) y finalmente una etapa pura. En narrativa modernista sobresale Valle-Inclán con Sonatas, sobre el marqués de Bradomín, y también Platero y yo de Juan Ramón Jiménez.
La Generación del 98 agrupa a autores afectados por el desastre de 1898 que adoptan una actitud crítica. Les influyen pensadores como Nietzsche y Miguel de Unamuno. Se distinguen por su preocupación moral y social. Cultivan un lenguaje sobrio, evitan los excesos modernistas y se interesan por temas históricos, políticos y el paisaje castellano. En narrativa, ensayo y poesía tratan el problema de España.
También destaca la periodista y novelista Carmen de Burgos, centrada en la lucha social y el feminismo. La novela del 98 presenta estructura abierta, tiempo y espacio imprecisos, personajes individualistas y un estilo impresionista. Ejemplos: Pío Baroja, La busca, y Azorín, La voluntad.
Antonio Machado conecta Modernismo y 98: comienza con musicalidad modernista y evoluciona hacia una poesía más sobria e intimista (Campos de Castilla, Nuevas canciones).
Se distinguen dos corrientes principales: la Realista, con Galdós y Emilia Pardo Bazán, y la Renovadora, con influencias europeas:
Conviven un teatro comercial, de gran éxito, y otro innovador, menos aceptado.
El más destacado es Valle-Inclán, que evoluciona desde un teatro mítico (Comedias bárbaras, Divinas palabras) a un ciclo de farsas, y finalmente al esperpento, género que deforma la realidad con intención crítica. Su obra culminante, Luces de bohemia (1920), narra la última noche del poeta ciego Max Estrella y es una crítica profunda de la sociedad española.
El Paleolítico en la Península Ibérica (1.400.000-7000 a. C.) está representado por fósiles como los de la Sima del Elefante y Homo Antecessor (Atapuerca). Los homínidos de este periodo son H. Antecessor, H. Erectus y H. Heidelbergensis (Paleolítico Inferior), H. Neandertal (Paleolítico Medio) y H. Sapiens (Paleolítico Superior). Vivían en pequeños grupos nómadas, en cuevas y refugios, unidos por lazos familiares, sin diferenciación social, y con uso del lenguaje. Su economía era depredadora, basada en la caza y recolección, con evolución hacia la caza especializada. Desarrollaron industrias líticas (achelense, musteriense, magdaleniense), útiles de hueso y con el H. Sapiens surge el arte parietal y mueble.
En el Paleolítico Superior destaca la pintura rupestre cantábrica, en cuevas como Altamira, con animales grandes, estáticos, naturalistas y policromos, interpretados como rituales mágicos. Entre el Mesolítico y el Neolítico (7000-4000 a. C.) aparece la pintura levantina, en abrigos naturales, con escenas de caza, danzas o recolección, de estilo esquemático y monocromo. En el Neolítico (desde el VI milenio a. C.) se introduce la agricultura y ganadería, útiles de piedra pulida, cerámica y telar. La población se sedentariza, aumenta la producción y surgen los excedentes, la división del trabajo y la diferenciación social, con culturas como los Sepulcros de Fosa en Cataluña y la Cerámica Cardial en Levante.
Entre el 1200 a.C. y el siglo III a.C. se desarrolla la Protohistoria en la Península Ibérica. Tartesos fue una civilización avanzada en el suroeste, con reyes, comercio, minería y escritura. Los celtas, pueblos indoeuropeos, se asentaron en el norte y centro, vivían en castros y trabajaban el hierro. Los celtíberos surgieron del contacto entre íberos y celtas. Los íberos, en el sur y Levante, tenían organización estatal, escritura propia y arte destacado (Dama de Elche).
Los fenicios fundaron colonias como Gadir y difundieron la escritura y el torno alfarero. Los griegos crearon colonias como Emporion y trajeron el olivo, la vid y la moneda. Los cartagineses ocuparon el sur y sudeste, fundando Cartago Nova e Ibiza. Su política fue más militar que comercial, lo que causó conflictos con Roma. Estas culturas dejaron una profunda huella en la futura civilización hispana.
La conquista romana de Hispania tuvo 3 etapas. La primera (218-197 a. C.) comenzó con la II Guerra Púnica y conquistó el este y sur peninsular. La segunda (155-133 a. C.) incorporó el centro y oeste tras vencer a celtíberos (Numancia) y lusitanos (Viriato). La tercera (29-19 a. C.), bajo Augusto, completó la conquista con las guerras cántabras y astures. Tras la victoria, Roma impulsó la romanización, es decir, la adopción de su cultura y modo de vida.
Se difundió la vida urbana, el asentamiento de colonos y la ciudadanía romana. El territorio se dividió en provincias: Citerior y Ulterior, luego Tarraconense, Lusitania y Bética. La economía se basó en la esclavitud y en la exportación de minerales y garum. La sociedad se dividía en libres y esclavos, con extensión progresiva de la ciudadanía. El latín sustituyó las lenguas locales y permitió una rica literatura (Séneca, Lucano, Quintiliano, Marcial). Se introdujo el Derecho romano y el cristianismo se difundió desde el siglo I. El arte romano dejó un gran legado: templos, teatros, acueductos, puentes y murallas (Mérida, Segovia, Lugo).
La economía andalusí fue muy rica gracias al regadío, nuevos cultivos y gran comercio. Destacaron las artesanías como sedas, cordobanes y damasquinados, y el uso del dinar y dirham. La sociedad estaba dominada por árabes y sirios; bereberes, muladíes, mozárabes y judíos eran mayoría. Los judíos vivían en juderías y se dedicaban al comercio, medicina y finanzas. La convivencia cultural brilló en la Escuela de Traductores de Toledo con Alfonso X. Al-Ándalus impulsó la ciencia, filosofía y arte, con figuras como Averroes y Maimónides. Del arte hispanomusulmán destacan la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada.
