Portada » Historia » Transformaciones sociales, económicas y políticas en la España del siglo XIX y XX
La población española experimentó un crecimiento continuado durante el siglo XIX, pasando de 11 millones en 1800 a 18,6 millones en 1900, gracias a la disminución de la mortalidad por mejoras en la alimentación y avances médicos. No obstante, este crecimiento fue lento debido a:
El desarrollo de los transportes (ferrocarril y barcos de vapor) impulsó el éxodo rural hacia las ciudades y una emigración masiva hacia Sudamérica entre 1880 y 1914. En el ámbito social, aunque persistían valores del Antiguo Régimen, la vida urbana se modernizó con el alumbrado de gas, el teléfono y el tranvía, mientras surgían nuevas corrientes como el Krausismo y la Institución Libre de Enseñanza.
Para paliar la deuda pública y la baja productividad, los gobiernos liberales impulsaron:
La industrialización española fue lenta y dispersa, concentrándose en Cataluña (textil) y el norte (siderurgia). El ferrocarril, impulsado por la Ley de 1855, fue clave para la modernización, aunque su estructura radial y ancho de vía especial limitaron su eficacia comercial.
Tras el desastre de 1898, el reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por el Regeneracionismo, que buscaba modernizar el sistema político. Destacan figuras como Maura, con su intento de atraer a la «masa neutra», y Canalejas, con reformas sociales y la Ley del Candado. Este periodo culminó con la inestabilidad de 1917, el «Trienio Bolchevique» en Andalucía y el auge del pistolerismo.
Ante la crisis política y el desastre de Marruecos, Primo de Rivera dio un golpe de Estado en 1923. Su régimen se dividió en:
La oposición creciente (intelectuales, militares y republicanos) y la crisis de 1929 forzaron su dimisión, abriendo paso a la caída de la Monarquía.
Tras el Pacto de San Sebastián y las elecciones municipales de 1931, se proclamó la Segunda República. El Gobierno Provisional impulsó reformas profundas:
El Bienio Reformista (1931-1933) enfrentó una fuerte oposición de la derecha (CEDA) y de sectores anarquistas, culminando en la crisis de Casas Viejas y la derrota electoral de 1933.
