Portada » Ciencias sociales » Reflexiones Profundas sobre la Identidad Latinoamericana y el Pensamiento Crítico
Diversas denominaciones han sido aplicadas a la región, muchas de las cuales reflejan sesgos históricos y coloniales:
Estos nombres son considerados incorrectos porque preconizan las prevalencias de ciertos países o elementos raciales y culturales, corresponden a la época colonial, tienen un significado anacrónico e implican un desconocimiento de las culturas autóctonas. Somos el continente de grandes equivocaciones históricas respecto al nombre, al hombre y sus obras. El mundo desarrollado ve la imagen de nuestra patria grande en forma distorsionada y falsa.
El término INDOAMÉRICA responde a lo que en verdad somos; implica pertenencia a una realidad, no es excluyente, sino integradora (concepto defendido desde México en 1910). Su principal defensor fue Víctor Raúl Haya de la Torre.
José María Torres Caicedo (1830-1889), colombiano —periodista, diplomático, político y escritor radicado en París— es el primer hijo de nuestra América que utiliza este calificativo, en 1856. El nuevo nombre está asociado al anhelo de unidad de los países latinoamericanos: el unionismo como medio de defensa frente a la hegemonía de los más fuertes.
Francisco Bilbao (1823-1865), escritor y político chileno, también radicado en Francia, expone igualmente en sus obras la idea unionista de América Latina. Orrego denomina indistintamente Indoamérica y América Latina, refiriéndose a «nuestra América».
América debe ir hacia su americanización, ser ella misma, no la copia de realidades ajenas. Es imperativo terminar con el espíritu extranjerizante, con el plagio y el mimo extraño a nuestro ser. Existe una necesidad de educar para la toma de conciencia de esta americanización.
«Si el pensamiento no sirve para superar y mejorar la vida, ¡abajo el pensamiento!»
«Pensar y obrar no son términos antinómicos sino correlativos y complementarios».
El pensamiento debe ser creativo y autónomo si queremos lograr una cultura nueva. Se debe combatir el rastacuerismo intelectual.
¿Cómo debe responder América Latina frente a la cultura?
La respuesta debe ser original a sus propios problemas y deberá abarcar pensamiento y acción, la voluntad de ser y la voluntad de poder, pertenencia y pertinencia, capacidad y vigor, partiendo de nuestra identidad. Esto constituye la Filosofía del desarrollo.
La ESTÉTICA es la disciplina filosófica que trata de la belleza (arte) como el más alto valor por el cual el hombre penetra al centro del universo, al conocimiento, y a este lo identifica con Dios. La ciencia y la estética son compatibles en la producción del nuevo conocimiento. Los artistas distinguen belleza donde otros no la ven.
El hombre solo expresándose se relaciona con el mundo, se conecta con los demás hombres y es por esta condición que alcanza su humanidad. Se invitó a intelectuales a emprender la búsqueda del Perú y de América Latina. Se combatió el colonialismo mental y se opuso todo dogmatismo.
Su filosofía es la expresión vivificante de una realidad asimilada por el pensamiento para transformarla en beneficio de seres humanos de carne y hueso. El objeto de su filosofía es el pensamiento histórico o trascendente, no el pensamiento fugaz o intemporal.
El hombre, más que un ser pensante o racional, más que un ser ético, afectivo, social o de relación con su entorno, es un ser estético. Lo último que cae y muere en el hombre es el artista, el ser expresivo, la necesidad de realizar belleza. El ser estético por excelencia es el hombre, porque es un hombre eminentemente expresivo (percibe, aprecia y crea belleza).
La ÉTICA es la disciplina filosófica cuyo objeto de estudio es la moral. Cada hombre es por sí mismo un ejemplar moral.
Se aspiró a que, en el futuro, el hombre viva en una nueva dimensión ética: el reemplazo de la rigidez de ciertas normas morales por la flexibilidad de una moral más amplia.
Se postula: “No hay más cobardía que no hacer tu acción o no decir tu palabra. Que ésta sea tu moral”.
Orrego es una muestra de integridad moral, ejemplaridad ciudadana, honestidad acrisolada. Como intelectual, político y ciudadano, Orrego dijo e hizo lo que pensó, consecuente con sus ideas y vivió plenamente su moral.
