Portada » Prehistoria, Edad Antigua y Reino Visigodo en la Península Ibérica: resumen completo
Paleolítico y Neolítico
Los primeros homínidos. El Australopithecus apareció en el Cuerno de África hace 4-5 millones de años (la famosa Lucy, hallada en Etiopía). Hace 2,5 millones de años surgió el Homo habilis, el primer humano. Después vinieron el neandertal (300.000 a. C.-30.000 a. C.), extinguido por causas desconocidas, y el Homo sapiens (desde hace unos 200.000 años), que llegó a convivir con él. En la península el primer homínido conocido es el Homo antecesor, de hace 800.000 años, hallado en Atapuerca (Burgos).
Paleolítico: (1.000.000-8.000 a. C., «piedra antigua»). Se usaban piedras talladas. El ser humano era cazador-recolector, nómada y vivía en grupos de 15-20 personas, sin división del trabajo. Se divide en tres etapas:
Mesolítico (12.000-8.000 a. C.). Es una fase de transición. El calentamiento global puso fin a la glaciación de Würm e inició el Holoceno, y se extinguieron los grandes mamíferos.
Eso redujo la caza, y el mayor conocimiento del medio llevó a la domesticación de animales (perro, cabra, vaca, caballo, cerdo) y al descubrimiento de la agricultura (centeno, lentejas, mijo, trigo). Aparecen los primeros asentamientos permanentes (Jericó), lo que se conoce como Revolución neolítica, que llegó a la península hacia el 6.000 a. C. por migraciones.
Neolítico (6.000-3.000 a. C. en la península, «piedra nueva»). Con agricultura, ganadería y sedentarización aparecen los excedentes, y con ellos el comercio (trueque) y la cerámica para almacenarlos. Se descubren la rueda y la navegación costera. Surge la propiedad privada, la división social del trabajo y las primeras ciudades-Estado, y con la escritura cuneiforme (Sumeria, 3000 a. C.) acaba la Prehistoria. En la península destaca la Cultura de Almería (5.000-3.000 a. C.) y el arte rupestre levantino, esquemático, con escenas de caza, recolección y danza en abrigos rocosos (Minateda, Cueva de los Caballos).
Edad de los Metales (3.000-800 a. C.):
Las colonizaciones orientales. Durante el I milenio a. C. llegan a la península pueblos culturalmente más avanzados, atraídos por el comercio de metales (cobre, estaño, oro, plata), los salazones y las salinas. Dejaron un gran legado: el olivo, el torno alfarero, la moneda, el alfabeto, el impulso a la vida urbana y el arte, y el uso de esclavos.
Fenicios (desde el 1100 a. C., de Tiro, en el actual Líbano). Llamaron a la península Ispinya («tierra de conejos»). Fundaron colonias como Gadir. Desde el 573 a. C. entran en declive por la caída de Tiro en manos de los persas y sus colonias pasan a depender de Cartago.
Griegos (desde el 600 a. C.). Los focenses, desde Masalia (Marsella), colonizaron la costa levantina. Su principal colonia fue Ampurias (575 a. C.), además de Rhode (Rosas) y Hemeroskopeion (Denia). Llamaron «Iberia» a la península por el río Ebro. Dejaron huella en el arte, la agricultura (olivo), la arquitectura y la lengua.
Púnicos (Cartago). Tras perder Sicilia en la I Guerra Púnica (264-241 a. C.), se centran en Iberia por sus metales y fundan Cartagonova (227 a. C.).
Tartessos. Es una cultura íbero-fenicia del área de Huelva, formada por pueblos ibéricos que evolucionaron por el contacto con los púnicos. Fue el primer estado propio e independiente de la península y desapareció hacia el 500 a. C. por causas desconocidas.
Los pueblos prerromanos:
Íberos (vertiente mediterránea, origen poco claro). Compartían lengua y religión y estaban influidos por fenicios y griegos. Su economía se basaba en la agricultura, la minería y el comercio, y de los colonizadores tomaron la moneda y la escritura. Vivían en ciudades amuralladas gobernadas por la aristocracia, en una sociedad jerarquizada. Eran buenos jinetes y usaban la espada falcata. La mujer tenía un papel social y religioso importante (Dama de Elche, Dama de Baza). Practicaban la incineración, con urnas y ajuares. Destacan turdetanos, bastetanos, contestanos y otros.
Celtas (vertiente atlántica, llegados del norte de Europa hacia el 1200 a. C.). Eran galaicos, astures, cántabros, lusitanos, etc. Más atrasados por su aislamiento, aunque fueron los primeros en practicar la metalurgia del hierro. Vivían de la ganadería, la recolección y la pesca, en poblados fortificados llamados castros. Junto a ellos vivían los vascones, de origen desconocido y cultura propia.
Celtíberos (centro peninsular). Mezcla de íberos y celtas (arévacos, lusones). Dominaban la metalurgia del hierro y vivían en aldeas fortificadas.
La conquista romana (218-19 a. C.). Empieza con el desembarco de Escipión en Ampurias (218 a. C.) y se hace en tres fases:
Costa mediterránea (218-201 a. C.). La II Guerra Púnica estalla cuando Aníbal arrasa Sagunto. Escipión vence a los cartagineses y conquista Cartagonova (209) y Gades (206).
Centro y oeste (154-133 a. C.). Hay gran resistencia, con las Guerras Lusitanas (Viriato) y las Celtibéricas (sitio de Numancia, donde los numantinos prefieren incendiar la ciudad antes que rendirse).
Norte (29-19 a. C.). Con las Guerras Cántabras, Augusto somete a cántabros, galaicos, astures y vascones.
La romanización es el proceso por el que Roma impone su lengua (el latín), su cultura y su modo de vida. Sus focos fueron las ciudades y las calzadas, y sus difusores, los soldados y comerciantes. Fue más intensa en el sur y el levante, y más débil en el norte. Hispania se dividió en provincias:
Aspectos de la romanización:
Economía. Roma explotó los metales y la agricultura (vid, olivo, trigo), la ganadería, los salazones y la artesanía. Se extendió el denario y se construyó una red de calzadas (Vía Augusta, Vía de la Plata, Vía de Astúrica).
Urbanismo. Se ampliaron ciudades antiguas y se fundaron otras nuevas (Barcino, Cesaraugusta, Emérita, Tarraco, Lucus, Itálica). Las ciudades podían ser municipios, federadas (libres de impuestos) o estipendiarias (pagaban tributo).
Sociedad. Había ciudadanos romanos (patricios y plebeyos), población hispana libre pero sin derechos políticos, y esclavos. El Edicto de Caracalla (212) dio la ciudadanía a todos los libres. La mujer pasó a un papel secundario. Hispania dio emperadores como Trajano, Adriano y Teodosio.
Religión. Los romanos trajeron una religión politeísta, que se mezcló con la íbera (sincretismo). Con el cristianismo hubo persecuciones, hasta que Constantino lo legalizó (Edicto de Milán, 313) y Teodosio lo hizo oficial (Edicto de Tesalónica, 380).
Legado. El latín (base de las lenguas romances, solo pervivió el vasco), el derecho romano y las obras públicas (acueducto de Segovia, puente de Alcántara, teatro de Mérida, murallas de Lugo).
La crisis del Imperio (siglos III-V). Tras la máxima expansión con Trajano, la peste antonina frenó las conquistas. Siguió una cadena de problemas: escasez y encarecimiento de esclavos, abandono de cultivos, inflación, ruina de comerciantes y artesanos, enfriamiento climático, guerras civiles e invasiones germánicas. Las consecuencias fueron la ruralización, la huida de las ciudades, el crecimiento de los latifundios con campesinos sin tierra y una servidumbre que anuncia la Edad Media. El Imperio se dividió en 395 con Teodosio, y la parte occidental se arruinó.
El Reino visigodo de Tolosa (418-506). Los hunos (375) empujaron a los pueblos germanos hacia el Imperio. En 406 entraron en Hispania suevos, vándalos y alanos. Los visigodos, tras saquear Roma (410, Alarico), se establecieron en la Galia y en Hispania. Roma firmó con ellos un pacto (foedus, 418, Walia): se asentaban como aliados a cambio de luchar contra otros bárbaros. Así nació el Reino de Tolosa, independiente de hecho desde 476, con la caída del último emperador, Rómulo Augústulo. La Iglesia católica quedó como la única institución heredera de Roma.
El Reino visigodo de Toledo (507-711). Los francos de Clodoveo derrotaron a los visigodos en Vouillé (507). Estos se replegaron a Hispania y formaron el Reino de Toledo. Eran solo el 5 % de la población, y su monarquía electiva y su organización clánica generaban inestabilidad. Al principio tenían un dominio parcial del territorio, con zonas fuera de su control (Reino suevo, Córdoba, la Orospeda, la cornisa cantábrica). Los bizantinos de Justiniano, llamados por Atanagildo, aprovecharon para quedarse con el sur (provincia de Spania, 552-624). Su importancia radica en que fue el primer estado independiente de toda la península, con capital en Toledo.
El Estado visigodo descansaba en cuatro pilares:
Evolución: el intento de unificación.
Cultural: Leovigildo autorizó los matrimonios mixtos entre godos (arrianos) e hispanorromanos (católicos), y los visigodos acabaron adoptando el latín vulgar.
Territorial: Leovigildo pacificó a astures, cántabros y vascones y anexionó el Reino suevo (585). Suintila expulsó a los bizantinos (624), y por primera vez Hispania quedó unificada.
Religiosa: Recaredo se convirtió al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589) para ganarse a los hispanorromanos. La minoría judía fue perseguida, y Égica llegó a decretar su exterminio (694).
Jurídica: Recesvinto (654) promulgó el Liber Iudiciorum, un código común para ambas comunidades.
La crisis y el fin del reino. Desde la segunda mitad del siglo VII hubo enfriamiento climático, malas cosechas, hambrunas, peste y revueltas campesinas (bagaudas). La población bajó de 4 a 3 millones. Se sumó la división del clero por el matrimonio de los obispos, legalizado por Witiza, y el enfrentamiento entre dos clanes nobiliarios (Bética y Tarraconense). En 710 murió Witiza y estalló el conflicto entre su hijo Agila II y Rodrigo. A comienzos de 711, mientras Rodrigo combatía a los vascones en el norte, los witizianos pidieron ayuda a Musa, valí del Califato omeya en África, para vencerle. Con esa petición se abre la entrada musulmana en la península.
