Portada » Lengua y literatura » Poesía Española entre 1914 y 1936: Novecentismo, Vanguardias y Generación del 27
En el desarrollo de este periodo nos referimos al marco cronológico situado entre 1914 (fecha en que se considera liquidado el movimiento modernista) y 1936, momento en que se produce la disolución de la Generación del 27 como grupo a consecuencia de la Guerra Civil Española. En este periodo coinciden dos movimientos renovadores fundamentales de la poesía española: el Novecentismo, representado por Juan Ramón Jiménez, y los poetas de la Generación del 27, quienes serán los encargados de incorporar a la lírica nacional algunas de las características más disruptivas de los movimientos de vanguardia europeos.
El Novecentismo es un movimiento intelectual que surge en torno a la Primera Guerra Mundial. No constituye una verdadera generación literaria, sino un grupo de autores que comparten una nueva mentalidad intelectual y literaria que rechaza todas las manifestaciones artísticas del siglo XIX (el Ochocientos). Se trata de creadores con una sólida formación académica y una reputada carrera profesional (filósofos, científicos, juristas…) que muestran un firme compromiso con la realidad española y comparten ideales reformistas y europeístas.
El Novecentismo, coetáneo de las vanguardias europeas, comparte con ellas las siguientes características:
Son un conjunto de tendencias artísticas (también llamadas «Ismos») surgidas en Europa a partir de 1908 que tienen su apogeo en la década de los veinte y comienzan a decaer a finales de la misma, sustituidas por un movimiento de rehumanización y compromiso. El rasgo característico de todos ellos es su deseo de romper violentamente con los conceptos del arte heredados del siglo anterior (incluido el Modernismo en España). Esta ruptura se manifiesta en el rechazo del subjetivismo y de la sentimentalidad romántica, así como en el rechazo de la concepción del arte como mímesis (imitación) de la realidad y de la concepción racional del arte.
Sus características principales se dividen en los siguientes movimientos:
Rechazan el arte como representación de realidades externas a favor de la representación de las tensiones espirituales internas. Para ello, distorsionan las formas para expresar sentimientos y emociones generalmente atormentadas. En España, este movimiento pudo influir en el esperpento de Valle-Inclán.
Se caracteriza por su tono rupturista y violento hacia todo lo anterior y su defensa de la modernidad; de ahí la exaltación de principios como la fuerza, la guerra —considerada como la «higiene del mundo»— o la presencia de temas como los adelantos técnicos (automóvil, aeroplano, etc.) y la velocidad. A ellos se debe el descubrimiento de lo que se llamó la «escritura en libertad», es decir, no sujeta a las trabas que impone la lógica (abolición de la sintaxis, de la puntuación, de adjetivos y adverbios para conseguir una mayor rapidez) que después desarrollaría el Surrealismo bajo el concepto de escritura automática.
Surge a la vez en Suiza, impulsado por Tristan Tzara, y se extiende a Alemania y Francia. Rechazan la cultura de su tiempo utilizando métodos expresivos deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo y lo irracional. Algunos de estos métodos pasaron posteriormente a los surrealistas.
Nace en 1924 con el primer manifiesto de André Breton, poseyendo un tono insolente y revolucionario. Pretende la representación de una nueva realidad total en la que se dé entrada también, y especialmente, a todo aquello que rebasa la lógica: el mundo de los sueños y el subconsciente (bajo la clara influencia de Freud). Desarrollan la técnica de la escritura automática, la metáfora irracional, la técnica del collage y el verso libre.
Surge en España y toma elementos de todas las vanguardias. Entre sus características destacan la ruptura del discurso lógico, la exaltación de la modernidad, la eliminación de lo sentimental y lo personal, la renovación de la metáfora y la introducción de innovaciones tipográficas.
Desarrollado por el chileno Vicente Huidobro, buscaba crear la propia realidad en el poema mediante la construcción de imágenes nunca dichas, evitando que el arte fuera una mera copia de la naturaleza.
