Portada » Historia » Oposición Política y Evolución del Movimiento Obrero en la España de la Restauración
El sistema canovista instauró en España un modelo muy restrictivo, en el que amplios sectores de la sociedad no tenían derecho a participar ni posibilidad de identificarse con las dos opciones políticas presentes en el Parlamento. Estos colectivos reivindicaban una mayor participación y un modelo de Estado más democrático. Contaban con pocos miembros, personalidades distinguidas y eran grupos de presión que controlaban redes de padrinazgo e influencia que llegaban desde Madrid a cada provincia, y desde el gobernador civil de cada provincia a los caciques locales.
Había algunos partidos fuera del sistema, pero conseguían escasos votos y menos diputados. Por la derecha, los grupos carlistas evolucionaron en el sentido de construir y enfatizar tendencias católicas y adoptaron una estrategia de política muy agresiva. A partir de 1888 se produjo una escisión importante dentro del carlismo que dio como resultado la formación de un partido integrista con mucha influencia en los círculos radicales: el Partido Católico Nacional. A partir de 1890, el marqués de Cerralbo estuvo al frente del carlismo, reconstruyéndolo como un moderno partido de masas, centrado en asambleas locales. Además, realizaban acciones sociales, lo que llevó al carlismo a una participación activa de oposición al sistema político de la Restauración como Comunión Tradicionalista.
En cuanto a la izquierda, surgió en España la necesidad de adoptar ideologías cuya prioridad fuera mejorar las condiciones de la clase obrera. En 1879 nació en Madrid el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), formado por un grupo de tipógrafos entre los que se encontraba Pablo Iglesias. El partido se declaró de ideología marxista. Su consolidación fue muy difícil en el ambiente represivo de la Restauración. A pesar de su lenta expansión, consiguió consolidarse en Madrid y en algunas zonas industriales de Vizcaya y Asturias.
Por otro lado, todavía existía un amplio sector republicano encabezado por los seguidores de Pi i Margall, Salmerón y Castelar. La desaparición de los líderes republicanos tradicionales propició la irrupción de nuevas ideas que facilitaron el restablecimiento de la conjunción republicana bajo la denominación Unión Republicana. Surgieron modernos partidos republicanos que planteaban la democratización del país y la separación entre Iglesia y Estado. El mejor ejemplo fue el Partido Radical, creado en 1908 por Alejandro Lerroux. También de ideología republicana nació en 1913 el Partido Reformista, encabezado por Melquíades Álvarez.
Los grupos nacionalistas aparecieron a partir de la década de 1880. Durante el reinado de Isabel II se habían desarrollado las bases del nacionalismo español. El modelo de Estado diseñado por los liberales tuvo una acusada vocación centralista y castellana. Esta concepción histórica de la nación fue recogida por Cánovas y la Restauración. El nacionalismo español encontró serias dificultades para su plena socialización a causa de la debilidad del Estado, lo que favoreció la emergencia de otros discursos. Los cambios sociales y económicos acontecidos en el último tercio del siglo XIX favorecieron la aceptación de un discurso diferenciador.
Las transformaciones en el mundo del trabajo, derivadas del capitalismo, comportaron la formación de la clase obrera. El impulso de las primeras acciones reivindicativas y políticas forjó una práctica que tendría sus principales exponentes en el ludismo, el cartismo y la revolución de 1848. A pesar del relativo retraso de España con respecto a la industrialización, desde mediados del siglo XIX nacieron dos formas contrapuestas de ver la sociedad: la propia de la burguesía, receptora de las nuevas corrientes filosóficas y culturales, y la correspondiente con el mundo obrero, cada vez más sensibilizado con la necesidad de modificar las relaciones sociales y con una creciente militancia en ideologías y partidos surgidos desde mediados del siglo.
Los cambios en el mundo del trabajo provocaron conflictos aislados e incluso motines. Comenzaron a surgir asociaciones de trabajadores, organizadas en torno a un mismo oficio y a nivel local, para unirse, posteriormente, con diversas localidades, agrupando diferentes oficios. Se desarrollaban movimientos radicales que propugnaban reformas democráticas y reclamaban derechos y libertades. Ned Ludd lideró la destrucción de 60 telares cerca de Nottingham y pronto su hazaña adquirió una dimensión mítica. Los luditas consideraban que las máquinas agredían los intereses de los trabajadores porque provocaban paro y disminución de los salarios. Destacan en España los movimientos luditas de Alcoy y Barcelona.
A partir de 1840, con la experiencia de su lucha y el soporte de las ideas del socialismo utópico, los obreros comenzaron a organizar agrupaciones propias para luchar por sus propios intereses. Surgieron de esta manera las Sociedades de Socorro Mutuo, de manera clandestina. En 1855 tuvo lugar en España la primera huelga general. Se desarrolló únicamente en la provincia de Cataluña, pero por la repercusión que tuvo, se habla de ella como de la primera huelga general de España. Se inició debido a que el Capitán General de Cataluña, el general Zapatero, llevó a cabo una política de represión del movimiento obrero, prohibiendo las asociaciones obreras y anulando los acuerdos entre patronos y trabajadores. Esta política represiva fue la que desencadenó la huelga general.
La huelga se extendió del día 2 al 11 de julio y tuvo un seguimiento masivo. Los huelguistas exigían:
La huelga finalizó con las promesas vagas de Espartero de escuchar a los trabajadores.
A partir de finales de los 50, el número de trabajadores organizados en asociaciones obreras era ya muy importante. Fue surgiendo entre la clase trabajadora una conciencia de pertenencia a la misma familia que les llevaría a la formación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Se organizó en secciones nacionales y se establecieron acuerdos para impulsar los movimientos obreros dentro de cada país, luchando por conseguir:
En España se fundó la Federación Regional Española de la A.I.T. En ella convivieron dos tendencias ideológicas: la marxista y la bakunista. Se estableció entre ambas un debate que acabaría por acentuarse después de la ruptura de la AIT en 1872, dando lugar a la formación de la Federación de Trabajadores de la Región Española de influencia bakunista.
El movimiento obrero sufrió un duro golpe con la llegada de la Restauración; sin sufragio universal, los obreros quedaron fuera de la política hasta 1890 y por ello muchos se mantuvieron escépticos ante las propuestas de reforma de los partidos y aceptaron ideas de lucha obrera directa. El Partido Socialista Obrero Español defendía la lucha pacífica y la participación en las elecciones municipales y generales para llevar a los obreros al poder. Tuvo dificultades para imponerse al anarquismo al ser minoritario en el movimiento obrero, y se extendió sobre todo en el País Vasco, Asturias y Madrid. En 1888, en Barcelona, surgió un sindicato del partido para defender su opción laboral: la Unión General de Trabajadores (UGT).
