Portada » Educación Artística » Obras Maestras del Renacimiento Italiano: Escultura y Pintura
Se trata de una escultura en mármol de bulto redondo, de pie y de dimensiones colosales. La obra se realiza sobre un gran bloque de mármol de Carrara defectuoso ya usado con escasas posibilidades creativas. Se usa la técnica de extracción de talla. Es una obra monocromática, pues no se policromó el mármol. El tratamiento es pulimentado con un modelado suave y con curvas. Las calidades táctiles son de suavidad. La figura está en contrapposto pero con características propias. La obra representa un movimiento en potencia, el cuerpo está en tensión. El rostro transmite fortaleza e ira, tensión y calma aparente, como preparándose para la acción; es una muestra de la terribilità. El rostro transmite fortaleza e ira, tensión y calma aparente, como preparándose para la acción; es una muestra de la terribilità, y un canon largo. La anatomía es atlética. En general se nos muestra un cuerpo perfecto, bello e idealizado.
No es una obra al fresco, sino que la hizo con óleo, aceite y barniz. La pared estaba húmeda y la pintura pronto empezó a deteriorarse. A pesar de las restauraciones, está en mal estado de conservación. El tema capta el momento en que Cristo anuncia la traición a la que se verá sometido por uno de sus Apóstoles. La angustia y el estupor se reflejan en los gestos de los Apóstoles. Por su parte, Judas permanece impasible. Existe un equilibrio entre colores. La luz es suave y clara, genera claroscuro, contraste de luces y sombras. Hay dos focos de luz. La composición es simétrica: en el centro está Cristo, resaltado por la ventana del fondo, y en él confluyen las líneas de fuga de la perspectiva. Hay un esquema triangular de Cristo y también hay estructuras cuadradas. El uso de la perspectiva es excelente, coincidiendo el punto de fuga con la cabeza de Cristo y con la ventana central del fondo. El conjunto se enmarca en el muro del refectorio. La profundidad se crea con perspectiva lineal y perspectiva aérea.
La luz rebota en la piel de su rostro, dejándola lisa, suave, natural. La composición es piramidal, el vértice es su cabeza proporcionando equilibrio. La expresión cambia al mirarla de uno u otro lado siendo entre sonriente y nostálgica. La dama retratada aparece sentada en un sillón delante de un paisaje montañoso; la posición de su cuerpo es un escorzo lateral. Representación de medio cuerpo enmarcada por dos columnas, dos focos de atención. Nada parece temporal. Leonardo lleva al extremo más refinado el sfumato y el tratamiento lumínico a través del claroscuro. El espacio es un paisaje con profundidad que resalta lo enigmático de la sonrisa. Hay perspectiva aérea. Las gamas de color son frías con tonos azules y plateados. La línea del horizonte no coincide, pues es más baja a nuestra izquierda, y arrastra la mirada hacia abajo. Es más alta a nuestra derecha, y arrastra la mirada hacia arriba.
Las fuentes literarias de esta obra son Las Metamorfosis de Ovidio, y un poema de Poliziano que describe un fresco del pintor Apeles, de la misma temática. Es una figura estilizada, en contrapposto, con un rostro dulce que expresa melancolía. Tiene una composición piramidal, el personaje central es el que capta toda la atención y hacia él convergen el resto de las figuras. Se generan dos diagonales en torno al eje de simetría que es Venus. La obra no tiene mucha perspectiva, sólo la que se crea a través del mar y la vegetación. Predomina una paleta de colores clara. Una luz uniforme, proveniente de nuestra derecha, recorre la escena y modela las figuras y el entorno sin grandes contrastes de luces y sombras. Las figuras son ligeras, esbeltas, sinuosas y sensuales, dando sensación de ingravidez. La escena transcurre en un paisaje idealizado. Esta Venus se identifica también con la Virgen y el bautismo.
La obra fue encargada por el Papa Julio II. Se ubica en un espacio rectangular, amplio, cubierto con una bóveda rebajada. Miguel Ángel decidió abordar la pintura del techo, de enormes dimensiones, como pintor, arquitecto y escultor. Por ello incorporó pictóricamente en la bóveda un sistema arquitectónico gigantesco en el que encuadraron 343 imágenes. La superficie es rectangular y extensa, todo es un espacio ilusionista que antecede al ilusionismo barroco. Es de gran importancia el dibujo. Los colores son vivos y brillantes con fuertes contrastes; no existe un foco de luz como tal, la bóveda está iluminada por ventanales laterales. Las escenas son claras. La bóveda rectangular está dividida en secciones triangulares y rectangulares, generando simetría y equilibrio. La figura humana está influenciada por su escultura, ya que los cuerpos son grandiosos, con fuerte musculatura, tensión, se retuercen y se mueven en posturas complejas. Estas adoptan distintas situaciones y posturas. Todo está en un lenguaje neoplatónico en el que armoniza a la perfección lo religioso y lo pagano.
La obra fue encargada por Cosme de Médici debido a que se casaba Lorenzo. Es una estatua de bulto redondo, donde se representa de pie una figura; ubicada sobre una columna de mármol. La función de la obra era conseguir la belleza, representar al hombre como tema, en este caso la juventud. La imagen, aunque es religiosa, no intenta mover a la fe ni a las emociones sino conseguir algo bello. Representa a un joven desnudo, excepto por unas calzas y un sombrero con guirnaldas típico de la zona toscana, típico de los jóvenes florentinos. La escultura tiene gran armonía y equilibrio, da una sensación de suavidad. La luz incide sobre el bronce y crea brillos; la luz natural se difunde homogéneamente, aportando sensación de serenidad. La composición es verticalidad, con forma de S invertida, ascendente. Predominan las formas curvas, ya que la figura está en contrapposto. La obra refleja el tema bíblico del Antiguo Testamento del enfrentamiento entre judíos y filisteos.
