Portada » Educación Artística » Obras Maestras de la Pintura del Siglo XIX: Del Romanticismo al Impresionismo
Óleo sobre lienzo, Museo del Louvre, París.
El cuadro representa los sucesos que tuvieron lugar en París durante los días 27, 28 y 29 de julio de 1830, llamadas las Tres Jornadas Gloriosas, en las que grupos de jóvenes republicanos se levantaron contra las ordenanzas que la monarquía acababa de promulgar y que restringían la libertad de los ciudadanos. Estos hechos provocaron la caída de Carlos X y su sustitución por Luis Felipe de Orleans, el llamado «Rey Burgués».
Delacroix, en este cuadro, nos recuerda los acontecimientos de la mañana del 28. La mujer, con el torso desnudo, que representa a la vez la Libertad y a Francia, porta en su mano derecha la bandera tricolor y en la izquierda el fusil. Le acompañan miembros de las diferentes clases sociales: un obrero, un burgués (el del sombrero de copa y el arcabuz, del cual se piensa que es un autorretrato), un menestral que blande un sable, un adolescente, mujeres, etc.
Sus siluetas quedan perfiladas a contraluz sobre el fondo del incendio; entre el humo, a la derecha, se distinguen a lo lejos las torres de Notre Dame y los edificios próximos. Los personajes se mueven, se agitan, levantan las armas y gritan con gestos que logran transmitir un sentimiento de fuerte patriotismo.
La composición se inscribe en una pirámide cuya base son los cadáveres que han caído en la lucha contra la tiranía, y en lo alto de la pirámide se encuentra la bandera. Los lados vienen definidos por el palo de la bandera y el fusil; en el otro lado, los brazos agitados del muchacho continúan hasta el punto más alto de la bandera.
El gesto de la mujer y del muchacho desprenden un impulso de avance hacia el espectador y transmiten fuerza y energía. La pincelada suelta y la luz irreal crean una atmósfera dinámica y agitada que envuelve a la figura de la Libertad y disuelve el fondo. Todas las formas están recorridas por un movimiento ondulante.
Óleo sobre lienzo, National Gallery, Londres.
La obra representa un tema absolutamente novedoso: un tren, el Great Western Railway, atraviesa velozmente un puente, probablemente el Maidenhead Railway Bridge sobre el Támesis, bajo la lluvia.
Una línea horizontal divide la composición en dos mitades casi iguales. La parte superior la ocupa todo el cielo y la inferior el puente sobre el río que atraviesa el tren. Los oscuros bordes del puente y las líneas paralelas de los raíles se prolongan hacia un punto lejano en el horizonte, desde el que avanza el tren hacia el extremo inferior derecho del cuadro, por el que de un momento a otro desaparecerá, creando ese efecto de movimiento y velocidad.
El artista capta de forma prodigiosa la luz y la atmósfera, difuminando los colores mediante una técnica de raspadura que permite que se transparenten unos sobre otros. Los tonos amarillos del cielo aparecen a veces iluminados por el blanco, a veces ensombrecidos por los azules, reservándose los tonos más oscuros para el tren y el puente.
La pintura de Turner irá siendo cada vez más abstracta, desviándose de la representación concreta de un tema para centrarse en la atmósfera y los efectos lumínicos. Para ello, utilizará una técnica innovadora a base de amplias manchas de color, toques puntillistas y esgrafiados en la pintura. Turner intenta imitar la acuarela en la pintura al óleo. En la obra, Turner representa la impotencia e indefensión del ser humano ante la fuerza de la Naturaleza.
Óleo sobre lienzo, Museo d’Orsay, París.
En la obra aparecen un hombre y una mujer que han interrumpido su trabajo para rezar el Ángelus. Están recogiendo patatas que, una vez puestas en sacos, serán transportadas en un pequeño carretillo hasta el pueblo que se ve al fondo.
El artista, de origen campesino, plasma una escena llena de sencillez e intimismo sobre las duras condiciones de vida del campesinado. En una escena simple, quiere fijar los ritmos inmutables de los campesinos. El pintor busca dotar a sus figuras de una gran dignidad, situándose en una atmósfera impregnada de religiosidad y añoranza de una vida sencilla.
La pincelada es vaporosa y tiene un colorido apagado y sobrio. Al principio, sus obras fueron rechazadas por la burguesía ya que, al ver que eran temas de la vida cotidiana de los campesinos y obreros, creyeron que Millet podía ser un «peligro socialista». Poco a poco se fueron aceptando.
Óleo sobre lienzo, Museo d’Orsay, París.
En el año 1874 tiene lugar la primera exposición de los impresionistas. La exposición causó escándalo. El título de uno de los cuadros, Impresión, sol naciente de Monet, inspiró al crítico Leroy el calificativo irónico de «impresionistas». La afluencia de público superó todas las expectativas; la gente hacía cola para ver estas obras tan raras y echarse unas risas (o indignarse) a costa de ellas. Este lienzo de Manet fue el cuadro estrella de la exposición.
En esta obra, Manet se inspira en un grabado de Raimondi y en la obra «El concierto campestre» de Tiziano. Lo que hace Manet es trasladar esta escena mitológica a su propia época, pintando también a dos hombres vestidos y dos mujeres desnudas (o casi). El problema es que no son musas, sino chicas normales que se han quitado la ropa para bañarse en el río. Si Manet no hubiese pintado el vestido de una de ellas en el suelo, la obra no habría suscitado tanta polémica, ya que podrían haber pasado por figuras mitológicas.
El cuadro fue muy criticado también en lo estilístico. El fuerte contraste de tonos claros y oscuros, sin apenas transición entre unos y otros, hacía que las figuras parecieran planas, sin volumen. Manet utiliza el color a base de tintas planas y sin claroscuros. La luz se funde con el color y las sombras son simples manchas puestas una encima de la otra.
La escena tiene lugar en un bosque en el que discurre un riachuelo, y aparecen representadas, en primer término, tres figuras humanas:
Manet se convirtió, a partir de esta obra, en el modelo a seguir para los impresionistas.
