Portada » Filosofía » La Transformación de la Condición Humana tras Darwin: Perspectivas Filosóficas
El cambio de la concepción del ser humano tras la teoría de Darwin marca un antes y un después en la historia del pensamiento. Antes de este paradigma, el ser humano se consideraba ontológicamente distinto a los demás animales debido a la razón, la inteligencia, la moral, la religión y la organización social. Se recurría a un origen divino para justificar nuestra esencia, otorgándonos un sentido determinado y garantizado por los dioses como seres necesarios.
Tras Darwin, surge una explicación natural satisfactoria, pero aparecen problemas fundamentales: la contingencia (surgimos por azar), la ausencia de una esencia fija y la necesidad de que el ser humano dote de sentido a su propia existencia.
En Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873), Nietzsche aborda al ser humano como un cuerpo más dentro de la naturaleza. El vitalismo destaca la importancia de la inteligencia emocional, los impulsos, las pasiones y la singularidad biográfica. El autor nos compara con otros animales, subrayando que nuestra supuesta centralidad es una ilusión antropocéntrica.
En Una dificultad del psicoanálisis (1917), Freud reflexiona sobre cómo el ser humano dejó de considerarse el soberano de la Tierra. El autor señala que el amor propio humano sufrió su primera gran ofensa: la ofensa cosmológica, al comprender que no somos el centro del universo.
En el Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política (1859), Marx introduce el materialismo histórico. Aquí, la libertad absoluta es cuestionada: «No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia». Los intereses y la mentalidad individual están condicionados por la posición social y el momento histórico.
En Del sentimiento trágico de la vida (1912), Unamuno explora la lucha entre la razón y el corazón. El vitalismo se manifiesta en la figura del «hombre de carne y hueso», aquel que nace, sufre y muere. Se enfatiza la íntima biografía y la imposibilidad de elegir nuestros impulsos vitales más profundos.
En Historia como sistema (1935-1945), Ortega y Gasset defiende que «la vida nos es dada» pero no hecha. El ser humano tiene la obligación de elegir y decidir en cada momento, asumiendo la responsabilidad de su propia existencia. La vida es, esencialmente, un quehacer.
En el Libro del desasosiego (1913-1935), Pessoa conecta con el existencialismo al afirmar que «todo es absurdo». El autor reflexiona sobre la posición social y el trabajo humano, subrayando que, ante la falta de un sentido intrínseco, es el individuo quien debe construir su propio significado en un mundo contingente.
