Portada » Filosofía » La crítica de Nietzsche a la metafísica occidental: Del platonismo al devenir
Durante el siglo XIX se originó una gran variedad de corrientes de pensamiento y movimientos culturales. Entre ellas destaca la filosofía de Friedrich Wilhelm Nietzsche.
Nietzsche, filósofo alemán, realizó una de las críticas más radicales a la cultura occidental, la cual, según él, sufría una crisis provocada por el racionalismo. En este punto nace su filosofía que, junto a Darwin y Marx, afirma que la derrota de la razón es evidente.
En esta redacción nos centraremos en la crítica de Nietzsche a la metafísica. Al igual que Hegel, Nietzsche abordó toda la historia de la metafísica, pero con una intención opuesta: mientras Hegel quería salvarla, Nietzsche buscaba destruirla.
Nietzsche consideraba su propia filosofía como un “platonismo al revés” o “metafísica al revés”. Esto implica que, en última instancia, el propio Nietzsche lucha por salir de las mallas de la metafísica tradicional.
Para Platón, la auténtica realidad es “la idea”, una realidad que está más allá de lo físico (meta-física). Esta teoría se sostiene sobre principios fundamentales:
Nietzsche sostiene que Platón utiliza el lenguaje para construir esta forma de pensamiento. Las reglas gramaticales determinan las concepciones del mundo: el lenguaje llena la realidad de sustancias y sujetos. La gramática nos hace creer que toda acción tiene detrás un sujeto, cuando la realidad, según Nietzsche, es solamente devenir; solo existe la acción.
En Platón y Aristóteles, la negación del mundo sensible y la afirmación del inteligible se fundamentaban metafísicamente. Con el cristianismo, esta fundamentación se vuelve religiosa: negamos el mundo material porque aquí no podemos ser felices, buscando la felicidad en un mundo inmaterial.
Otros elementos clave en esta crítica son:
Más tarde, Kant, tras la crítica ilustrada al mundo sobrenatural, limita el conocimiento al mundo sensible, aunque admite el mundo inteligible como fundamento racional de la libertad y la moralidad.
Nietzsche argumenta que debemos renunciar a la lógica gramatical (la estructura sujeto-predicado) para reflejar un pensamiento vivo. Propone buscar nuevas fórmulas expresivas, más audaces e irónicas, que permitan separar conceptos que parecían idénticos y unir aquellos que parecían irreconocibles.
Para Nietzsche, la construcción del “mundo verdadero” es síntoma de una vida descendente. La realidad es tan solo devenir, multiplicidad y cambio. Si todo es devenir, no existe ningún sentido escondido por debajo o por encima de él.
Nietzsche identifica el mundo verdadero con la idea de Dios, una característica que atraviesa desde Aristóteles hasta el idealismo alemán. Al considerar el mundo “verdadero” como una fábula o fantasía, el hombre sale de la oscuridad del mundo inteligible para ingresar en la claridad del mundo sensible.
Finalmente, con la figura de Zaratustra, se inicia la filosofía nietzscheana: nos encontramos en el mediodía de la humanidad, donde se abandonan las sombras por la luz. El mundo que espera es el mundo físico, la Realidad, el auténtico ser.
