Portada » Historia » Historia de los Reinos Cristianos Peninsulares: Reconquista, Sociedad y Cultura (Siglos VIII-XV)
A comienzos del siglo VIII, los cristianos resistieron en la Cordillera Cantábrica. Allí surgió el Reino de Asturias, que poco a poco se expandió por Cantabria, hasta llegar al valle del Duero, un espacio deshabitado, donde los cristianos fueron fundando distintos pueblos y ciudades.
Los reyes más importantes de este territorio fueron:
La capital del reino pasó a León, por lo que a partir del 910 el Reino de Asturias pasó a llamarse Reino de León.
Castilla era la parte oriental del Reino de León (actuales Cantabria y norte de Burgos). Bajo el mandato del conde Fernán González (923-970) se independizó. Más tarde, en 1035, se convirtió en reino bajo Fernando I (1035-1065), quien logró conquistar varios territorios en la meseta norte a los musulmanes y, más tarde, el propio Reino de León. A su muerte, los territorios de Fernando I se repartieron entre sus hijos, pero Alfonso VI unificó Castilla y León de nuevo. Además, este rey conquistó la ciudad de Toledo en 1085.
A su muerte, Castilla y León se separaron hasta 1230, cuando Fernando III unió estos reinos de manera definitiva y convirtió a la Corona de Castilla y León en el estado más poderoso de la Península Ibérica.
Portugal fue un condado que surgió en el siglo XI tras la conquista de Braga y Oporto. En 1150 se convirtió en un reino independiente que lograría conquistar Lisboa y, más tarde, Faro en el sur (1240).
En torno al siglo VIII, el Reino de Pamplona apareció entre el País Vasco y Navarra. Uno de los reyes más importantes fue Sancho III el Mayor (1000-1035), quien unió Pamplona con otros territorios como León, Castilla o Aragón, aunque luego los dividió entre sus hijos. El Reino de Pamplona pasó a llamarse Reino de Navarra en el siglo XII.
El Reino de Aragón tiene sus orígenes en los territorios que conquistó Carlomagno en el norte de Aragón. Más tarde, el Condado de Aragón pasó durante un tiempo a depender del Reino de Pamplona. En 1035, se convirtió en un reino independiente con Ramiro I. Su capital fue Jaca.
Al igual que Aragón, los Condados Catalanes surgieron al norte de Cataluña, a partir de los condados que fundaron los carolingios. El más importante fue el Condado de Barcelona, que con el tiempo logró unificar el resto de los territorios catalanes. Tras Wifredo el Velloso, el Condado de Barcelona dejó de rendir vasallaje a los reyes francos, por lo que se convirtió en independiente.
Entre los siglos VIII y XV, los cristianos lucharon contra los musulmanes por el dominio de la Península. Los cristianos se presentaron como los sucesores de los visigodos, de ahí la idea de Reconquista y la consideración de que su lucha era justa. Igualmente, tenían una idea de cruzada, es decir, que su guerra estaba bendecida por Dios debido a que los musulmanes profesaban otra religión.
La expansión de los cristianos se hizo a lo largo de varios siglos y tuvo avances y retrocesos. Por lo que podemos dividirla en distintas fases:
Coincide con el surgimiento de Asturias, Navarra, los condados de Aragón y los catalanes. Más tarde apareció Castilla. Los estados cristianos avanzaron muy lentamente y repoblaron las tierras desocupadas, en zonas como el río Duero.
Mientras Al Ándalus se dividió en varios reinos de taifas, los distintos reinos cristianos avanzaron gracias a una mejor situación económica y al aumento de la población.
Aunque hubo dos invasiones islámicas del norte de África (almorávides y almohades) que frenaron los avances cristianos, los musulmanes no pudieron recuperar los territorios perdidos.
Navarra, Castilla y Aragón vencieron a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. A partir de ahí, los cristianos comenzaron a conquistar el resto de territorios, salvo Granada.
Tras una época de inestabilidad, Castilla y Aragón se unieron tras el matrimonio de los Reyes Católicos. Cada territorio mantuvo sus leyes y moneda, pero compartían el mismo ejército y la misma política exterior. Bajo el reinado de Isabel y Fernando, se conquistó el Reino Nazarí de Granada (1492) y se inició la conquista de América el mismo año.
Después de 1230, el Reino de Castilla se expandía por Asturias, Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía. Era un solo estado en el que el rey tenía un gran poder. También tenía un parlamento (las Cortes) donde estaban representados los clérigos, los nobles y los representantes de las ciudades. Pero no tenían apenas poder frente al rey. Las Cortes asesoraban al rey en el tema de las leyes y votaban los impuestos que este quería recoger para sus proyectos. Otras instituciones eran el Consejo Real (que ayudaba al rey en las tareas de gobierno) y la Hacienda. En el siglo XIV, el reino vivió diversos problemas que acabaron con el ascenso de la dinastía de los Trastámara, quienes reforzaron el poder del rey.
A partir del siglo XIII, la reactivación del comercio y la artesanía ayudó a que las ciudades crecieran cada vez más (como Toledo, Burgos o León). El principal recurso producido por Castilla era la lana que se exportaba a Flandes (actual Bélgica) para que allí la trabajasen y la hicieran vestidos.
A partir del siglo XIII, la Corona de Aragón estaba compuesta por tres estados: Aragón, los Condados Catalanes y Valencia. Cada territorio tenía sus propias leyes y parlamento propio, pero todos ellos compartían el mismo rey y ejército. Cada parlamento (aragonés, catalán o valenciano) controlaba su territorio y en ellos estaban representados la nobleza, el clero y las ciudades. Pero, a diferencia de Castilla, compartían el poder con el rey, sobre todo en el tema de los impuestos. Otras instituciones eran las Haciendas de cada reino y los consejos reales.
Desde el siglo XIII, los artesanos y comerciantes fueron teniendo una mayor importancia, lo que reactivó a las ciudades. De hecho, los territorios de la Corona de Aragón comerciaban con todo el Mediterráneo, por lo que Barcelona o Valencia fueron dos de las ciudades más importantes de Europa.
Para consolidar sus conquistas, los cristianos expulsaban a la mayoría de los musulmanes de los territorios ocupados e instalaban a sus propios pobladores. Dependiendo de la época, se hizo de una forma u otra:
Como el resto de las sociedades feudales, la población de los reinos cristianos se dividía en privilegiados (nobles y clérigos) y no privilegiados: los campesinos y el resto de la población.
El rey gobernaba por la gracia de Dios. Era la máxima autoridad y era el jefe del ejército, también acuñaba moneda y era el máximo juez. Según los territorios, su autoridad variaba a finales de la Edad Media. En Castilla, los reyes tenían mucho poder, aunque tuvieron que luchar contra la nobleza entre los siglos XIII y XV, para imponerse a ellos. Finalmente lo hicieron, imponiendo funcionarios públicos en el campo (los merinos) y en las ciudades (los corregidores), que limitaban el poder de los señores en los feudos y de los comerciantes en las ciudades. En la Corona de Aragón, los reyes dependían de los parlamentos de cada territorio, mientras en Navarra los nobles tenían mucho poder.
Los privilegiados eran la nobleza y el clero. La nobleza se dedicaba a la guerra. Al principio vivían en castillos, pero más tarde se trasladaron a las ciudades. La principal fuente de riqueza de la nobleza eran sus feudos, donde obtenían sus recursos económicos y gobernaban a la gente que vivía en ellos. Entre la nobleza, se dividía en alta nobleza, la más cercana al rey y que tenía los feudos más ricos, y la baja nobleza, los caballeros y otros nobles de menor fortuna.
La Iglesia se dividía en el alto clero y el bajo. Las fuentes de riqueza del clero eran los feudos y las donaciones de los fieles. El alto clero era el más rico y poderoso; a él pertenecían los arzobispos, los obispos y abades. En el bajo clero, estaban los sacerdotes, monjes y frailes. El clero se dedicaba a las actividades religiosas, la caridad y a la cultura.
Entre los caballeros y los monjes, estaban las órdenes militares. Eran órdenes religiosas de monjes-soldado dedicados a la guerra santa, las cruzadas. Estas instituciones tenían muchas tierras y aldeas. Las más importantes eran Santiago, Calatrava o Alcántara. Con el tiempo, en estas órdenes, sus miembros se dividieron entre los que eran solo monjes y los que eran solo caballeros.
Al igual que en toda Europa, los grupos privilegiados levantaron varios castillos, como el de la Mota (Medina del Campo), el monasterio-castillo de Uclés o los monasterios de las Huelgas y de Santas Creus, donde se desarrollaron las lenguas peninsulares.
La mayor parte de la población pertenecía al grupo no privilegiado. Principalmente, las personas se dedicaban a la agricultura de secano (trigo, olivo, vides). No obstante, conforme los cristianos fueron conquistando los territorios del sur, también adquirieron los cultivos de regadío propios de los musulmanes.
La servidumbre no estuvo presente en toda la Península. En el norte, no había, mientras que en el sur, se implantó tras el siglo XIII. En cuanto a la ganadería, fue un sector muy importante en Castilla, ya que la lana de las ovejas se exportaba a otros países para transformarse en ropa.
Poco a poco, los avances económicos permitieron el surgimiento de una nueva clase social, llamada la burguesía. Este sector se dedicaba al comercio y la artesanía. Aquí hay que distinguir entre la alta burguesía (los dueños de las compañías comerciales y los primeros bancos) y la baja burguesía (los tenderos y artesanos). Por otra parte, los artesanos se agrupaban en gremios, asociaciones de trabajadores de un mismo sector que regulaban la producción y ayudaban a sus miembros más pobres.
Entre los siglos VIII y X, la economía era de subsistencia, teniendo una gran importancia la agricultura y la ganadería. Estos sectores producían pocos recursos, por lo que eran frecuentes las hambrunas y la gente vivía muy pocos años.
Esta situación cambió en el siglo XI. El clima mejoró, lo que favoreció a las cosechas. Con una mejor alimentación, la población aumentó y se hizo necesario seguir aumentando la producción. Las nuevas herramientas, los abonos y las nuevas tierras favorecieron ese crecimiento económico hasta el siglo XIV, por lo que las ciudades volvieron a ser importantes, por el desarrollo de la artesanía y el comercio. Además, los reinos cristianos comerciaron con otros países europeos, de África o incluso de Asia, con el desarrollo de nuevos caminos y nuevas rutas marítimas, destacando sobre todo la Corona de Aragón.
La sociedad de los reinos cristianos era muy religiosa. Su fe se basaba en que Dios había enviado a su hijo Jesucristo para morir y resucitar por la humanidad, trayendo la salvación a todos los creyentes. El mensaje de Jesús era transmitido por la Iglesia, encabezada por los arzobispos y obispos y transmitida por los monjes y sacerdotes.
Igualmente, la gente depositaba su fe en la Virgen y en los santos, ya que ellos mediaban entre Dios y los seres humanos. En este sentido, fueron muy importantes las peregrinaciones a los sitios donde estaban enterrados santos famosos o donde se conservaban las reliquias, objetos relacionados con Cristo y los santos. Un sitio muy famoso de peregrinación fue la ciudad de Compostela. Allí, se dijo que estaba enterrado Santiago Apóstol, uno de los discípulos favoritos de Jesús. En torno a su tumba, se construyó una importante catedral y surgió una gran red de caminos que llegaban hasta ella desde toda Europa: el Camino de Santiago. La gente viajaba no solo por ver al santo, sino para conocer mundo. Gracias a ese trayecto, llegaron nuevas ideas a la Península Ibérica, al igual que también los reinos cristianos aportaron su cultura al continente.
La cultura fue muy religiosa. Los edificios importantes fueron los castillos, los monasterios y las catedrales. En todo el período de la Reconquista, hubo varios estilos artísticos. Los más importantes fueron dos:
La mayoría de sus edificios son iglesias, que tienen una planta de cruz latina, muros muy fuertes y pequeñas ventanas para que el edificio no se caiga. La cubierta es una bóveda de cañón (la suma de varios arcos de medio punto) y se solía utilizar fuertes pilares y arcos de medio punto para puertas y ventanas.
Se da en el interior de las iglesias o en los altares. No hay sensación de profundidad o volumen. Son dibujos planos, sin expresión, con mucho simbolismo que representan escenas de la vida de Jesús, María o los santos. Los personajes principales suelen ser representados más grandes que los demás.
Se da en portadas o en el interior de las iglesias, en los capiteles o de forma exenta. Son figuras desproporcionadas, sin expresión, muy rígidas que también tienen un tema religioso.
La mayoría de sus edificios son iglesias, que tienen una planta de cruz latina. Pero los muros son cada vez más ligeros por los contrafuertes. Las ventanas son más grandes y se decoran con cristales de colores (vidrieras). La cubierta es una bóveda de crucerías (cruce de dos arcos apuntados). Los arcos de puertas y ventanas son apuntados, por lo que el edificio es más ligero y alto.
Se da en el interior de las iglesias. Más tarde en palacios. Se va ganando en realismo y en que los personajes reflejan mejor sus emociones. Poco a poco hay más volumen y perspectiva. Además de los temas religiosos, poco a poco se representan a los reyes, nobles, grandes comerciantes o escenas de la vida cotidiana.
Se da en portadas o en el interior de las iglesias. Como en la pintura, se va ganando en realismo y en que los personajes reflejan mejor sus emociones. Poco a poco hay más volumen y perspectiva. Además de los temas religiosos, poco a poco se representan a los reyes, nobles, grandes comerciantes en sus sepulcros o escenas de la vida cotidiana.
Otros acontecimientos importantes son la aparición de la Escuela de Traductores de Toledo y las universidades. La Escuela de Traductores de Toledo apareció en el siglo XII y se dedicó a traducir al latín los escritos donde se recogía el pensamiento de los grandes sabios de Grecia y Roma, perdido en Europa y que habían conservado los musulmanes. Aquí trabajaron sabios musulmanes, cristianos y judíos. Gracias a ellos, ese saber llegó a todo el continente. En el caso de las universidades, surgieron en el siglo XIII y entre las más importantes fueron Lleida y Salamanca.
Por último, cabe destacar que del latín surgieron las lenguas peninsulares como el castellano, el catalán, el gallego, el portugués y otras lenguas ya perdidas. Los primeros testimonios de estas lenguas se encuentran en los monasterios o en los pactos de vasallaje. Más adelante, surgirá la primera literatura de estos idiomas en crónicas (libros de historia), cantares de gesta (que cuentan las aventuras de los caballeros) o las cantigas (poesías), entre otras.
Sobre los grupos no cristianos, cabe destacar que vivían en la Península desde el mismo tiempo o incluso antes que los propios cristianos.
Los judíos mantuvieron su religión basada en la creencia en un solo Dios, en que los judíos eran el pueblo elegido y en que vendría el Mesías para salvarlos. Como los cristianos, creían en que la gente debía hacer el bien para ir al cielo, al igual que creían en el Juicio Final y en el Cielo e Infierno. Su templo se llamaba sinagoga y el día sagrado era el sábado. Los judíos hablaban las lenguas derivadas del latín, pero mantenían su lengua (hebreo) para sus actos religiosos. La mayoría de los judíos eran artesanos y comerciantes, aunque hubo muchos científicos, médicos y banqueros.
Los musulmanes creían en Alá y en su profeta Mahoma, que venía a completar el mensaje de Dios. También creían en el Juicio Final, el Cielo e Infierno y tenían su propio libro sagrado: el Corán. Sus templos eran las mezquitas y el día sagrado era el viernes. Los musulmanes que vivían en territorio cristiano se llamaban mudéjares. La población mudéjar variaba. En Castilla eran pocos, pero en Valencia había muchos.
Eran bilingües y se dedicaban a la artesanía y la agricultura. Su estilo artístico influyó en muchos palacios, iglesias y sinagogas, en el que se utilizó todo tipo de escrituras árabes, lacerías, decoración vegetal, etc., para decorar el interior (arte mudéjar).
Los reyes cristianos toleraron la presencia de los musulmanes y judíos porque eran una gente preparada, pero también porque la población peninsular era muy poca. Los mudéjares y judíos podían practicar su religión y tener una cierta autonomía. Pero se prohibía que los judíos y musulmanes se casaran con los cristianos o difundieran su religión fuera de sus comunidades.
