Portada » Historia » Evolución Histórica de la Península Ibérica: Del Reino Visigodo a la Administración Borbónica
En el año 409 llegaron a la Península Ibérica tres pueblos germanos:
Roma hizo un pacto con los visigodos (un pueblo germano, godo, bastante romanizado), por el que les concedía tierras en el sur de Francia y en Hispania a cambio de expulsar a los invasores. Los visigodos fueron derrotados por los francos en el 507 y se asentaron definitivamente en la Península, estableciendo su capital en Toledo.
Los reyes se rodearon de gardingos o guerreros fieles y se apoyaron en dos instituciones: el Aula Regia, de carácter consultivo, integrada por nobles, y el Officium Palatinum, formada por los nobles de más confianza del rey que se ocupaban de la administración central. La territorial quedó en manos de duces y comes.
A partir del III Concilio de Toledo (589), la Iglesia católica, establecida como religión oficial, se convirtió en un apoyo de la monarquía ratificando sus decisiones en los Concilios. Los visigodos acentuaron la ruralización, la feudalización y el latifundismo; además, continuaron el proceso de romanización. Desde el punto de vista jurídico, el rey Recesvinto promulgó en el 654 el código Liber Iudiciorum, que recogía gran parte del derecho romano. En el ámbito literario, la figura más relevante fue la de San Isidoro de Sevilla. Sus teorías políticas fueron difundidas en la Edad Media, como la del origen divino del poder real. Además, San Isidoro resumió los conocimientos de la época en su obra Etimologías, transmitida a través de los monasterios.
Una disputa sucesoria facilitó la irrupción de los musulmanes en la Península y el fin de la monarquía visigoda.
En el año 1031, una rebelión depuso al último califa, Hisham III, y Al-Ándalus se fragmentó en numerosos reinos de Taifas (en árabe, facción o bandería), que se fueron reduciendo por la incorporación de los más pequeños a otros mayores. Seguían siendo territorios prósperos económicamente y, en algunos casos, tuvieron gran importancia cultural, pero su supervivencia dependía, con frecuencia, del pago de parias o tributos. A finales del siglo XI, ante el avance de los reinos cristianos, que en 1085 conquistan Toledo, reclamaron el apoyo de los almorávides, musulmanes ultraortodoxos que habían formado un gran imperio en el norte de África. Su dirigente, Yusuf ibn Tashfín, llegó a la Península en el año 1086 y venció a Alfonso VI en la batalla de Sagrajas (Badajoz), tras lo que regresó a África. Pero en el 1090 retornó a la Península con el objetivo de conquistar los reinos taifas, que caerán en su poder. Aunque este poder no llegó a consolidarse del todo y en el siglo siguiente caería el poder almorávide, estableciéndose los segundos reinos de taifas hacia el año 1145.
Al mismo tiempo que los almorávides eran derrotados en Al-Ándalus, su imperio africano desaparecía y un nuevo imperio, el Almohade, surgía y los derrotaba en África. El dominio almohade de la Península se inició en 1147 con la ocupación de Sevilla, pero no terminó hasta 1172. Lograda la unificación de Al-Ándalus, los almohades aumentaron su ataque contra los reinos cristianos. En 1195, el califa Yusuf II aplastó al ejército castellano dirigido por Alfonso VIII en la batalla de Alarcos. La gravedad de la situación obligó a los reyes cristianos a relegar sus diferencias internas para hacer un frente común contra los almohades. En el año 1212, las tropas cristianas destrozaron al ejército almohade en la batalla de las Navas de Tolosa. Con esta derrota, el poder de los almohades en la Península quedó prácticamente aniquilado.
Las mezquitas y los palacios son los edificios más importantes de la arquitectura andalusí. Podemos distinguir tres grandes periodos:
La exploración y conquista de las Islas Canarias se enmarca en el contexto de la expansión por el Atlántico sur de castellanos y portugueses. Durante el siglo XIV, marinos genoveses, mallorquines y catalanes solían partir de puertos andaluces y portugueses, aunque las Islas Canarias no despertaron demasiado interés hasta que en 1344 Clemente VI concedió un reino en las islas a Luis de la Cerda. En el siglo XV se emprendió una conquista efectiva. La primera expedición la dirigió Jean de Béthencourt, que ocupó Lanzarote y Fuerteventura. A partir de 1475, la monarquía intervino directamente en la conquista de las demás islas.
Por su parte, los portugueses habían iniciado su propia expansión por el Atlántico sur siguiendo la costa africana en busca de oro. El conflicto no se resolvió de modo definitivo hasta 1479 con el Tratado de Alcáçovas-Toledo en el reinado de los Reyes Católicos.
El reinado de los Reyes Católicos presenta rasgos medievales al tiempo que se establecen las bases para un Estado moderno. En Aragón, existía un virrey en cada reino. En Castilla, el Consejo Real se convirtió en el órgano más importante, derivando en consejos especializados (Inquisición, Hacienda, Indias, etc.). En las ciudades castellanas, el representante de la monarquía era el corregidor. En el ámbito de la justicia, destacaron las Chancillerías (Valladolid y Granada) y las Audiencias. El único órgano común en los dos reinos era la Inquisición.
La nueva dinastía borbónica impuso cambios administrativos en América para controlar con más eficacia a las colonias. El Consejo de Indias perdió competencias y la Casa de Contratación se disolvió en 1790. Se crearon nuevos virreinatos (Nueva Granada y Río de la Plata) y se establecieron intendencias. En el ámbito económico, se suprimió el sistema de flotas y galeones por el de registros y se autorizó el libre comercio directo en 1765 y 1778, suprimiendo el monopolio de Cádiz.
