Portada » Historia » Evolución Histórica de España: De la Prehistoria al Absolutismo Borbónico
Las sociedades cazadoras-recolectoras, propias del Paleolítico, vivían de la caza, la pesca y la recolección de alimentos que encontraban en la naturaleza. Su economía era de subsistencia, ya que consumían lo que obtenían cada día y no acumulaban excedentes. Por ello eran nómadas y se desplazaban constantemente en busca de recursos. Vivían en pequeños grupos con una organización social bastante igualitaria y utilizaban herramientas de piedra tallada. Además, desarrollaron las primeras manifestaciones culturales, como las pinturas rupestres.
En cambio, las sociedades productoras de alimentos, surgidas durante el Neolítico con la llamada Revolución Neolítica, comenzaron a producir sus propios alimentos mediante la agricultura y la ganadería. Esto provocó el sedentarismo y la aparición de poblados estables, lo que permitió almacenar alimentos y aumentar la población. La existencia de excedentes generó una división del trabajo, el surgimiento de nuevas profesiones y una mayor desigualdad social. También se desarrollaron nuevas técnicas como la cerámica y los tejidos, y aparecieron construcciones megalíticas.
La diferencia principal entre ambos tipos de sociedades es que las cazadoras-recolectoras dependían directamente de la naturaleza para obtener alimento, mientras que las productoras podían controlar y planificar la producción. Este cambio fue fundamental porque permitió el desarrollo de aldeas, ciudades y, finalmente, de las primeras civilizaciones.
La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) fue un conflicto europeo que tuvo causas religiosas y políticas. Por un lado, enfrentó a católicos y protestantes, y por otro, a Francia y sus aliados contra la Casa de Austria, que gobernaba en el Imperio alemán y en España. Durante el reinado de Felipe IV, la Monarquía Hispánica participó en la guerra apoyando a los Austrias, mientras que Francia contó con el apoyo de países como Holanda, Dinamarca, Suecia y varios estados protestantes alemanes.
La guerra terminó con la Paz de Westfalia (1648), firmada en los tratados de Osnabrück y Münster. Este acuerdo puso fin a las guerras de religión en Europa y estableció un nuevo orden internacional basado en el equilibrio entre estados y la libertad religiosa. Además, significó la derrota de los Austrias, la desintegración política del Imperio alemán y el ascenso de Francia como principal potencia europea.
Para la Monarquía Hispánica las consecuencias fueron muy negativas. España tuvo que reconocer la independencia de Holanda en la Paz de Münster y continuó la guerra contra Francia hasta la Paz de los Pirineos (1659), por la que cedió territorios como Rosellón, Cerdaña y varias plazas de los Países Bajos. Con ello, España perdió definitivamente la hegemonía en Europa, que pasó a manos de Francia.
La construcción del Estado moderno en España se produjo durante el reinado de los Reyes Católicos, quienes realizaron una profunda reforma institucional que permitió pasar de la monarquía feudal medieval a una monarquía más centralizada y autoritaria. Para reforzar su poder, Isabel y Fernando limitaron la influencia de la nobleza, recuperando tierras y rentas concedidas anteriormente y controlando sus privilegios, aunque mantuvieron instituciones como el mayorazgo para asegurar la estabilidad económica de las familias nobles.
Además, reorganizaron la administración del reino creando un sistema de instituciones más centralizado:
En el ámbito religioso, los Reyes Católicos reforzaron el control de la Corona sobre la Iglesia mediante el Patronato Regio, el control de las órdenes militares y la creación de la Inquisición en 1478. De este modo se consolidó una monarquía fuerte y centralizada, en la que el poder real predominaba sobre los poderes tradicionales y la religión católica actuaba como base ideológica del Estado.
Los Decretos de Nueva Planta (1707-1716) fueron una serie de reformas impulsadas por Felipe V, primer rey de la dinastía borbónica en España, con el objetivo de centralizar y modernizar la organización del Estado siguiendo el modelo absolutista francés. Estas medidas se aprobaron tras la Guerra de Sucesión Española (1701-1714), en la que Felipe V, apoyado por Castilla y Francia, se enfrentó al archiduque Carlos de Austria. Tras la victoria borbónica, los decretos sirvieron para castigar a los territorios que habían apoyado al bando austracista.
Los decretos se aplicaron primero en Valencia y Aragón (1707), después en Mallorca (1715) y finalmente en Cataluña (1716). Con ellos se suprimieron las instituciones y leyes propias de estos territorios y se sustituyeron por las leyes y la organización administrativa de Castilla. Se implantó una estructura política unificada con autoridades como el Capitán General y las Audiencias. Sin embargo, Navarra y el País Vasco mantuvieron sus fueros por haber apoyado a Felipe V durante la guerra.
Durante el reinado de Felipe II (1556–1598), la Monarquía Hispánica alcanzó su mayor expansión territorial, convirtiéndose en un imperio global. Sin embargo, esta enorme extensión generó numerosos problemas políticos, militares y administrativos.
Entre los conflictos más destacados se encuentran:
En conclusión, el reinado de Felipe II representó el momento de mayor poder territorial de la Monarquía Hispánica, pero también el inicio de problemas estructurales que dificultarían mantener un imperio tan extenso a largo plazo.
