Portada » Educación Artística » Evolución de la Crítica Artística: Del Neoclasicismo a las Artes Aplicadas
Comienza en la segunda mitad del siglo XVIII. Persigue un espíritu de reforma y busca la pureza y la sencillez primitiva. El objetivo es alcanzar un mundo mejor regido por las leyes de la razón. El neoclasicismo va ligado a la idea de impersonalidad, frialdad y mera imitación del estilo grecorromano. La crítica del siglo XIX veía el neoclasicismo como lo opuesto al romanticismo.
Los teóricos y artistas del siglo XVIII consideraban su momento artístico como un renacimiento del arte clásico, el cual representaba la belleza y las verdades absolutas, ajeno a las modas. Nació también gracias a los descubrimientos de Herculano y Pompeya, ciudades romanas cubiertas por el Vesubio, lo que despertó un interés por lo antiguo y permitió al artista conocer mejor la antigüedad clásica.
Entre los teóricos de este momento existen dos tendencias: los que defienden la superioridad del arte griego (Winckelmann) y los que defienden el arte romano (Piranesi). Winckelmann fue el primero en realizar una historiografía del arte, estudiando la disciplina desde un punto de vista subjetivo.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, los alemanes lo definían como “Sturm und Drang” (tempestad y empuje). Uno de sus máximos representantes fue el escritor, poeta y crítico Goethe.
Los teóricos del romanticismo valoran el carácter creativo y la independencia del genio del artista frente a cualquier regla. Es un movimiento de rechazo a los convencionalismos, haciendo especial hincapié en la subjetividad personal. En este periodo, los grandes teóricos del arte fueron artistas como Ingres y Delacroix.
La crítica francesa se resume en la idea del arte como creación más que como imitación. En 1824 nace la revista “Le Globe”, que defendía el romanticismo y la libertad absoluta del arte. Destaca Baudelaire, quien publicó “Curiosidades estéticas y arte romántico”, defendiendo la libertad del artista y su deber de representar un mundo imaginario. También destaca el crítico Albert Aurier, partidario del simbolismo.
En Inglaterra, el crítico más importante fue Ruskin. Su obra se caracteriza por la profundidad de su pensamiento y reivindica la importancia del elemento orgánico en el arte. Sus ideas rechazaban la imitación y fue el primero en asociar ética y belleza.
En el siglo XIX, una de las discusiones teóricas más significativas fue la superioridad de las artes aplicadas sobre las bellas artes. En 1851, la Exposición Universal en el Palacio de Cristal de Paxton mostró la superioridad de las artes decorativas, coincidiendo con las ideas de John Ruskin. El organizador, Henry Cole, estaba a favor del uso de la máquina y la producción industrial, idea rechazada por Ruskin.
Thomas Carlyle, en 1843, atacó la era industrial desde un punto de vista social y estético, argumentando que “el artista pierde con el uso de la máquina el goce creativo al distanciarse del objeto artístico que no fabrica”, concepto que denominó deshumanización del arte.
En la época victoriana aparecieron las primeras escuelas de diseño gracias a Henry Cole. Mientras que en las escuelas de arte se ocupaban de la imitación, en las escuelas de diseño el factor creativo estaba más presente, apostando por una alianza entre arte y fábrica.
En la segunda mitad del siglo XIX destacan Semper, quien consideraba que el espíritu de la época se reflejaba a través de las técnicas y materiales, y William Morris, defensor del socialismo.
Su lema fue: “Convirtamos a los artistas en artesanos y a los artesanos en artistas”. Este movimiento pretendía crear sociedades que vivieran por gremios, al igual que en la época medieval, bajo una ideología socialista que favorecía la naturaleza.
Las revistas más importantes fueron “Hobby Horse” de Mackintosh (1884) y “Corte Modernista” de Aubrey Beardsley. “The Studio” informaba sobre las últimas novedades en artes aplicadas y diseño, tratando temas como el arte de vanguardia, la fotografía y el diseño para una clase media interesada en el buen gusto.
