Portada » Historia » El Surgimiento del Nacionalismo Catalán y Vasco en la Restauración: Factores Políticos y Económicos
El desarrollo de los separatismos vasco y catalán comenzó a gestarse en plena Revolución Liberal, durante la segunda mitad del siglo XIX. Existía una protesta en regiones como Cataluña y Vascongadas a través de la reivindicación del particularismo institucional, anterior a los Decretos de Nueva Planta.
Según Aróstegui, el primer catalanismo cultural buscaba en el pasado medieval soluciones a los problemas del siglo XIX. En Vascongadas, se adoptaron los principios defendidos por el carlismo.
Para Olábarri, el criterio básico del liberalismo es la libertad individual y la igualdad, que, llevada al terreno territorial, no podía permitir territorialismos ni fueros, por lo que se debían abolir los privilegios territoriales. Por ello, el origen de los separatismos se sitúa en la vía antiliberal. El regionalismo tradicionalista o catalanismo de derechas tenía su base social en el mundo rural, buscando una continuidad con el pasado. Desaparecido el carlismo, este movimiento tradicionalista persistió.
El movimiento regionalista se vio impulsado por el resurgimiento de las lenguas y culturas regionales. El caso del catalán y el gallego es claro. El caso vasco fue diferente, ya que no existía una lengua escrita previa. En los tres casos, se utilizó la lengua oral, que fue elevada a la categoría de idioma.
También se reivindicó el derecho propio, de carácter consuetudinario, que se buscaba en el pasado. En el caso catalán, se destacaron instituciones civiles como el hereu (heredero), cuyas fórmulas específicas de herencia vertebraban las sociedades agrarias.
Borja de Riquer defiende, frente a Andrés de Blas, que los separatismos periféricos tienen su origen como respuesta al centralismo castellano y a la débil nacionalización del Estado liberal español, el cual vertebró poco la nación. Riquer afirma que existían pocos símbolos de la nación española en comparación con Francia, donde la educación estatal era centralizada, mientras que en España la educación correspondía a los ayuntamientos.
Cuando el Estado intentó funcionar con criterios centralistas, surgió la respuesta periférica. Faltaron instrumentos y símbolos para producir una nación integradora. El Parlamento español fue débil y no aglutinador político, ya que la monarquía ganó posiciones respecto a él.
Juan Pablo Fusi señala que hay que poner el acento en que, justo a finales del siglo XIX, se consiguió un grado de madurez modernizadora del Estado-nación, momento en el que respondieron las periferias. Tortella sugiere que el enfrentamiento económico entre centro y periferia a finales del siglo XIX arrastró todas las reformas.
Los orígenes de la protesta catalana se remontan a 1820 con los Malcontents, un movimiento de origen rural. Posteriormente, surgieron los Buyangan en los años 30 y 40, que combinaban una protesta rural con otra urbana y liberal.
En 1842, Barcelona se levantó contra Espartero y el librecambio con Inglaterra, motivada por intereses empresariales. La Ley Figuerola (1869), de carácter librecambista, generó una protesta catalana a favor de medidas proteccionistas, apoyada tanto por empresarios como por el mundo rural.
En los años 90, Cánovas promulgó el primer arancel proteccionista general, que benefició a Barcelona, Valladolid y Bilbao (especialmente a la industria harinera). Este arancel favoreció a ciudades, no a provincias. El arancel de 1906 defendió específicamente los intereses de la burguesía industrial barcelonesa.
La Renaixença comenzó siendo un movimiento cultural minoritario. El catalán era visto como la lengua del pasado que se iba a recuperar. El sacerdote Jacinto Verdaguer y Santaló utilizaba un catalán muy culto y lo elevó a la categoría de idioma.
A partir de 1859, se empezó a construir una realidad catalana desde una minoría. Se hablaba de pueblo catalán e incluso de raza, pero nunca de nación. La lengua recuperaba el pasado y las instituciones de la Corona de Aragón. El lenguaje y la cultura crearon realidades.
Estos movimientos culturales se encontraron posteriormente con el Regeneracionismo.
El catalanismo político comenzó a formarse en la década de 1880, dividido en dos corrientes principales:
Estaba inspirada en la visión católica y el romanticismo medieval. Su discurso de esencias tradicionalistas establecía una dicotomía entre la sociedad rural (cuyos valores exaltaba) y la sociedad urbana. Afirmaba que el parlamentarismo restaba fuerza a la reivindicación catalana. Sus principales representantes eran clérigos del Obispado de Vic, destacando el obispo José Torras y Bages, uno de los principales ideólogos del movimiento catalanista de derechas.
Estaba inspirada en el republicanismo federal de Pi y Margall. Concebía una España federal donde Cataluña sería una región igual a las demás. Influido por el modelo republicano federal estadounidense, entendía el progreso de forma positiva, y su propuesta no respondía a ningún tipo de nacionalismo.
Valentí Almirall fue el encargado de poner el acento del particularismo catalán en la corriente de izquierdas, entendiendo que Cataluña no podía ser una pieza más de la España federal ideada por Pi y Margall. Almirall comenzó a defender que el nacionalismo político sería el lugar de encuentro de todas las fuerzas políticas catalanistas, con independencia de su ideología.
Se defendía el catalanismo como un movimiento sin definición ideológica más allá de ser catalán. Se formó el Centre Catalá, un movimiento cuya prioridad era ser catalán. A través del tradicionalismo social, se defendía la base económica del medio rural. Juan Mañé y Flaquer defendía el statu quo de las colonias del Caribe.
El catalanismo social defendía medidas aduaneras frente al librecambio. En 1891, apoyaron las medidas del gobierno de Cánovas (el arancel que afectaba a Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Llegaron a participar en el gobierno de Silvela.
Entre 1892 y 1897, hasta un 268% de las exportaciones de algodón de Cataluña se dirigieron a Cuba. Tras 1898, las exportaciones cayeron un 52% del total, y la caída continuó hasta que se firmaron acuerdos de reordenación económica de las exportaciones occidentales, llegando a un 23%.
El año 1885 fue catastrófico para la agricultura catalana debido a una crisis sanitaria, efectos demográficos y la preparación de un proyecto económico comercial librecambista con Inglaterra.
En este contexto, se publicó el Memorial de Agravios (1885), aprobado por la mayor parte de las fuerzas vivas catalanas, reunidas en la Lonja de Barcelona, en un acto presidido por Joaquín Rubió y Ors.
El documento exponía la lamentable situación de España como un Estado decadente, gobernado desde Madrid por políticos profesionales que buscaban sus propios intereses bajo la apariencia de un constitucionalismo vacío.
El Memorial:
Es importante destacar que en el Memorial no existía una petición de autonomía política. Esta reivindicación no aparecería hasta principios del siglo XX.
La Lliga de Catalunya (1888) fue un grupo minoritario, escisión del Centre Catalá, que se alejó de las tendencias republicanas. Fue creada desde posiciones políticas del catalanismo de derechas, con el permiso de la Monarquía. Este movimiento buscaba la ruptura del Turno.
Entendían Cataluña como una unidad natural y una patria dominada por el Estado castellano. Proponían una solución de índole federalista, pero nunca republicana.
El programa de la Lliga tiene como texto fundamental las Bases de Manresa (1892), que establecían las siguientes reivindicaciones:
De esta manera, se abrió paso la autonomía administrativa de Cataluña, coincidiendo con la primera experiencia de gobierno de Francisco Silvela.
