Portada » Historia » El Bienio de Centro-Derecha y el Frente Popular: Historia de la Segunda República Española
El resultado de las elecciones de noviembre de 1933 fue la victoria de los partidos de derechas, la CEDA y el Partido Radical, y la derrota de los republicanos de izquierda y de los socialistas.
Los partidos de izquierdas se presentaron unidos frente a una coalición en la cual se revisarían las reformas del bienio de izquierda y la Constitución.
Los partidos de derechas se presentaron divididos.
Los primeros gobiernos del Partido Radical estaban dirigidos por Lerroux y contaban con el apoyo parlamentario de la CEDA para presionar al máximo sobre las reformas del bienio anterior.
Se rectificó la política religiosa y se modificó la legislación laboral y la reforma agraria.
Se aprobó la Ley de Amnistía, por la cual se reintegraba a los generales implicados en el intento golpista de 1932.
La UGT estaba bajo el control de Largo Caballero.
A principios de octubre, la CEDA quiso entrar en el gobierno, por lo que se formó un gabinete liderado por tres miembros de dicha formación.
Los socialistas promovieron la insurrección con la excusa de que era necesario para que Gil-Robles no acabara con la República.
La revolución estalló en octubre de 1934 con una huelga general que tuvo lugar en las grandes ciudades, pero el plan fracasó.
En Cataluña, Lluís Companys declaró el Estado Catalán como una república federal española.
Solo en Asturias, entre los días 5 y 18 de octubre, se formó una auténtica revolución social.
El gobierno declaró el estado de guerra y recurrió a las unidades militares de la zona del protectorado de Marruecos que, junto a la Guardia Civil, ejercieron una auténtica represión donde hubo millares de muertos.
Lerroux se vio obligado a formar un gobierno radical-cedista en el cual deberían estar presentes cinco miembros de la CEDA, y Gil-Robles fue nombrado ministro de la Guerra.
Desde ese momento se aceleró la rectificación de las reformas militares:
Estalló una crisis en el Partido Radical a raíz de dos escándalos de corrupción, como fueron el Estraperlo y el asunto Nombela.
Se pensaba que era la oportunidad de que Gil-Robles accediera al poder, pero Alcalá-Zamora le negó la jefatura del gobierno.
En febrero de 1936 se celebraron las últimas elecciones de la Segunda República, donde la CNT cambió su actitud de no promulgar la abstención e incluso llegó a recomendar el voto al Frente Popular.
Los partidos de izquierdas formaron una gran alianza, el Frente Popular, entre los partidos republicanos de izquierdas, los socialistas y los comunistas, con un programa basado en la amnistía general para los encarcelados tras los sucesos de 1934.
Los partidos de derechas se presentaron desunidos.
Los resultados electorales arrojaron una victoria muy ajustada a favor del Frente Popular.
Alcalá-Zamora encargó a Manuel Azaña la formación de un gobierno compuesto solo por republicanos de izquierdas.
Se concedió la amnistía general para los encarcelados tras los sucesos de octubre de 1934, entre ellos Lluís Companys, que fue repuesto como presidente de la Generalitat, restableciéndose así la autonomía de Cataluña.
La intensificación de los conflictos sociales en el mundo rural se debió a la presión de los braceros y los jornaleros.
Esto llevó a la masiva ocupación de tierras en las zonas de latifundios que el IRA (Instituto de Reforma Agraria) debía legalizar.
Constituidas las nuevas Cortes, la cámara destituyó al presidente de la República, rechazado tanto por la izquierda como por la derecha, y Azaña fue elegido presidente.
Mientras triunfaban las posiciones revolucionarias de los anarquistas y del sector más radical de la UGT, en las derechas autoritarias, de las que Calvo Sotelo se había erigido en líder, se afianzó el discurso de subversión e insurrección.
Ante la creciente espiral de violentos enfrentamientos callejeros entre la izquierda y la derecha, Primo de Rivera fue detenido.
Tras el orden público, el problema más serio al que se enfrentó el nuevo gobierno fue la crisis económica.
La organización de la conspiración militar partió de algunos militares de extrema derecha y se planificó tras el triunfo del Frente Popular. El gobierno republicano trató de desarticular la trama golpista realizando cambios y traslados de altos mandos sospechosos de participar en la conspiración.
De acuerdo con las instrucciones del General Mola, en quien recayó la dirección técnica del levantamiento, el golpe militar debía realizarse con extremada violencia, incluso contra los propios compañeros de armas fieles a la República.
