Portada » Historia » España bajo el Régimen de Franco: Historia de la Posguerra y la Autarquía (1939-1959)
El 18 de julio de 1936 se produjo la sublevación militar contra la II República española, contando con el apoyo de monárquicos, carlistas, la Iglesia y los falangistas. Tras la Guerra Civil, Francisco Franco extendió a toda España el modelo de Estado del bando sublevado, basado en ideologías católicas, conservadoras, tradicionales y nacionalistas. Su dictadura fue de carácter personalista, ya que concentraba todos los derechos y responsabilidades en sus manos, bajo el lema: “Ante Dios y ante la historia”.
Sus principios eran autoritarios, antiliberales, antidemocráticos y anticomunistas. Para Franco, el orden, la unión y la autoridad eran la encarnación del patriotismo, considerando al ejército como el pilar fundamental del sistema. El Franquismo (1937-1975), etapa de Franco como Jefe del Estado, se definió por su figura como “Caudillo de España por la gracia de Dios”. Este régimen incorporó características de los regímenes fascistas con elementos del catolicismo conservador, evolucionando durante casi 40 años para satisfacer a los grupos que lo apoyaban, incluyendo posteriormente a los tecnócratas del Opus Dei.
La represión y la propaganda fueron claves para la supervivencia del régimen, logrando la apolitización de la mayoría de los españoles. El partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, dotaba al régimen de ideología y controlaba los medios de comunicación y la administración. Para mantener el control social, se crearon organizaciones de masas como el Movimiento Nacional.
El ejército ejercía un gran poder político, con figuras como el almirante Carrero Blanco. La Iglesia católica, tras la Guerra Civil, apoyó el franquismo obteniendo privilegios e imponiendo su moral. Los monárquicos y carlistas también brindaron apoyo, aunque estos últimos perdieron peso político tras la unificación. Las bases sociales se asentaron en las élites económicas, el campesinado católico del norte y centro, las clases medias urbanas y los grupos enriquecidos durante la guerra, todos unidos por una mentalidad conservadora defensora de la familia, la propiedad privada y la religión.
Franco rechazó una Constitución liberal y optó por promulgar Leyes Fundamentales según las necesidades del régimen:
El régimen se autodefinía como una “democracia orgánica”, eliminando la pluralidad política y permitiendo la participación solo a través de la familia, el municipio y el sindicato.
La Ley de Responsabilidades Políticas (1939) condenó a quienes apoyaron la legalidad republicana. La represión fue dura, con campos de concentración, cárceles, depuraciones laborales y ejecuciones. Cientos de miles de personas se exiliaron en Francia e Hispanoamérica.
La oposición se dividió en dos frentes:
En 1959, surgió ETA como una escisión radical del PNV, introduciendo la violencia política con víctimas como Melitón Manzanas.
Tras la guerra, España adoptó la autarquía (autoabastecimiento), lo que provocó un crecimiento muy lento, desabastecimiento de materias primas y la aparición del estraperlo (mercado negro). El Estado controlaba la producción agrícola a precios bajos, lo que generó hambre y racionamiento.
A partir de 1953, los acuerdos con EE. UU. permitieron la entrada de divisas, pero la inflación y el déficit comercial persistieron. En 1959, los tecnócratas del Opus Dei impulsaron el Plan de Estabilización, que incluyó:
Esto permitió la industrialización definitiva de España, aunque provocó una fuerte emigración hacia Europa.
Finalmente, el régimen inició un proceso de descolonización, perdiendo territorios como Marruecos (1956), Guinea Ecuatorial (1968) y el Sáhara Occidental (1976).
