Portada » Filosofía » Historia de la Filosofía: Pensadores Clave y sus Teorías Fundamentales
Platón desarrolla una filosofía dualista al distinguir entre el mundo sensible y el mundo de las Ideas. El mundo sensible, accesible por los sentidos, es cambiante y engañoso, mientras que el mundo de las Ideas es eterno, perfecto y constituye la verdadera realidad. El conocimiento verdadero no se obtiene mediante la experiencia, sino a través de la razón, ya que el alma recuerda las Ideas que contempló antes de encarnarse (teoría de la reminiscencia). Además, defiende la inmortalidad del alma y su superioridad sobre el cuerpo. En el ámbito político, propone un Estado ideal gobernado por filósofos, ya que son los únicos capaces de conocer la verdad.
Aristóteles critica el dualismo de Platón y sostiene una visión más realista, afirmando que la realidad está en el mundo sensible. Para él, todo ser está compuesto por materia y forma (hilemorfismo), y el conocimiento comienza con la experiencia, aunque se perfecciona mediante la razón. Explica el cambio y la realidad mediante la teoría de las cuatro causas: material, formal, eficiente y final. Su pensamiento es teleológico, ya que considera que todo tiende a un fin. En ética, defiende que la felicidad (eudaimonía) se alcanza mediante la práctica de la virtud y el justo medio entre extremos.
San Agustín integra el pensamiento cristiano con influencias platónicas. Defiende que la verdad no se encuentra en el mundo exterior, sino en el interior del ser humano, donde habita Dios. Su teoría de la iluminación sostiene que el conocimiento verdadero es posible gracias a la ayuda divina. Además, afirma que la fe precede al entendimiento (“creo para entender”), destacando la primacía de la fe sobre la razón. Reflexiona también sobre el problema del mal, que entiende como ausencia de bien, y sobre el tiempo, al que concibe como una experiencia subjetiva del alma.
Santo Tomás de Aquino intenta armonizar la filosofía aristotélica con la doctrina cristiana. Defiende que fe y razón son compatibles y que ambas conducen a la verdad, aunque la fe se ocupa de verdades reveladas y la razón de verdades naturales. Su aportación más conocida son las cinco vías, argumentos racionales para demostrar la existencia de Dios basados en la experiencia del mundo (movimiento, causalidad, contingencia, grados de perfección y orden). En ética, desarrolla la teoría de la ley natural, según la cual el ser humano puede conocer el bien mediante la razón.
René Descartes inaugura la filosofía moderna situando el problema del conocimiento en el centro. Propone la duda metódica, que consiste en dudar de todo aquello que no sea absolutamente evidente, con el objetivo de encontrar una verdad indudable. Así llega al “pienso, luego existo” como primera certeza. A partir de ahí, reconstruye el conocimiento basándose en la razón y en ideas innatas. Defiende un dualismo entre mente (res cogitans) y cuerpo (res extensa), y afirma que la realidad material funciona según leyes mecánicas.
David Hume lleva el empirismo a sus últimas consecuencias al afirmar que todo conocimiento proviene de la experiencia. Distingue entre impresiones e ideas, siendo estas últimas copias debilitadas de las primeras. Critica conceptos fundamentales como la causalidad, sosteniendo que no percibimos una conexión necesaria entre los hechos, sino solo una sucesión constante que genera en nosotros un hábito mental. Esto le lleva a un escepticismo moderado respecto al conocimiento y a cuestionar la validez de muchas creencias tradicionales.
Immanuel Kant pretende superar la oposición entre racionalismo y empirismo mediante una síntesis. Afirma que el conocimiento comienza con la experiencia, pero no todo procede de ella, ya que la mente aporta estructuras a priori (como el espacio, el tiempo y las categorías) que organizan la realidad. Distingue entre fenómeno (lo que podemos conocer) y noúmeno (la realidad en sí, inaccesible). En ética, propone el imperativo categórico, que establece que debemos actuar según principios que puedan convertirse en leyes universales, defendiendo así una moral autónoma basada en el deber.
Karl Marx desarrolla el materialismo histórico, según el cual la historia humana está determinada por las condiciones materiales y económicas. Considera que la sociedad se estructura en torno a la lucha de clases, especialmente entre burguesía y proletariado en el capitalismo. Critica este sistema por generar explotación y alienación, ya que el trabajador pierde el control sobre su trabajo. Propone una revolución que conduzca a una sociedad sin clases, donde desaparezca la propiedad privada de los medios de producción.
Friedrich Nietzsche realiza una crítica radical a la cultura occidental, especialmente a la moral cristiana, que considera decadente y contraria a la vida. Proclama la “muerte de Dios”, lo que implica la pérdida de valores absolutos. Ante esto, propone la creación de nuevos valores a través del superhombre, un individuo capaz de afirmar la vida y ejercer su voluntad de poder. También introduce la idea del eterno retorno como afirmación plena de la existencia.
