Portada » Filosofía » Marx y Locke: Diferencias entre el Liberalismo y el Materialismo Histórico
Karl Marx y John Locke representan dos visiones profundamente diferentes del ser humano y de la sociedad. Para Locke, el individuo es un ser libre y racional por naturaleza, dotado de derechos inalienables como la vida, la libertad y la propiedad. En cambio, Marx entiende al ser humano como un ser eminentemente social, cuya realización plena solo puede alcanzarse en un entorno de relaciones colectivas de producción. Mientras Locke fundamenta la libertad en la autonomía individual, Marx la vincula a las condiciones materiales: sin igualdad real y sin control sobre los medios de producción, no hay libertad efectiva.
En lo que respecta a la propiedad, las diferencias son radicales. Locke justifica la propiedad privada como una extensión del trabajo individual: cuando una persona mezcla su esfuerzo con la naturaleza, se genera un derecho legítimo de posesión. Esta idea se convierte en uno de los pilares del liberalismo clásico. Por el contrario, Marx considera que la propiedad privada —cuando se refiere a los medios de producción— es la causa fundamental de la explotación del proletariado. Según él, el capitalista se apropia del fruto del trabajo ajeno, lo que da lugar a la plusvalía y a la alienación del trabajador.
Ambos pensadores también discrepan respecto al papel del Estado. Para Locke, el Estado nace por consenso con el fin de proteger los derechos naturales, especialmente el derecho de propiedad. Así, su poder debe estar limitado y sometido al control de los ciudadanos. Marx, en cambio, sostiene que el Estado no es neutral, sino un instrumento de dominación de la clase burguesa sobre el proletariado. Su función no es proteger la libertad, sino perpetuar las estructuras de poder económico. La verdadera emancipación requiere, por tanto, la abolición del Estado tal como lo conocemos.
Finalmente, su visión del cambio social también se contrapone. Locke cree en el progreso a través del reformismo y el respeto al orden jurídico. La libertad se alcanza mediante instituciones que garanticen los derechos individuales. Marx, por el contrario, defiende una transformación revolucionaria: solo la lucha de clases puede romper con la lógica del capital y dar paso a una sociedad sin clases ni explotación. Para Locke, la historia es un proceso de perfeccionamiento racional del orden; para Marx, es la historia de la lucha entre oprimidos y opresores, cuya superación debe conducir a la emancipación total del ser humano.
El siglo XIX fue testigo de profundas transformaciones sociales, políticas y económicas: la consolidación del capitalismo industrial, el ascenso de la burguesía y el progresivo empobrecimiento del proletariado. En este contexto, Karl Marx (1818-1883) se erige como un pensador revolucionario cuya filosofía no solo analiza el presente, sino que se orienta a su transformación radical. Su pensamiento articula una crítica del orden económico capitalista, una teoría de la historia y una propuesta de emancipación social a través del comunismo.
La filosofía de Marx es el resultado de una síntesis crítica de tres grandes corrientes:
La alienación (del latín alienus, ‘ajeno’) designa una situación en la que el ser humano se encuentra separado de su esencia. En su juventud, influido por Ludwig Feuerbach, Marx sostiene que la religión es una forma de alienación: proyectamos en Dios cualidades humanas y, al adorarlo, nos desposeemos de nosotros mismos.
Posteriormente, Marx traslada el concepto al terreno económico. En el sistema capitalista, el trabajador:
Además, la ideología (conjunto de ideas dominantes en una sociedad) actúa como legitimación de la estructura económica, presentando lo contingente como natural y ocultando la explotación. La ideología, por tanto, enmascara la realidad y perpetúa la alienación. Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Marx desarrolla una concepción materialista y dialéctica de la historia: la historia es la historia de la lucha de clases. El motor del cambio histórico no es la conciencia ni la moral, sino las condiciones materiales de producción.
En el capitalismo, todo se convierte en mercancía, incluido el trabajo humano. El valor de una mercancía depende del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Sin embargo, la fuerza de trabajo es especial: puede generar más valor del que cuesta.
Aquí surge la plusvalía, núcleo de la explotación capitalista. El capitalista paga al obrero un salario (valor de su fuerza de trabajo), pero se apropia del valor total que éste produce, que es superior. Esa diferencia es la plusvalía, fuente de la acumulación de capital.
Marx concibe el comunismo no como un ideal utópico, sino como el resultado necesario del desarrollo histórico. Con la toma del poder por el proletariado, se iniciaría una fase de transición (dictadura del proletariado), tras la cual se alcanzaría una sociedad sin clases ni Estado. En el comunismo, los medios de producción son de propiedad colectiva, el trabajo es libre y cooperativo, y desaparecen la explotación, la alienación y la desigualdad. Se restablece así la esencia humana como ser social y libre.
