Portada » Lengua y literatura » El Esplendor de la Edad de Plata en la Literatura Española
En 1927 se celebró un acto en homenaje al escritor Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla, al que acudieron jóvenes poetas atraídos por su escepticismo, su ausencia de sentimentalismo y el cuidado extremo de la forma. A partir de ese encuentro surgió la Generación del 27, cuyos miembros mantenían estrechos lazos de amistad.
Antes de consolidarse como grupo, estos poetas estuvieron influidos por la poesía modernista, la poesía pura y las vanguardias deshumanizadas, principalmente el futurismo y el creacionismo. Durante la Guerra Civil, el surrealismo humaniza sus versos junto a la experiencia personal y la angustia existencial; sus poemas comienzan a reflejar una profunda preocupación social. Tras el conflicto bélico, con la muerte de Federico García Lorca, los demás integrantes debieron elegir entre el exilio o permanecer en un país donde no podían expresar libremente sus ideas.
La estética del 27 destaca por una mezcla equilibrada de diversos elementos:
Jorge Guillén es considerado el poeta más intelectual del grupo. Su obra se acerca a la poesía pura porque, partiendo de la experiencia cotidiana, compone poemas de gran profundidad orientados a la reflexión y al concepto abstracto. Utiliza un léxico muy elaborado, con pocos adornos y gran densidad. Entre sus obras destaca Cántico, donde expresa su entusiasmo ante la vida y su asombro ante las maravillas que lo rodean.
Gerardo Diego fue el escritor más influido por el creacionismo y el ultraísmo, aunque también cultivó una excelente poesía clásica. En su obra Manual de espumas muestra su apertura a los movimientos vanguardistas, mientras que en otras facetas desarrolló temas y formas tradicionales como poemas dedicados al paisaje, al amor y a la religión.
Rafael Alberti, en su obra Sobre los ángeles, se vale de la técnica surrealista para mostrar una profunda crisis espiritual y la pérdida de la fe, factores que lo llevaron a una ruptura sentimental y al desencanto vital. Es en esta época cuando se inclina hacia la denuncia social con obras como El poeta en la calle.
Pedro Salinas concebía la poesía como un modo de encontrar la esencia de los sentimientos, de la vida y del conocimiento. Reflexionaba sobre conceptos complejos utilizando palabras sencillas, logrando que, en ocasiones, sus poemas parezcan conversaciones informales.
Luis Cernuda manifiesta el deseo de un mundo habitable y humano donde se disfrute con libertad de la belleza y el amor; sin embargo, su realidad suele ser la desesperanza. Toda su obra es un reflejo de su experiencia, su evolución personal y su dificultad para adaptarse a un mundo hostil. En sus primeras obras, agrupadas bajo el título La realidad y el deseo, explora bajo influencia surrealista la unión de los cuerpos y los espíritus.
Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura, reflexiona sobre el amor, la naturaleza y la muerte. Es el poeta con mayor influencia del surrealismo, donde abundan las metáforas sorprendentes y el versículo de sonoridad solemne. En Espadas como labios, presenta el amor como una fuerza ciega que arrastra al ser humano a la destrucción, viendo la muerte como una salvación ante dicho sufrimiento.
Dámaso Alonso es el máximo representante del llamado exilio interior. Sus primeros libros muestran influencias de la poesía popular y pura, pero es su obra Hijos de la ira la que marca el porvenir de la poesía española durante décadas, inaugurando la poesía existencial. Aquí, la poesía se convierte en el medio para expresar el dolor humano mediante un léxico coloquial, violento y metáforas agresivas de corte surrealista.
Federico García Lorca muestra una vitalidad unida a un profundo sentimiento de frustración. Los grandes ejes de su producción son el destino trágico, la muerte inevitable y el amor imposible. En Romancero gitano, de influencia popular, surrealista y modernista, convierte al pueblo gitano en el símbolo de la lucha del individuo frente a su destino fatal.
Asimismo, García Lorca traslada estas obsesiones a su producción dramática. Su teatro es profundamente poético, aunque no siempre utilice el verso. La mayor aportación de su dramaturgia son las tragedias, destacando Bodas de sangre, obra que mezcla verso y prosa, elementos reales y fantásticos, e incluso personifica conceptos como la Luna.
La Generación del 27 consolidó en España lo que se conoce como la Edad de Plata de la literatura. Nunca antes se habían reunido tantos autores de tal magnitud, logrando que la literatura española alcanzara una repercusión y un prestigio inigualables en el mundo entero.
