Portada » Lengua y literatura » Historia de la Literatura Española: Del Realismo al Novecentismo y las Vanguardias
El Realismo es un movimiento cultural que aparece en la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de las circunstancias sociales de la época: la consolidación de la burguesía, la industrialización, el crecimiento urbano y la aparición del proletariado. En principio, es una reacción contra el idealismo del Romanticismo: es el momento de la filosofía positivista de Auguste Comte y del materialismo, del empirismo que rechaza todo lo que no sea real, sensible y material, lo que no esté sujeto a su medición. Tendrá lugar un gran desarrollo de las ciencias experimentales y la aparición de teorías como el evolucionismo de Charles Darwin.
Según una definición de la época, el realismo pretende la reproducción exacta, sincera, completa del ambiente social y de la época en que vivimos; esta reproducción debe ser lo más sencilla posible para que todos la comprendan. Esto explica que la novela sea el género literario característico de este movimiento, junto al cuento. Esta novela vive del público burgués, y si en muchos casos el autor se limita a emocionar con intrigas o a sustentar los principios morales propios de la burguesía, en otros critica a la sociedad burguesa desde dentro, con propósito de retratarla y reformarla.
El Realismo tiene su origen en Francia: Stendhal (Rojo y negro) es considerado como uno de sus iniciadores, aunque es a Balzac (La Comedia humana) a quien se considera el fundador del movimiento. Otros autores fundamentales de este movimiento son Flaubert (Madame Bovary), Tolstoi (Ana Karenina), Dostoievski (Crimen y castigo), Dickens (David Copperfield) o la escritora también inglesa George Eliot (Middlemarch).
La obra con la que se inicia este periodo en España es La Gaviota, de Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber), que inaugura un periodo conocido como prerrealismo (Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos). El movimiento se consolida a partir de 1868, tras la Revolución de ese año. Puede distinguirse entre el realismo de autores más conservadores, como José María de Pereda (Peñas arriba) y el de otros de talante liberal, como Juan Valera (Pepita Jiménez, Juanita la Larga), Leopoldo Alas «Clarín» (La Regenta, Su único hijo, y cuentos como Pipá o Adiós, Cordera), Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán.
En cuanto a la Generación del 98, podemos definirla como un conjunto de escritores, pensadores e intelectuales que se sienten profundamente afectados por la crisis de valores de fines del XIX y que creen que la guerra de 1898 y la pérdida de los últimos restos de lo que había sido el imperio español es un momento adecuado para la regeneración del país. En un principio fueron Azorín, Ramiro de Maeztu y Baroja quienes, desde posturas revolucionarias, firman el “Manifiesto de los tres”, denunciando la realidad del país y exigiendo soluciones; pero el “grupo de los tres” dura poco, pues el sentimiento de impotencia les conduce a posturas cada vez más conservadoras.
Los escritores de la Generación del 98 buscan un estilo sobrio, sencillo y antirretórico: renuevan y enriquecen la lengua con neologismos, pero frente a los modernistas prefieren recuperar léxico tradicional castellano a introducir palabras sonoras y exóticas. Este gusto por lo castizo se une a otras características generales, como la preocupación por España, la idealización del paisaje, especialmente el de Castilla, el predominio de los contenidos sobre los aspectos formales y la presencia de reflexiones filosóficas. Por ello, el 98 cultivará la novela y, sobre todo, el ensayo como géneros adecuados para expresar sus inquietudes.
Los géneros literarios más cultivados son la novela y el ensayo, a los que hay que sumar la poesía de Machado y el teatro, sobre todo el de Valle-Inclán.
El interés por el paisaje y los tipos castellanos y la crítica social de algunos poemas de Campos de Castilla acercan a Machado al grupo del 98, aunque se diferencia por el intimismo simbolista de Soledades, galerías y otros poemas, el popularismo de Nuevas canciones o sus poemas militantes de la guerra civil. Sus obsesiones incluyen el paso del tiempo, la nostalgia y la introspección poética.
En el teatro anterior a la Guerra Civil encontramos dos tendencias:
La verdadera renovación vendrá de autores que pretenden hacer un teatro intelectual y complejo. Valle-Inclán destaca con su estética del esperpento, que propone deformar la realidad para entenderla. Sus etapas incluyen el ciclo mítico (Divinas palabras), el de la farsa y el del esperpento (Luces de bohemia, Martes de Carnaval).
Por otro lado, Federico García Lorca es el máximo exponente junto a Valle-Inclán. Su Trilogía dramática de la tierra española (Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba) supone una renovación extraordinaria al incluir elementos líricos y simbólicos, elevando conflictos locales a categorías universales.
El Novecentismo es un movimiento que reacciona contra el Modernismo y busca un arte intelectual para una minoría culta. Tienen una formación universitaria y aceptan como guía al filósofo José Ortega y Gasset.
En poesía destaca Juan Ramón Jiménez, maestro de la generación del 27. Su obra evoluciona desde una etapa sensitiva hasta una etapa intelectual (Diario de un poeta recién casado) y una etapa verdadera o última en el exilio. En la novela, autores como Ramón Gómez de la Serna (introductor de las vanguardias), Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala buscan renovar el género hacia formas más simbólicas o «deshumanizadas».
El ensayo es el género por excelencia del Novecentismo. Ortega y Gasset es la figura indiscutible. En obras como La deshumanización del arte, describe el arte joven como creador y no imitador, alejándose del sentimentalismo decimonónico. Otros ensayistas destacados son Manuel Azaña, Gregorio Marañón y Eugenio D’Ors.
Luces de Bohemia, escrita por Ramón Mª de Valle-Inclán, fue publicada en 1920 y concluida en 1924. Es la obra fundacional del esperpento. A través del último día de vida de Max Estrella (poeta ciego y marginado), Valle-Inclán ofrece una visión desesperanzada de una España dominada por la miseria y la injusticia.
La obra destaca por su riqueza lingüística, mezclando registros cultos con el habla popular madrileña y gitanismos. Estructuralmente consta de 15 escenas con una organización circular. El personaje de Don Latino de Hispalis encarna la degradación moral, mientras que personajes colectivos como el preso o la madre del niño muerto aportan profundidad a la crítica social.
La obra de Galdós comienza con novelas de tesis (Doña Perfecta) y evoluciona hacia las «novelas de la vida contemporánea», como Fortunata y Jacinta, donde reconstruye el fresco social de Madrid. Posteriormente, indaga en el espiritualismo con Misericordia. Sus Episodios Nacionales son una pieza clave de la novela histórica española.
El Naturalismo, derivado de las teorías de Émile Zola, tuvo una acogida moderada en España. Emilia Pardo Bazán lo defendió en La cuestión palpitante y lo aplicó en Los Pazos de Ulloa. Otro autor relevante es Vicente Blasco Ibáñez, con sus novelas de ambiente valenciano (Cañas y barro).
En la lírica de la segunda mitad del siglo, tras el posromanticismo de Bécquer y Rosalía de Castro, destaca Ramón de Campoamor con sus Humoradas. En el teatro, además de la alta comedia, hubo intentos de revitalizar el drama histórico con Tamayo y Baus o el neorromanticismo de José Echegaray (El gran Galeoto), primer Premio Nobel español.
