Portada » Historia » Historia de la Península Ibérica: Hominización, Pueblos Prerromanos, Romanización y Al-Ándalus
Se inicia en África, con el Homo habilis como especie que anda bípedo y presenta una suficiente capacidad craneal. Posteriormente sale desde África un grupo de Homo ergaster hacia Europa y de Homo erectus hacia Asia, comenzando el Paleolítico en nuestra península.
Se han hallado restos relevantes en distintos yacimientos:
El Hombre de Neanderthal se distribuye durante el Paleolítico Medio; utiliza lascas y utensilios como puntas para arpones o flechas. Se han encontrado testimonios en Bañolas, la Cueva del Pinar y diversas cuevas de Asturias. Entre el 200.000 y el 40.000 a. C. aparece el Homo sapiens con características similares al actual; utiliza láminas de piedra y trabaja el hueso. Se han encontrado abundantes pinturas rupestres en Altamira. La vida durante el Paleolítico fue depredadora y muy nómada.
En la península coexistieron diversos pueblos prerromanos y llegaron colonizadores históricos desde el Mediterráneo:
La romanización es el proceso de integración de los pueblos prerromanos a la cultura, lengua, costumbres, instituciones y derecho de los romanos. Comprende desde el siglo III a. C. hasta el s. V d. C. Tras una conquista en tres fases —las guerras púnicas contra los cartagineses, la represión y dominio especialmente de los turdetanos, lusitanos y celtíberos—, se culmina en el siglo I a. C. con el sometimiento de los pueblos del norte (guerras cántabras).
Participaron emperadores hispanos en el gobierno, entre los que se cuentan Trajano, Adriano y Teodosio. Proliferaron intelectuales como Séneca, Lucano, Columela, Marcial y Mela.
En arquitectura y obras públicas se introducen materiales como la piedra, el hormigón y el ladrillo en templos, teatros y anfiteatros; y se construyen puentes, acueductos, murallas, arcos de triunfo y termas. Todas estas obras forman parte de un gran proceso de urbanización y fundación de nuevas ciudades con trazado en damero, intercomunicadas por una extensa red de calzadas.
Los romanos inculcaron el latín en la península y el derecho romano. En cuanto a la religión, se produjo la transición del politeísmo romano al cristianismo. En un contexto económico expansivo y en una sociedad esclavista, se desarrolló la economía monetaria con el uso del denario de plata.
La decadencia del Imperio romano conllevó la entrada de distintos grupos germánicos. Los suevos formaron un reino en Galicia. Los vándalos atravesaron la península y se dirigieron al norte de África. Los alanos se instalaron en las provincias de Lusitania y Cartaginense. Los visigodos se establecieron inicialmente en Aquitania gracias a un pacto con el Imperio; la derrota en Vouillé frente a los francos les hizo trasladarse a la península Ibérica con capital en Toledo.
Respecto a las instituciones, la monarquía era electiva y la designación del rey dependía de los magnates. El monarca se servía de dos instituciones principales: el Aula Regia, en la que los magnates asesoraban al rey en asuntos políticos y militares, y el Oficio Palatino, núcleo principal del aula regia que se ocupaba de los servicios de la administración central y de los servicios domésticos. Los concilios fueron, al principio, asambleas religiosas que incorporaron asistentes laicos y tomaron decisiones civiles. En la administración territorial, cada provincia era dirigida por un duque, y en territorios menores por un conde o juez.
En el plano cultural, los visigodos fueron arrianos en un principio, pero posteriormente se convirtieron al catolicismo. Las raíces hispanorromanas se unieron con las godas en una legislación denominada Fuero Juzgo. En arquitectura han sobrevivido iglesias hechas en piedra de sillería como San Pedro de la Nave o San Juan de Baños, y se utilizó el arco de herradura. Sobresale también la orfebrería. En literatura destacan las obras de San Isidoro de Sevilla, con un amplio repertorio temático en obras como las Etimologías o la Historia de los godos, vándalos y suevos.
Existió una crisis interna en el reino visigodo tras la muerte de Witiza, ya que los hijos de éste no aceptaron la elección de Rodrigo como rey. El invasor musulmán bereber Tarik aprovechó esa situación, atravesó el estrecho de Gibraltar y venció a Rodrigo en la batalla de Guadalete. En el año 711, Muza cruzó con un nuevo ejército de 5.000 hombres y conquistaron casi toda la península.
La conquista se llevó a cabo teniendo en cuenta la postura de los pueblos, diferenciándose dos situaciones principales:
La Península Ibérica fue provincia del califato de Damasco, ocupando los sirios sobre todo en el sur, los bereberes en el centro y oeste, los eslavos en el levante, mientras los árabes se instalaron en las mejores tierras andaluzas. Se produjeron rebeliones bereberes, mozárabes y de muladíes. Hubo derrotas en la batalla de Covadonga y en la batalla de Poitiers.
Tras la matanza de los Omeyas, Abd al-Rahman I llega a la península y se hace con el poder proclamándose emir independiente de Bagdad, situando la capital en Córdoba. En esta etapa se dividió el territorio en coras y tres marcas fronterizas.
Abd al-Rahman III se autoproclama califa. Conquistó Melilla, Ceuta y Tánger, y acabó con las rebeliones internas. Los estados cristianos pasaron a ser tributarios del califa y se considera este periodo como el más brillante de Al-Ándalus. Su hijo Al-Hakam II destacó como protector de las artes y las letras. Almanzor devastó numerosas ciudades cristianas con sus razzias anuales en torno al cambio de milenio. Tras la muerte de Almanzor y la derrota en Calatañazor, las diferencias políticas acabaron por desintegrar el califato en varios reinos de taifas a partir de 1031.
Desde comienzos del siglo XI algunos territorios comenzaron a independizarse. En 1031 una rebelión en Córdoba depuso al último califa; esto produjo que Al-Ándalus se fragmentara en reinos de taifas dirigidos por oligarquías de diferentes etnias.
Había disputas entre los reinos de taifas, que solicitaron ayuda militar a los reinos cristianos. Estos, debido a su superioridad, recibían tributos de los reinos musulmanes. Algunas taifas estaban controladas por eslavos en el Levante, otras por muladíes y bereberes (como los ziríes de Granada) y diversos reinos en el sur. El número de reinos se fue reduciendo por incorporación de pequeños reinos a otros mayores. Eran reinos ricos y prósperos.
Tras la conquista cristiana de Toledo, los reyes de Sevilla, Granada y Badajoz solicitaron el apoyo de los bereberes almorávides norteafricanos. Estos vencieron en la batalla de Sagrajas y decidieron unificar Al-Ándalus, agregándola al imperio magrebí. Su aceptación decayó progresivamente por el descontento que provocó su fanatismo.
La descomposición del poder almorávide devolvió la creación de los segundos reinos de taifas, débiles pero autónomos.
La unificación comienza con la entrada en Al-Ándalus de fuerzas pertenecientes al nuevo imperio constituido en el Magreb. Obtuvieron victorias sobre los reinos cristianos, como la de Alarcos, pero no consolidaron sus resultados por falta de repobladores. En la batalla de las Navas de Tolosa los reinos cristianos derrotaron a las tropas almohades.
La fundación en Sevilla, Arjona, Niebla, Valencia y Murcia de los terceros reinos de taifas subsistió durante breves años, siendo absorbidos enseguida por el avance cristiano. Del reino murciano se desgaja una amplia zona que conformará el reducto musulmán del reino nazarí.
