Portada » Arte » Renacimiento (siglos XV–XVI): características, arte, arquitectura y expansión en Europa
El Renacimiento es una nueva concepción del arte que se desarrolló en los siglos XVe y XVI y estuvo ligado a la revolución cultural del humanismo. Supuso la recuperación y la reinterpretación de los modelos clásicos de la antigüedad y una revalorización del individuo y de la naturaleza.
Los arquitectos se inspiraron en los hallazgos arqueológicos y adoptaron los estilos clásicos, mezclando elementos griegos y romanos. Los pintores y escultores se inspiraron en la mitología grecorromana y exaltaron la belleza del cuerpo humano, retomando los órdenes clásicos. Mejoró la pintura al fresco, se perfeccionó la pintura al óleo y se desarrolló la perspectiva como sistema para representar el espacio.
Los temas religiosos continuaron siendo una de las principales fuentes de inspiración; sin embargo, los personajes sagrados fueron representados como personas del Renacimiento. El interés de nobles y burgueses por el arte comportó la realización de numerosas escenas de vida cotidiana. La revalorización del individuo tuvo como consecuencia la proliferación de retratos.
Entre 1389 y 1537, la época en la que la familia Médici gobernó Florencia, la ciudad se convirtió en un gran enclave comercial y en un importante centro de humanismo y Renacimiento. Habían abandonado el ideal caballeresco medieval para convertirse en cortesanos; vivían en lujosos palacios y se interesaban por las artes y las letras.
El Renacimiento surgió en Italia y se difundió por toda Europa. Se desarrolló en dos etapas principales:
Los arquitectos renacentistas crearon espacios armónicos mediante el uso de elementos sencillos y ordenados. Aplicaron proporciones matemáticas a los edificios y recuperaron numerosos elementos clásicos, entre ellos:
Los artistas recrearon la mitología clásica, escenas religiosas y el retrato psicológico; hubo un gusto por mostrar la naturaleza idealizada. Para realizar las composiciones utilizaron las leyes de la perspectiva. Los escultores se interesaron por el cuerpo humano y por mostrar sus volúmenes en perfecta proporcionalidad y armonía. Se realizaban esculturas exentas y relieves para ornamentar edificios.
En general, los pintores y escultores del quattrocento buscaron proporciones y equilibrio; los del cinquecento quisieron dar volumen a sus obras y representar el movimiento, las emociones y los sentimientos.
Los artistas intentaron representar la realidad, la naturaleza y los seres humanos en toda su complejidad y belleza. La forma de crear la impresión de profundidad fue, por ejemplo, superponer las figuras o hacer más grandes las figuras en primer término y más pequeñas las más lejanas. Para conseguir la profundidad se inventó y perfeccionó la perspectiva.
En el quattrocento los pintores intentaron mostrar una apariencia tridimensional mediante el punto de fuga, que permite la ilusión óptica de ver cualquier paisaje con sensación de profundidad. Integraron marcos arquitectónicos; el método geométrico reduce el tamaño de los objetos a medida que se alejan del ojo.
En el cinquecento se buscó mayor realismo en los cuadros mediante un recurso que fingía la tercera dimensión a base de representar el efecto de la atmósfera. Leonardo aplicó la técnica del sfumato: desdibujó los contornos y moduló los colores para crear transiciones suaves.
El claroscuro permitió dar volumen y contraste a las figuras y objetos; la pintura al óleo facilitó estas técnicas.
La pintura al óleo consiste en mezclar materias colorantes con aceite vegetal o mineral; se aplica sobre tabla o lienzo. Permite pinceladas más finas, mayores transparencias, difuminar y contrastar figuras y paisajes.
En Alemania se realizaron numerosos retratos, paisajes y cuadros mitológicos. La estética renacentista fue introducida en Alemania por Albrecht Dürer; sus obras muestran una gran preocupación por la proporción y la armonía del cuerpo humano.
Bajo el reinado de Francisco I, gran humanista y mecenas de las artes, destaca la arquitectura con la construcción de palacios y castillos, por ejemplo: Chambord y Fontainebleau.
La pintura flamenca desarrolló un estilo propio, reflejo de una sociedad burguesa que compraba obras de arte. La escuela mostró originalidad por:
En el siglo XV destacaron Jan van Eyck y Rogier van der Weyden.
Los pintores del Renacimiento español del siglo XVI adoptaron el nuevo lenguaje renacentista y se centraron en los temas religiosos. Valencia fue un centro artístico muy activo, con pintura de fuerte influencia italiana.
El Greco: en su juventud viajó a Italia, donde aprendió de los maestros renacentistas; se instaló en Toledo en 1577 y realizó obras maestras con un estilo muy personal. A partir de entonces, su obra se caracterizó por un cromatismo muy vivo, con predominio de tonalidades rojizas y azuladas, y por figuras alargadas.
La arquitectura renacentista española se desarrolló a principios del siglo XVI en tres fases o estilos:
La escuela española de escultura se caracterizó por intensificar los sentimientos religiosos, buscando la espiritualidad. Los escultores trabajaron sobre todo retablos, monumentos funerarios e imágenes religiosas en madera policromada. Los principales escultores fueron Bartolomé Ordóñez, Alonso Berruguete y Juan de Juni.
El Renacimiento fue un movimiento complejo y multisectorial que transformó la visión del arte, la arquitectura y la representación del ser humano en Europa. Desde los modelos clásicos recuperados en Italia hasta las adaptaciones locales en España, Flandes, Alemania y Francia, el Renacimiento dejó un legado duradero en las técnicas, las formas y las temáticas artísticas.
