Portada » Historia » Transformaciones Políticas y Sociales: De la Era de las Revoluciones al Romanticismo
La Revolución Francesa puso fin al Antiguo Régimen, marcando el inicio de la Edad Contemporánea.
Francia atravesaba una profunda crisis económica en el último cuarto del siglo XVIII, lo que limitaba las posibilidades de actuación del gobierno de Luis XVI.
El 5 de mayo de 1789 se reunieron en Versalles los Estados Generales. La disputa por el sistema de voto (donde los privilegiados imponían su mayoría frente al Tercer Estado) fue el desencadenante de la revolución.
Luis XVI intentó fugarse en junio de 1791 para unirse a los aristócratas exiliados, pero fue detenido en Varennes. Este hecho avivó el sentimiento antimonárquico.
Tras la victoria en Valmy (20 de septiembre de 1792), se abolió la monarquía y se proclamó la República. Las fuerzas políticas principales fueron:
En 1804, Napoleón fue nombrado emperador hereditario. A pesar de sus victorias terrestres (Austerlitz), fue derrotado en el mar en la batalla de Trafalgar.
Tras la caída de Napoleón, se intentó regresar al Antiguo Régimen bajo el principio del legitimismo. El Congreso de Viena, liderado por Metternich, buscó el equilibrio europeo, mientras que la Santa Alianza defendía el absolutismo frente al liberalismo.
La oleada revolucionaria de 1820-1825 se caracterizó por el antiautocratismo, el uso de sociedades secretas y la participación del ejército, aunque con resultados mayoritariamente fallidos.
Las revoluciones de mediados de siglo, impulsadas por liberales, nacionalistas y socialistas, cerraron el ciclo revolucionario en Francia, Italia, Alemania y Austria, logrando un éxito relativo en la consolidación del liberalismo democrático.
Los nacionalismos unificadores surgieron tras la ocupación francesa y la expansión económica, liderados por figuras como Cavour y Bismarck.
