Portada » Filosofía » Sócrates y los Sofistas: El Conflicto entre la Verdad Objetiva y el Relativismo
Sócrates: La petición de principio de Sócrates es que existe el bien de manera objetiva. Él nunca escribió nada; por lo tanto, todo lo que se conoce de él es a través de escritos de historiadores o discípulos. Según Aristóteles, se pueden atribuir claramente a Sócrates dos cosas: la argumentación inductiva y la definición universal.
Sócrates es el primero en iniciar la guerra a los planteamientos sofistas. Se diferencia de ellos en los siguientes puntos:
Con este procedimiento, Sócrates combate el escepticismo de los sofistas: el conocimiento es posible. Afirma que el hombre posee una capacidad cognoscitiva segura por voluntad de los dioses. Hay saberes que la divinidad se ha reservado, pero hay otros muchos conocimientos que ha dejado a nuestro alcance. A partir del diálogo se llega a un acuerdo y se adquiere un valor universal frente a la opinión y el interés particular. Para Sócrates, el peor mal que un hombre puede padecer es la ignorancia.
Es el proceso que conduce de lo particular a lo universal. Este término no es utilizado por Sócrates, sino por Aristóteles. Sócrates intentaba que alguien le diese una definición de algo y, cuando alguien lo hacía, le mostraba dónde fallaba la definición y le pedía otra más ajustada. Así sucesivamente hasta que conseguía la definición aceptada y quedaba definido lo general; una definición en la que se fija lo que la cosa es, su esencia.
Aristóteles afirma que la teoría moral socrática se asienta en tres principios:
Para Sócrates, el conocimiento de la virtud es lo que permite al hombre llevarla a la práctica en la vida social. Este punto de vista se denomina intelectualismo moral, que se define como aquella teoría filosófica moral según la cual la virtud y el saber coinciden. Sócrates afirma que existe un deseo en el hombre tan arraigado del bien y de la felicidad que, cuando uno va a obrar mal, tiene que engañarse en el sentido de considerar que aquello es bueno.
Eran profesores ambulantes que pretendían saber y enseñar todo: la tesis y la antítesis.
La filosofía anterior estaba centrada en la búsqueda del arché y de la physis, pero había dejado de ser objeto de preocupación ante la multitud. El escepticismo por la imposibilidad de encontrar la verdad llevó a un cierto abandono de la preocupación por la physis. El ciudadano ateniense se preocupaba por su papel dentro de la polis y la forma de hacer carrera política. Para destacar en la política debían convencer a los otros ciudadanos; por ello, la oratoria y la retórica adquirieron una gran importancia. La palabra «sofista» se deriva de la misma voz sophia (sabiduría). Aristóteles afirma que la sofística es una sabiduría aparente, por lo que a finales del siglo V el término sofista adquirió un carácter peyorativo.
Enseñaba el arte de la persuasión a sus alumnos. Afirmaba que «el hombre es la medida de todas las cosas». De esta afirmación se deduce que cualquier afirmación puede ser verdadera o falsa en función de quién la pronuncia; nadie se equivocaba, ya que cada uno cree que las cosas son de un modo u otro. Este punto de vista se conoce como relativismo, que consiste en negar que existan la verdad o la falsedad absolutas. Toda afirmación puede ser verdadera o falsa y todo depende del sujeto que la emita y del contexto en el que se encuentre.
Es el fundador de la tradición retórica y fue uno de los primeros defensores del escepticismo. La doctrina de Gorgias se basa en:
La función de esta tesis era enmarcar el valor ético-práctico de las decisiones de la asamblea. Este relativismo va unido a la idea del convencionalismo de la ley. Las leyes no son de origen divino, sino humano, por lo que pueden mejorarse. Pero si las normas políticas son convencionales, también lo son las morales, por lo que hay una falta de acuerdo a la hora de decidir lo que es bueno y lo que es justo.
