Portada » Lengua y literatura » Renovación Teatral: Valle-Inclán y Lorca, Vanguardia y Tradición
Los autores de la Generación del 98 se enfrentaron al teatro comercial de la época, representado por figuras como Jacinto Benavente. Compusieron dramas que expresaban su visión del mundo con un marcado espíritu crítico. Aunque no buscaban el favor del público, a menudo tuvieron que renunciar a ver sus obras representadas.
Ramón María del Valle-Inclán sobresale por su radical novedad y originalidad. Su producción teatral se puede dividir en tres ciclos:
Creó un mundo intemporal y legendario, inspirado en su Galicia natal. Presenta una sociedad primitiva y brutal, movida por pasiones primarias e irracionales. Un ejemplo es Divinas palabras, que gira en torno a la lujuria y la superstición, narrando la historia de Mari Gaila y su cuñada exhibiendo a un niño deforme para obtener dinero.
Se caracterizan por su brevedad, la exageración de la realidad, el comportamiento extravagante de los personajes y una acción mínima. Originalmente cómicas, Valle-Inclán les dotó de trascendencia, uniendo lo grotesco con lo poético y lo cursi. Ejemplos notables son La cabeza del dragón, La enamorada del rey y La reina castiza, reunidas bajo el título Tablado de marionetas para educación de príncipes, obras que critican el poder y su alejamiento del pueblo.
Este ciclo, que incluye Luces de Bohemia y la trilogía Martes de Carnaval, representa la cumbre de la evolución personal de Valle-Inclán. El esperpento consiste en la deformación intencionada de la realidad para mostrarla de forma más cruda. Se logra cuando el dramaturgo contempla a los personajes desde una perspectiva superior, viéndolos como muñecos. Esta técnica permite reflejar la tragedia de la vida española, considerada una deformación grotesca de la civilización europea.
Federico García Lorca se caracteriza por un teatro profundamente poético, cargado de imágenes, símbolos y lirismo (la luna, el caballo, el agua). Sus argumentos a menudo incluyen pequeños poemas.