Portada » Historia » Oposición política y el desastre del 98: La crisis de fin de siglo en España
El pronunciamiento de Sagunto vino acompañado de la derrota de los carlistas, aunque Euskadi, Navarra y otras regiones mantuvieron su importancia. En cuanto a la Iglesia, comenzó a perder influencia al estrechar sus relaciones con el Estado. Con la fragmentación del grupo surgió la Junta Tradicionalista, institución que apoyaba el carlismo.
Con la Revolución Industrial, el proletariado aumentó, incrementando la indignación por su precaria situación. En 1887, bajo el gobierno de Sagasta, se aprobó la Ley de Asociaciones, permitiendo la creación de dos grandes corrientes:
Por su parte, los republicanos persistían en la escena política, aunque sin fuerza suficiente.
Tras el reinado de Fernando VII, España conservaba Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Cada zona presentaba particularidades:
En 1868, los defensores del autonomismo y contrarios al esclavismo se levantaron en el Grito de Yara, logrando la Paz de Zanjón (autogobierno) en 1879. En 1895, tras el fracaso de la ley de autonomía, estalló el Grito de Baire (¡Viva Cuba Libre!), dando inicio a la guerra de independencia. Martínez de Campos no logró contener la rebelión y se envió al general Weyler como represalia. La situación se agravó con el asesinato de Cánovas y el ascenso de la potencia estadounidense.
Filipinas funcionaba como una plataforma comercial asiática. José Rizal fundó la Liga Filipina aspirando a la autonomía. Tras la suspensión de las reformas de Maura en 1893, el movimiento derivó hacia la independencia. Polavieja ejecutó a Rizal, iniciando el conflicto. En 1897, el ejército español (bajo Primo de Rivera) logró una frágil paz, que se rompió cuando Estados Unidos intervino a favor de los rebeldes.
En 1897, Sagasta asumió el poder, pero era tarde para implementar reformas. Estados Unidos, aprovechando el debilitamiento español, intentó comprar Cuba y Puerto Rico por 300 millones de dólares, oferta rechazada por España. Tras la explosión del acorazado Maine en 1898, EE. UU. acusó a España e inició la guerra. La derrota en la batalla de Santiago de Cuba marcó el fin del imperio y la caída de España como potencia.
