Portada » Ciencias sociales » La Evolución de la Ciudadanía: Desde la Antigua Grecia hasta los Modelos Contemporáneos
El concepto de ciudadanía tiene dos significados principales:
Consideraban que el ser humano es un animal político por naturaleza, ya que posee razón y palabra. Los griegos estaban orgullosos de su participación política y dividían la vida en dos esferas:
Fue en este contexto donde nació la democracia.
La ciudadanía romana se desarrolló a lo largo de tres períodos:
Fue el período más antiguo, con un estado regido por leyes. Comenzó con la fundación de Roma por Rómulo y terminó con la expulsión del último rey.
Mitología de Roma: Su origen se relaciona con el héroe Eneas, quien escapó de la destrucción de Troya, navegó por el mar Mediterráneo y fundó Lavinia. Su hijo fundó Alba Longa, y sus descendientes, Rómulo y Remo, fundaron Roma. Rómulo mató a su hermano Remo y se convirtió en el primer rey de Roma.
El rey dirigía el destino del estado y su poder era vitalicio. Las instituciones principales eran:
El rey concentraba la mayor parte del poder.
Comenzó cuando el pueblo expulsó al rey Tarquinio el Soberbio. El Senado asumió un papel central en el gobierno. En este período se distinguen dos conceptos de libertad:
Se estableció un gobierno mixto, donde el poder estaba repartido en autoridades electivas y temporales. Estas rendían cuentas de sus actos ante el Senado, que tenía una gran influencia. El gobierno estaba representado por distintas instituciones que defendían los intereses de las diferentes clases sociales. La participación del ciudadano era pasiva e indirecta, a través de representantes.
Ambas clases participaban en los Comicios por Tribus, asambleas donde se votaban leyes y se elegían cargos.
Se instauró un gobierno autocrático donde el emperador tenía el poder absoluto sobre el Estado. Creaba leyes, reglamentos y tomaba todas las decisiones. Sus seguidores lo obedecían con fanatismo, como si fuera un dios.
Roma amplió su territorio alrededor de todo el mar Mediterráneo. En el reinado de Trajano, llegó a abarcar desde el Océano Atlántico hasta el mar Caspio, y desde el desierto del Sahara hasta los ríos Rin y Danubio (aproximadamente 6,5 millones de km²).
En esta etapa nace el concepto de Derecho, donde el Estado reconoce formalmente los derechos de los ciudadanos, y se desarrolla la idea de representación política, aunque de forma limitada.
Nota: Julio César fue una figura clave en la transición hacia el Imperio, no un rey de la Monarquía.
En el Imperio, la ciudadanía romana perdió valor, ya que el poder se concentró en el emperador. Este período tuvo dos etapas:
Con la llegada del feudalismo, el concepto de ciudadanía cambió drásticamente. Ya no se entendía como la pertenencia a una comunidad política, sino como la subordinación a un señor feudal.
Excepciones: En algunas ciudades de Italia y Flandes, resurgieron formas de organización ligadas a las «democracias urbanas», pero la participación en el gobierno era limitada y reservada a las élites.
Fue la primera forma histórica en la que se organizó el Estado-nación, caracterizado por un poder estatal sin límites.
Este movimiento, surgido de la Ilustración, planteaba que el progreso se alcanza desarrollando la razón, separándose de la religión y la tradición.
Sus objetivos principales fueron:
El ciudadano pasó a tener tres tipos de derechos:
Gracias a estas revoluciones, reaparece un concepto de ciudadanía abierta con tres dimensiones:
El 10 de diciembre de 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU) amplió la idea de ciudadanía a un nivel global. Desde mediados del siglo XX, se reconoce el derecho de todos los seres humanos a tener derechos.
La ciudadanía se concibe como un derecho humano, y el ciudadano es una persona que pertenece plenamente a una comunidad, con virtudes, derechos y participación en la vida pública. Sus componentes son:
Las tradiciones neoaristotélica, capitalista y neomarxista se agrupan bajo el paradigma del producto, que valora el trabajo por lo que produce y no por el valor humano del proceso. Desde los griegos hasta la modernidad, el valor del trabajo se ha medido por su resultado. Esto refuerza la idea de que los trabajos manuales o cotidianos son inferiores a los intelectuales, generando una jerarquía entre trabajos «dignos» y de «segunda clase».
T.H. Marshall sostiene que la ciudadanía regula las relaciones entre los individuos y el Estado. El Estado, al otorgar derechos, reconoce a las personas como ciudadanos. Para serlo, se necesita el derecho a sentirse parte de una comunidad y pertenecer a un territorio.
Rubio Carracedo critica a Marshall porque su modelo prioriza una identidad cultural unívoca (una sola identidad nacional) sin reconocer la diversidad interna, e identifica la ciudadanía únicamente con un Estado-nación concreto.
*La República me parece la más adecuada, porque valora tanto la libertad individual como el compromiso en la comunidad, y busca una sociedad donde todos participen y trabajen en el bien común.
Representada por autoras como Iris Marion Young y Carole Pateman, pone el énfasis en lo colectivo. Sostiene que, como toda sociedad tiene grupos dominantes y dominados, el Estado no puede tratar a todos «como si fueran iguales». Debe reconocer las diferencias y crear leyes beneficiosas para los grupos vulnerables. La crítica es que estas leyes especiales pueden volverse injustas o crear dependencia.
Representada por Will Kymlicka, busca cuestionar a los grupos hegemónicos para brindar igualdad a todos, reconociendo las diferencias y protegiendo a los grupos minoritarios con leyes concretas:
Su principal representante es Jürgen Habermas. Sostiene que la ciudadanía no debe definirse por el lugar de nacimiento, sino por derechos, valores y normas comunes que van más allá de la nación. Propone un patriotismo constitucional: lealtad a los principios democráticos de la Constitución, no a una identidad nacional. Ejemplo: la Unión Europea o el Mercosur.
Con antecedentes en los estoicos, que se consideraban «ciudadanos del mundo», su representante es Adela Cortina. Su idea central es defender deberes y derechos universales para todas las personas del mundo, sin importar su nacionalidad. La crítica es que es un modelo utópico y difícil de aplicar, ya que los Estados difícilmente cederían su soberanía.
*La multicultural es la más equilibrada, porque combina la igualdad con el respeto a las diferencias, y permite construir una sociedad más justa sin perder la identidad nacional.
