Portada » Historia » Isabel II, el Sexenio Democrático y la Restauración: Evolución Política de España (1833-1902)
El reinado de Isabel II dio comienzo en 1833 tras el fallecimiento de Fernando VII. Debido a su minoría de edad, se establecieron dos periodos de regencia:
Este periodo coincidió con la **construcción del Estado liberal** y estuvo marcado por un grave conflicto civil: la **Primera Guerra Carlista**.
El detonante de la guerra fue el problema sucesorio. Fernando VII había promulgado la **Pragmática Sanción**, anulando la Ley Sálica y permitiendo el reinado de su hija Isabel. Carlos María Isidro, hermano del rey, no aceptó esta decisión y se autoproclamó rey como Carlos V mediante el Manifiesto de Abrantes.
El **carlismo** defendía:
Su lema era: “Dios, Patria, Rey y Fueros”. Contaron con el apoyo de la nobleza rural, el bajo clero y el campesinado, especialmente en el País Vasco, Navarra, Cataluña interior, Aragón y Valencia.
Los **isabelinos**, defensores del liberalismo, recibieron el respaldo de la alta nobleza, el alto clero, la burguesía y la mayor parte del ejército.
La Primera Guerra Carlista se desarrolló en tres fases:
Durante la regencia de María Cristina se consolidó el liberalismo, emergiendo los grupos **moderados** y **progresistas**, y el ejército consolidó un papel político clave.
Tras el gobierno de Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa promulgó el **Estatuto Real de 1834**, una carta otorgada muy conservadora que establecía Cortes bicamerales y un sufragio muy restringido.
La presión progresista llevó al gobierno de Mendizábal, quien impulsó la **desamortización eclesiástica**. Tras el Motín de La Granja (1836), se restauró la Constitución de 1812 y se elaboró la **Constitución de 1837**. Esta última reconocía:
El conflicto derivado de la Ley de Ayuntamientos forzó la renuncia de María Cristina e inició la regencia de Espartero.
Este periodo se caracterizó por un liberalismo autoritario apoyado en el ejército. Se aceleró la desamortización, se abolió el diezmo y se modificó el sistema foral. La aprobación de una ley librecambista para el sector textil provocó graves altercados en Barcelona, reprimidos con el bombardeo de la ciudad.
El autoritarismo de Espartero le hizo perder el apoyo progresista. Finalmente, un pronunciamiento militar liderado por O’Donnell y Narváez forzó su exilio. La crisis se zanjó adelantando la mayoría de edad de Isabel II.
En 1843, tras el pronunciamiento de O’Donnell y Narváez, terminó la regencia de Espartero y se proclamó la mayoría de edad de Isabel II, comenzando su reinado efectivo (1843-1868). Este periodo se definió por el predominio del **Partido Moderado**, el carácter conservador del sistema y la constante intervención militar en la política.
Dos grandes partidos liberales burgueses se alternaron en el poder:
Surgieron también otros grupos como la **Unión Liberal** de O’Donnell (centrista) y el **Partido Demócrata** (que abogaba por el sufragio universal y reformas sociales, incluyendo sectores republicanos).
Durante esta etapa se aprobó la **Constitución de 1845**, que establecía:
Se implantó un sistema liberal conservador basado en la limitación de derechos, el control del orden público mediante la **Guardia Civil**, el **Concordato de 1851**, la centralización administrativa y la reforma fiscal de Mon-Santillán.
La crisis del moderantismo (conflictos sociales, corrupción y autoritarismo) culminó en el pronunciamiento de **La Vicalvarada** (1854), dando paso al Bienio Progresista. Durante este periodo se restauraron leyes progresistas, se aprobó la **desamortización de Madoz** y se impulsaron reformas económicas y financieras. El conflicto social provocó su fracaso.
Entre 1856 y 1868 se produjo el retorno al moderantismo, con alternancia entre Narváez y O’Donnell. A pesar de un periodo de estabilidad durante el Gobierno Largo, la crisis política, económica y social condujo a la **Revolución Gloriosa de 1868** y al fin del reinado de Isabel II.
El **Sexenio Revolucionario** (1868-1874) se inició con la Revolución Gloriosa, que forzó el exilio de Isabel II. Las causas principales fueron la exclusión política, la crisis económica, la expansión de ideas democráticas y el **Pacto de Ostende** (unión de progresistas y demócratas, al que se sumó la Unión Liberal).
Tras el triunfo revolucionario, se formó un Gobierno Provisional presidido por Serrano. Se restablecieron libertades, se aprobaron reformas económicas y se convocaron Cortes constituyentes por sufragio universal masculino. Estas elaboraron la **Constitución de 1869**, considerada la más democrática del siglo XIX, que estableció:
Serrano fue nombrado regente y Prim presidente del gobierno. El principal desafío fue encontrar un monarca que aceptara el nuevo régimen, recayendo la elección en **Amadeo de Saboya**.
El reinado de Amadeo I fracasó debido a varios factores:
Ante esta situación insostenible, Amadeo abdicó en febrero de 1873.
Proclamada el mismo día de la abdicación, fue un régimen muy inestable con escaso apoyo político y graves dificultades:
Se sucedieron cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.
El golpe de Estado del general Pavía en enero de 1874 puso fin a la República parlamentaria, instaurando una República autoritaria presidida por Serrano. Finalmente, el golpe de Sagunto de Martínez Campos en diciembre de 1874 restauró la monarquía con Alfonso XII, dando inicio a la Restauración borbónica.
El régimen de la Restauración se estableció tras el fracaso del Sexenio Democrático. Tras el golpe de Pavía (enero 1874) y la proclamación de Alfonso XII mediante el **Manifiesto de Sandhurst** (redactado por Cánovas del Castillo), se inició la Restauración.
El nuevo sistema político se sustentó en cuatro pilares:
Las etapas fueron: reinado de Alfonso XII (1874-1885), regencia de María Cristina (1885-1902) y reinado de Alfonso XIII (1902-1931).
Fue un texto de consenso y carácter conservador. Evitaba los temas conflictivos, regulándolos mediante leyes orgánicas. Reconocía una amplia declaración de derechos, cuyo desarrollo dependía de leyes ordinarias.
Establecía la **soberanía compartida** entre el rey y las Cortes, otorgando amplios poderes al monarca. Las Cortes eran bicamerales (Congreso y Senado controlado por la oligarquía). No fijaba el sufragio inicialmente: Cánovas impuso el censitario, sustituido por el **sufragio universal masculino en 1890** (gobierno de Sagasta).
El Estado se declaraba confesional católico, y se reforzaba el centralismo mediante el control gubernamental de ayuntamientos y diputaciones.
El funcionamiento del sistema se basó en el **turno de partidos** (modelo británico), excluyendo a la oposición y a las masas populares. Los partidos dinásticos eran:
La alternancia se garantizaba mediante el fraude electoral, sustentado en el **encasillado**, el **pucherazo** y el **caciquismo**, configurando un sistema oligárquico sin verdadera representación popular.
Durante el reinado de Alfonso XII, Cánovas puso fin a la Tercera Guerra Carlista y a la Guerra de Cuba, aprobó un arancel proteccionista y restringió libertades. Tras la muerte del rey, el **Pacto de El Pardo** aseguró la continuidad del sistema.
Sagasta gobernó entre 1885 y 1890, promulgando reformas como la ampliación de libertades, la abolición de la esclavitud en Cuba y el sufragio universal masculino. Posteriormente, Cánovas reforzó el centralismo hasta su asesinato en 1897, tras lo cual Sagasta gobernó hasta 1902.
La oposición estaba fragmentada:
A finales del siglo XIX, el imperio colonial español se limitaba a Cuba, Puerto Rico, Filipinas y archipiélagos del Pacífico. En 1898, España perdió definitivamente estas posesiones. Las causas principales fueron la tardía adopción de reformas, la falta de aliados internacionales y el apoyo de Estados Unidos a los independentistas. El elevado coste humano y el injusto sistema de quintas erosionaron el apoyo popular a las guerras.
Cuba era vital para la economía española por sus productos tropicales y como mercado exclusivo para el cereal castellano y el textil catalán. El descontento cubano por la esclavitud, el centralismo y el monopolio comercial generó varias rebeliones.
En Cuba coexistían la Unión Constitucional, el Partido Liberal de Cuba y el Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí.
En febrero de 1895 estalló una nueva insurrección con el **Grito de Baire** y el **Manifiesto de Montecristi**, apoyada por Estados Unidos. Las causas fueron el fracaso del proyecto autonomista y el rechazo al arancel de 1891.
La guerra se desarrolló mediante tácticas de guerrilla y pasó por tres fases:
Estados Unidos intervino por motivos económicos y geoestratégicos. El hundimiento del acorazado Maine en febrero de 1898 sirvió de pretexto para la declaración de guerra.
El conflicto fue breve y desigual, con derrotas españolas en Santiago de Cuba y Cavite. La guerra concluyó con el **Tratado de París de 1898**, por el cual España reconocía la independencia de Cuba y cedía Filipinas, Puerto Rico y Guam a Estados Unidos. En 1899, España vendió el resto de sus posesiones del Pacífico a Alemania.
El Desastre del 98 tuvo profundas repercusiones:
