Portada » Lengua y literatura » Historia y Tendencias del Teatro en España (1939-2000)
Si se compara con el bullir de experiencias del teatro extranjero, el panorama de la escena española resultaría pobre. Es indudable que, de todos los géneros, no ha sido el teatro el más favorecido por las circunstancias. Recordemos los especiales condicionamientos del teatro, tanto comerciales como ideológicos:
Todo ello explica que el teatro de posguerra sea un terreno poco propicio para las inquietudes renovadoras, que no suelen ser «negocio» o que son tachadas de «perniciosas”.
Como para otros géneros, la Guerra Civil fue un corte profundo para la trayectoria de nuestro teatro. Al terminar la contienda, unos dramaturgos han muerto (Valle, Lorca…); otros sufren el exilio (Casona, Alberti, Max Aub…). Subrayemos cómo nuestra escena se ha visto privada de sus figuras más renovadoras.
En el teatro de los años 40 y principios de los 50, cabe señalar las siguientes líneas:
En los años cuarenta prevalece un tipo de teatro comercial, orientado exclusivamente hacia la pura distracción de un público sin demasiadas exigencias. Es un teatro convencional, aunque bien construido, con un diálogo cuidado, continuador del teatro tradicional anterior. Como la alta comedia del XIX y la comedia burguesa de Benavente, es un teatro evasivo con una amable crítica de costumbres. Entre los cultivadores de este tipo de teatro destacan: Jacinto Benavente, José María Pemán, Luca de Tena, López Rubio, Claudio de la Torre, Joaquín Calvo Sotelo y Ruiz Iriarte.
Encontramos una de las facetas más interesantes en la línea que va de Jardiel Poncela a Mihura. Jardiel se había propuesto «renovar la risa», introduciendo lo inverosímil. Un marido de ida y vuelta y Eloísa está debajo de un almendro son sus obras más conocidas. Semejante será el caso de Mihura.
Nace un teatro grave, preocupado e inconformista. Dos fechas resultan claves: 1949, con el insólito estreno de Historia de una escalera de Buero Vallejo, y 1953, con Escuadra hacia la muerte de Alfonso Sastre. Son signos de un teatro «distinto» que quiere hacerse sitio frente a lo trivial.
Aproximadamente a mitad de los años cincuenta, surge un teatro nuevo, muy próximo a los planteamientos de la novela y la poesía social. Los temas son el testimonio crítico de las injusticias, la denuncia y la protesta.
Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre son los pioneros. Buero destaca con dramas históricos como Un soñador para un pueblo (1958), El concierto de San Ovidio (1962), El sueño de la razón (1970) y El tragaluz (1967). Sastre, principal teorizador, destaca con Muerte en el barrio (1955) y La cornada (1960).
Otros hitos de los años 60 incluyen:
A finales de los 60 y principios de los 70, ciertos dramaturgos se lanzan a una renovación de la expresión dramática, asimilando corrientes experimentales como el teatro del absurdo. Surge una nueva vanguardia teatral y el teatro independiente.
Características de los grupos independientes:
Grupos destacados: Els Joglars, Tábano, Teatro Lebrijano, Los Goliardos, TEI, Els Comediants y, posteriormente, La Fura dels Baus.
En cuanto a autores individuales, destaca Fernando Arrabal (El cementerio de automóviles), quien desarrolló su obra en el extranjero, y Antonio Gala (Carmen, Carmen), con éxito en España.
Finalizada la dictadura, la restauración de las libertades permitió representar textos anteriormente censurados. En 1978 se creó el Centro Dramático Nacional y se potenciaron festivales como el de Almagro o Mérida.
Tendencias en los años 80 y 90:
Finalmente, el fenómeno de las salas alternativas, nacidas a mediados de los 80, permitió programar un teatro distinto, con aforos reducidos y una relación más cercana entre actor y espectador.
